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Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

12 septiembre 2016

El pez dorado


Probablemente usted jamás ha escuchado sobre un pez dorado llamado Jonás. El o ella - es difícil decirlo con seguridad cuando se trata de un pez dorado - pasaba todo el día nadando en círculos en una pequeña pecera, sin poder ir a ninguna parte porque no había otro lugar a donde ir.

Es debatible que Jonás se aburriera, dado que se supone que los peces dorados tienen una limitada memoria de tres segundos. Ellos no pueden aparentemente ver hacia el pasado y le dan poco pensamiento al futuro.

Jonás no recuerda nada ahora, pero un día su propietario decidió limpiar su pecera. Para mantener al pez vivo durante el proceso de limpieza, el propietario llenó su bañera con unas cuantas pulgadas de agua y liberó temporalmente a Jonás en el largo cuerpo de agua.

Poco más de una hora después, el propietario regresó y encontró a su pez dorado mascota en una esquina de la bañera, nadando en un círculo no más grande que su pecera. 




Hay un bombardeo constante de la cultura y los medios para llenar los espacios que antes nos obligaban a pensar y meditar. Las redes sociales han eliminado el concepto de aburrimiento, creando un sentido de ocupación permanente, donde nuestro cerebro y sentidos deben ser continuamente estimulados para no experimentar el vacío y la soledad de una sociedad conectada pero profundamente superficial y solitaria.

Como el pez dorado no tenemos memoria del pasado, ni preocupación por el futuro. Vivimos corriendo en pequeños círculos en la pecera existencial, repitiendo los mismos pasos sin ganar por ello profundidad o conocimiento de nosotros mismos. Y cuando todo falla, llenamos todo vacío con la adicción de moda. No tenemos problemas, solo los dopamos.

El pez dorado no sueña, ni medita, ni tiene necesidad de conocerse a si mismo. No tiene sentido de la historia, y le despreocupa el mañana, porque su vida carece de propósito y vive solo para sí mismo.

Hay muchos tipos de Jonás, pero uno en particular figura en la Biblia, y refleja nuestro comportamiento más común: negarse a vivir de acuerdo a su llamado y cumplir su propósito en este mundo dejando un legado que haga una diferencia en las vidas de los demás.

Jonás fue llamado por Dios, y él lo sabía. Sin embargo, optó por tomar un barco y navegar en sentido contrario a su destino. Su desobediencia casi la cuesta la vida a la tripulación. Tras ser arrojado al mar es tragado por un gran pez y practicamente muere por tres días, para finalmente ser expulsado en una playa. Resignado cumple su misión, pero se enoja cuando Dios finalmente tiene compasión y perdona a Nínive.

Como el pez dorado llamado Jonás, y los muchos "Jonases" que encontramos a diaria, podemos seguir haciendo pequeños círculos en una esquina de la bañera que es nuestra vida, o hacer un alto, meditar, cambiar de rumbo y nadar en aguas más anchas y profundas. Puede que nos critiquen, o que como Jonás nos enojemos con Dios por Su compasión por la humanidad, pero al final del viaje habremos cumplido aquello para lo cual fuimos diseñados. Tomamos riesgos con base en nuestras más profundas creencias y valores para complacer al único que siempre ha creído en nosotros y nos ama incondicionalmente.

No se tú, pero yo no deseo vivir confinado en mi llamado y propósito a una pecera donde hago círculos incesantes sin recordar porque hago lo que hago. Dios nos llamo a desarrollar vidas con sentido, plenas y dignas. El tiene un plan para cada uno de nosotros y es nuestro debe salir de esta loca carrera de la vida para dejar un legado que cambie vidas y complazca al único que realmente importa.

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