04 febrero 2015

El fuego

Dicen que hubo un señor que descubrió en la antigüedad el arte de hacer fuego.  Lleno de alegría quiso comunicar su arte a las demás tribus.  Se fue a una tribu del norte, donde hacía mucho frío, y les enseñó el invento.  Lo aprendieron en seguida y estaban tan contentos que fueron a darle las gracias al maestro.  Pero éste ya se había ido, porque era un hombre que solo le importaba el bien del prójimo.

Entonces fue a otro lugar a enseñar el arte de hacer fuego; pero en esta tribu primero lo recibieron los sacerdotes, que se quedaron perplejos: ¿de dónde venía la magia con la cual hacía este hombre el fuego?  Al ver el éxito que el fuego tenía en la tribu, los sacerdotes tuvieron celos y asesinaron al maestro, pero -para que el pueboo no los culpase- hicieron una gran escultura de él y lo subieron a un pedestal, junto con el invento de hacer fuego para que toda la tribu lo venerase. Y en aquel pueblo ya nunca hubo fuego, sino veneración y alabanzas.

Es necesario comprender que la verdadera oración es el fuego, y no la veneración ni la adoración de una imagen.  ¿Dónde está el fuego? "Yo he venido a traer fuego para que arda", dijo Jesús.  Hay muchos sacerdotes, pero pocos que sepan hacer fuego.  El fuego es el amor.

Anthony de Mello


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