Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

05 noviembre 2011

La camisa

Paco de 8 años, entró en su casa, después de clase, pisoteando fuerte. Su padre, que se dirigía al fondo, al verlo entrar, lo llamó para hablar. Paco lo acompañó desconfiado.
Antes que su padre dijera algo, Paco dijo irritado:
- "Papa, estoy con muchísima rabia. Joaquín no debió haberme hecho lo que hizo."

Su padre, un hombre sencillo pero sabio, escuchaba a su hijo mientras este seguía con su reclamo.-
- "Joaquín me humilló delante de mis amigos. -¡Me gustaría que le pasase algo malo!"

El padre escuchó todo callado mientras caminaba buscando una bolsa de carbón. Llevó la bolsa hasta el fondo y le dijo a Paco:
"- Hijo, quiero hacerte una propuesta. Imaginemos que aquella camisa blanca que está en el tendedero es tu amigo Joaquín y que cada trozo de carbón es un pensamiento malo que tu le envías. Quiero que tires todo ese carbón en la camisa, hasta el último trozo y dentro un rato vuelvo para ver como quedó."

Al niño le pareció un divertido juego, la camisa estaba colgada lejos y pocos trozos acertaban al blanco. El padre que miraba todo, le preguntó:
"- Hijo, ¿cómo estás ahora?- Estoy cansado, pero feliz porque acerté muchos trozos de carbón en la camisa."

El padre miró a su hijo, que no entendía la razón de aquél juego, y dijo:
"- Ven, quiero que veas una cosa."

El hijo fue hasta el cuarto y se miró en un gran espejo.
¡Que susto! Paco solo conseguía ver sus dientes y ojos. Su padre, entonces, le dijo:
"- Viste que la camisa casi no se ensució.... pero fíjate en ti mismo. Las cosas malas que deseamos a los otros son como lo que te pasó a ti. Aunque consigamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos de esos se quedan siempre en nosotros mismos."

A veces no vemos las manchas en nuestra camisa cuando nos ponemos frente al espejo. Pero si observamos bien, nuestro rostro refleja amargura, enojo contenido, irritabilidad. Las marcas del resentimiento, la falta de perdón y el deseo de venganza se verán en nuestros gestos, y palabras. No hay satisfacción que dure en la venganza. Uno termina peor que aquel o aquella a quien deseaba hacer sentir mal o dar su merecido.

No somos tampoco buenos jueces y sobrestimamos nuestras heridas sobre las que sufren los demás. Esto es más fácil decirlo, pero solo cuando lo hemos vivido nos damos cuenta de nuestro error. Ojala no tengamos que envejecer tanto como para mirar mejor el sendero que transitamos.

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