Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

24 febrero 2012

La generosidad

A pesar de que el ser humano es intrínsecamente social, tenemos la paradójica tendencia a buscar lo que, egocéntricamente, resulte mejor para nosotros mismos. Puede ser que tengamos amigos, familia, pareja y, aún así, estemos en esa constante lucha contra la “tiranía del yo”: se nos hace difícil optar por actos nobles o inclusive básicos y necesarios, cuando éstos conllevan frustración, o implican algún nivel de sacrificio o auto negación.

Ahora bien, así como el ser humano tiene una fuerte tendencia al egoísmo y a centrarse en sus propios antojos, también tiene un fuerte deseo de extender sus brazos: de amar y ser amado… de que su vida tenga sentido. Podemos describirlo como la disyuntiva entre dos imágenes: una persona que se encoge, se hace un ovillo y que, en posición fetal, encierra su vida en sí misma… o una persona que se extiende hacia arriba, estira los brazos y, como un árbol, da de su ser frutos, sombra y cobijo para los demás y para el mundo.

Evidentemente, ninguno de nosotros está, totalmente, en alguno de esos extremos, pero, en nuestro convivir cotidiano ¿estamos asumiendo el riesgo de perseguir la virtud de la generosidad?

¿Virtud en el siglo XXI?

Aristóteles decía: “nuestro carácter es resultado de nuestra conducta”. Cuando hablamos de la palabra “virtud”, podemos pensar que estamos refiriéndonos a términos idealistas, casi imposibles de alcanzar. Pero no es así. La “virtud” es una disposición o capacidad que se puede adquirir, gracias al aprendizaje y al ejercicio de habilidades humanitarias y buenas. Consiste en la disposición de carácter para sostener los principios que consideramos nobles y valiosos, aún en momentos difíciles. Las virtudes, contrarias a los vicios, son las que permiten que una persona viva de acuerdo con sus ideales.

El propósito de las virtudes es hacer lo que es moralmente bueno, en forma voluntaria y suponiendo el bien tanto personal como comunitario. El mismo Aristóteles definía cuatro virtudes necesarias para los seres humanos: la justicia, la fortaleza, la prudencia y la templanza (o dominio propio). Cuando hablamos de generosidad, nos remitimos a estos mismos ideales. El desprendimiento requiere fortaleza de carácter y templanza ante una cultura que es cada día más individualista.

Hablando de Hospitalidad

Si bien, existen muchos gestos y actividades que pueden permitirnos brindar actos de generosidad en momentos particulares, es muy importante que asumamos la generosidad como un rasgo del carácter que pueda ir empapando todas nuestras actitudes, metas y relaciones interpersonales. Entre los atributos que se consideraban honorables en la antigüedad, la hospitalidad era uno de los más importantes. Si hablamos de ser generosos, también estamos hablando de ser hospitalarios.

Hospitalidad quiere decir abrir las puertas a quien llega hasta nosotros para brindarle, gratuitamente, lo que necesita. La hospitalidad es uno de los atributos que nos caracteriza como seres humanos y que nos obliga a tener empatía (capacidad de ponerme en el lugar de la otra persona). El ofrecer un vaso con agua a quien tiene sed, el invitar a pasar a un visitante –aún cuando la visita no sea para nosotros, sino para algún otro familiar-, así como preguntar a alguien en la calle que está en problemas, si se le puede ayudar en algo, son pequeños gestos que muestran nuestra capacidad para ponernos en los zapatos de los otros.

Así también podemos dar un poco de nuestros bienes materiales, donando algunas de nuestras pertenencias, como ropa, juguetes o artefactos. Podemos hacer una disciplina de comprar un poco de comida mensualmente para donarla a alguna causa de ayuda social. Esos bienes materiales, que para nosotros pueden ser insignificantes, hacen una diferencia vital para muchas personas de escasos recursos.

Además de lo material, existen grandes riquezas, de las cuales podemos sacar oportunidades para ser generosos. El donar nuestro tiempo, el ser generosos con una sonrisa, el regalar períodos de escucha ininterrumpida a alguien que lo necesita, o acompañar a un ser querido a una actividad que no nos resulta tan atractiva, así como tomar fuerzas, cuando estamos cansados, para compartir en familia. Todas esas son maneras de ser generosos: de poner nuestros gustos y preferencias en un segundo plano, porque hay algo más importante que se le puede dar a los demás: un poco de uno mismo.

Generoso… ¿a cambio de qué?


En una sociedad cada vez más consumista, donde prima el individualismo, es difícil evitar preguntarse: ¿para qué tanto esfuerzo? ¿Qué gano yo con ser más generoso, más desprendido? ¿Para qué vale la pena el trabajo extra en ser íntegro y en ayudar a los demás? ¿Quién me ayuda A MÍ?

La respuesta, desalentadora para muchos, es que en esta vida es posible que no encontremos reconocimiento o retribución por ayudar a los demás (aunque, en ocasiones, sí sucede que una persona generosa recibe honor y agradecimiento. Sin embargo, la generosidad sí deja una recompensa de integridad, de sabiduría y de amor en nuestros corazones. Estos son los tesoros que nadie puede robar. Antoine de Saint Exûpery decía que “lo esencial es invisible a los ojos”. Esos secretos entre Dios y nuestro corazón son los que nos acercan cada vez más al gozo y a la paz del alma.

A lo largo de la historia, el ser humano ha probado su inclinación al egoísmo y a la muerte. Sin embargo, también ha probado, con importantes y heroicos gestos de bondad y valentía, su inclinación a brindar una mano a quien lo necesita. El desprendimiento, la pasión por una causa, el valor y el amor han dado frutos de generosidad y esperanza a lo largo del peregrinaje humano, generación tras generación. ¿Serán nuestras vidas parte de ese desafío?



Claire de Mézerville López





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