Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

21 julio 2017

Te quiero porque no me necesitas para ser feliz

Te quiero porque me quieres bien. No te mides ni tengo que calibrar mis palabras ni mis actos porque cumplimos a rajatabla la presunción de inocencia. Tengo la certeza de que cuando me preguntas qué debes hacer es porque quieres mi consejo y no una excusa. Buscas mi opinión y no mi permiso.

Te quiero porque no me necesitas para volar. Eres, has sido y serás esa persona que se come el mundo a grandes dentelladas. De vez en cuando, nos miramos a los ojos con las manos llenas y la sonrisa amplia e intercambiamos los bocados. Me encanta el sabor de tu mundo. Me gusta que caces tus sueños y que me animes a perseguir los míos y, sobre todo, me gusta cuando los compartimos. De esta manera, vivir es un banquete que no acaba.

Tu forma de mirar es radicalmente distinta a la mía.Tenemos tantas semejanzas como diferencias y nos gusta celebrarlas todas. Los nexos de unión nos hacen fuertes y los de desacuerdo, imbatibles. Juntos, tenemos el doble de puntos fuertes.

Te quiero porque eres una naranja entera y, por eso, podemos combinarnos de mil formas para inventar nuevos sabores. Vivimos el doble porque no somos mitades. Tenemos vocación de infinitud. Y es que contigo adaptarse nunca ha significado restarse ni partirse, sino sumarse. Tienes tu mundo propio y yo tengo el mío y entre los dos hacemos explotar universos. Y aunque los dos miremos a la vez y al mismo punto, vemos cosas diferentes. Contigo aprendo otras formas de llenar mis ojos.

Te quiero porque eres tan grande que nada te gusta más que verme crecer. Porque te gusta mirar mi espalda cuando, en cualquier ámbito, avanzo más rápido que tú. Porque, si me esperas, es porque te apetece caminar conmigo y no porque sientas que te falto. Me demuestras a diario que no me escoges porque te completo sino porque a mi lado estás mejor. Abrimos la puerta cada día y, cada vez, decidimos quedarnos para compartir un rato más.

Todo tu afán es que mi vida conserve todos sus colores. Añades una paleta nueva, pero no manchas mi cuadro con ella. Los dos sabemos que no somos meta sino viaje. No somos el coche, sino el copiloto. Sabíamos que el amor era esto: compartir vida, experiencias, historia. Pero hasta ahora, al menos yo, no lo había entendido bien. Que el amor no es un lazo que ata sino una onda que tiende a la expansión centrífuga. Y, en su loca trayectoria, hace del mundo un lugar mucho más brillante.

Te quiero porque eres libre. Porque nunca me has dicho “te necesito”, “no podría vivir sin ti” ni me has vendido un “siempre” hipócrita que no sabes si cumpliremos. Porque no me idealizas. Sabes que puedo hacerte daño y te da miedo, pero no por ello dejas de estar así de cerca. Decides arriesgarte cada día. Conoces mis defectos tan bien como yo y, sin embargo, apuestas por mí. Yo conozco los tuyos y nunca había tenido tan claro que alguien merecía la pena.

Me gusta que, cuando discutimos, lo hagamos para llegar a conclusiones y nunca para atacarnos, jamás para controlar al otro. Que tu amor sea tan generoso y brillante que no necesites entenderme del todo para respetarme. Que nos reconstruyamos a diario para ser mejores.

Me has enseñado a querer bien y a dejarme querer como merezco. Me has demostrado que, para ser equipo, lo que tengo que hacer es ser yo. Ser yo del todo, completamente, con todos mis claroscuros. Me animas a equivocarme porque sabes que así aprenderé, y sé que me echarás una mano si la pido después del tropezón, pero que vas a dar por hecho que no te necesito para levantarme.

Te quiero porque el motivo por el que caminas junto a mí es que te gusta mi ritmo y no porque tengas miedo de la soledad. Porque contigo río y lloro y me enfado y me recuerdas que no siempre tengo que ser fuerte pero que, sin embargo, lo soy. No me das mi fuerza. Me señalas dónde está.

Te quiero porque no me necesitas para ser feliz. Simplemente, compartes tu felicidad conmigo. Porque somos amigos, amantes, colegas, familia y pareja de baile. Porque somos compañeros de manta, mochila y cerveza. Eres brazo, hombro, cerebro, pierna y sonrisa. Eres todas las cosas. Y ninguna es mía (ni quiero que lo sea nunca, no quiero quitarte absolutamente nada), pero todas están conmigo.


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