Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

23 abril 2018

Si quieres ser un navegante, acostúmbrate a vivir en crisis permanente.

Esto lo escribió Felipe Cubillos (1962-2011), empresario y millonario Chileno quién después de forjar una gran fortuna, se dedicó a la filantropía y después del terremoto montó una empresa para la reconstrucción de Chile. Falleció en accidente aéreo en la isla “Juan Fernández”.

1. Acerca de DIOS y el CIELO: creo que si actuamos haciendo el bien, podremos estar en la lista de espera si el Cielo existe; y si no existe, habremos tenido nuestro propio Cielo en ésta Tierra. A Dios no lo encontré sólo en el mar del sur, en las nubes, en las tormentas, en las olas, ni en la meta, ni en las partidas; estuvo siempre conmigo, dentro, muy dentro de mi.

2. Acerca de los HIJOS: definitivamente no son tuyos, son personas independientes, sólo quiérelos y ámalos, trata de educarlos con el ejemplo y enseñandolos a hacer lo correcto, si puedes, transmíteles que busquen sus propios sueños, no los tuyos. Y no esperes que te agradezcan todo lo que haces por ellos; ese agradecimiento vendrá muchos años después, quizás cuando tu ya te hayas convertido en abuelo, será entonces que sabrán lo que significa ser Padre o Madre. Pero si te llegan a decir que están orgullosos de ser tu hijo, date por recompensado con creces. Y si alguno de ellos debe partir antes que tú, que al menos te quede el consuelo de haberle dicho muchas veces cuánto lo amabas.

3. Acerca de tus PADRES: no dejes nunca de agradecerles el hecho de que te hayan traído a este mundo maravilloso y que te hayan dado tan sólo la posibilidad de vivir, sólo eso, vivir..!!!

4. Acerca del MAR, el VIENTO y la NATURALEZA: admírala, protégela y cuídala, es única y no tenemos otra. Y al mar y al viento, nunca trates de vencerlos, y menos desafiarlos, llevan todas las de ganar. Si quieres ser un navegante, acostúmbrate a vivir en crisis permanente.

5. Acerca del AMOR: da las gracias al universo si te despiertan cada mañana con un beso y una sonrisa, no pidas nada más. Y haz como las abejas y las mariposas, ellas no buscan la flor más linda del jardín, sino aquella que tiene el mayor contenido.

6. Acerca de la RIQUEZA: realmente no es necesaria; una vez que hayas financiado un flujo de caja para mantener a tu familia, trata de comprar más tiempo que dinero, más libertad que esclavitud. El tiempo vale mas que cualquier riqueza.

7. Acerca de la ANGUSTIA y la AMARGURA: cuando creas que algo no es posible, que los problemas te agobian, que ya no puedes, date un tiempo para ver las estrellas y espera despierto el amanecer, ahí descubrirás que siempre sale el sol, siempre..!!!

8. Acerca del TRIUNFO: si quieres triunfar debes estar dispuesto a fracasar mil veces y dispuesto a perder todo lo que has conseguido. Y no temas perderlo todo, pues si te lo has ganado bien, de seguro lo recuperarás y con creces.

9. Acerca del PRESENTE: vívelo intensamente, es el único instante que realmente importa; los que viven aferrados al pasado ya murieron; y los que viven soñando con el futuro, aún no han nacido. La vida es una sola, vívela...!!!

10. Acerca del ÉXITO y el FRACASO: reconócelos como dos impostores, pero aprende sobretodo de los fracasos, los propios y los de los demás, allí hay demasiado conocimiento que generalmente no usamos ni aprendemos.

11. Acerca de los AMIGOS: elige los que están contigo cuando estés derrotado y en el suelo; porque cuando estés en la gloria, te van a sobrar.```

Finalmente te digo que no te aferres a lo material, aférrate a los sentimientos y los conocimientos, que te hagan elevar tu espíritu y crecer.


19 abril 2018

Soñar despierto

Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

– ¿Pero a qué se debe este fenómeno? – se preguntaban los visitantes-.
En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho.

Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo.

Con voz pausada, explicó:

– Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.

Maestro: no seas como este hombre, dormido espiritualmente en tanto crees que estás despierto.

Ramiro A. Calle
(101 cuentos clásicos de la India)

10 abril 2018

Si cuidamos a los demás, nos cuidamos a nosotros mismos

Es un hecho, aunque nos cueste admitirlo, que no podemos arreglárnoslas por nosotros mismos. Pongamos como ejemplo un simple desayuno. Cuando estamos medio dormidos o con prisas por marcharnos al trabajo es fácil olvidar a todas las personas que hacen posible ese sencillo acto. No recordamos al campesino que plantó el trigo para el pan, al ingeniero encargado de las tuberías por donde corre el agua que usamos para hacer el café o al conductor que lleva los suministros hasta la tienda donde compramos los alimentos. Nuestra interrelación con los demás es infinita. Si investigamos hasta el final en esta cadena descubriremos que estamos relacionados con todos los seres vivos del planeta, tanto los del pasado y el presente como los del futuro.

Nuestra tendencia a ignorar o pasar por alto estas conexiones no es sólo poco realista, sino que además representa un gran obstáculo para alcanzar la felicidad. Existe una creencia extendida de que somos individuos independientes que han trabajado muy duro para ser autosuficientes. Los eslóganes publicitarios transmiten el mensaje de que debemos ser egocéntricos, alcanzar la excelencia y priorizar nuestras necesidades y preocupaciones sobre las de los demás. En la escuela o el trabajo, en la prensa y en la televisión, todos los días nos alientan a competir en lugar de colaborar los unos con los otros. Todo esto a menudo conlleva soledad, ansiedad y depresión.

No requiere un gran esfuerzo ver que las personas más felices que conocemos son aquellas que reconocen que dependemos los unos de los otros y cultivan relaciones afectuosas con los demás. En el día a día, esta interdependencia es quizás la principal causa de felicidad o de sufrimiento para los seres humanos. A nadie le agrada que lo desprecien y la sola desaprobación de alguien nos puede afectar durante días, tal vez años. Por el contrario, cuando alguien nos apoya y nos alienta, sentimos que no estamos solos. Ser amable con los demás es al mismo tiempo ser amable con uno mismo.

Las relaciones más solidas y duraderas están basadas en el deseo sincero de que la otra persona sea feliz. Cultivar esta forma de pensar pone en movimiento una cadena de acontecimientos en los que aprendemos que en la medida en que somos más amable de los demás. Incluso cuando nos equivocamos y actuamos de forma inadecuada, el hecho de que nuestra intención no fuera hacer daño puede suavizar la situación.

El respeto, el perdón, la gratitud y la lealtad son cuatro virtudes que fortalecen nuestras relaciones con las personas que nos rodean. Y dado que nuestra propia felicidad depende de ellas, practicar estas cualidades es sin duda uno de los caminos más directos y eficientes para llevar una vida feliz.


09 abril 2018

¿Adoras tu trabajo?

El trabajo es lo que hacemos, pero ¿es realmente lo que somos? Hay una tendencia común a depositar en él gran parte de nuestro sentido de identidad y del valor de nuestra vocación. A menudo, al conocer a alguien, una de las primeras preguntas que se hacen es: «¿A qué se dedica?». Esta es una pregunta válida en muchos casos, pero no si se usa para definir quiénes somos o con quién estamos hablando. Por ello, puede ser muy tentador el convertir a nuestro trabajo en el centro de nuestra adoración.

La palabra «adoración» en parte proviene de «valer la pena», de enfocarse en lo que es digno de atención y consagración, de reconocer lo que tiene un verdadero valor. El trabajo es importante, pero ¿vale la pena dedicar todo nuestro tiempo, energía y recursos a expensas de todo lo demás?

Siendo un adicto al trabajo en recuperación, puedo entender este dilema. Al principio de mi vida, me consumí con lo que estaba haciendo y perdí el equilibrio por completo. Todavía necesito protegerme contra esta tentación; he aprendido a pedirles a otros que me hagan responsable de mantener mi vida en el equilibrio adecuado.

En Génesis 3, aprendemos que, comenzando con Adán, todos debemos trabajar por el sustento. Algunas personas ven esto como una maldición, pensando que la vida sería mucho mejor sin tener que trabajar. Sin embargo, creo que esto establece un patrón para experimentar una vida significativa. Siempre he encontrado que el trabajo es bueno, estimulante y satisfactorio. El primer libro de la Biblia declara: «Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás» [Génesis 3:19 NTV]. Este podría no ser el mensaje que preferiríamos escuchar, pero esa es nuestra realidad cotidiana.

Del mismo modo que el trabajo de nuestras manos puede ser satisfactorio, también puede ser una trampa de la que debemos protegernos. La Biblia enseña que hay un tiempo para el trabajo y un tiempo para descansar. El sabio Rey Salomón expresó: 
«En esta vida todo tiene su momento; hay un tiempo para todo: 
Hoy nacemos, mañana morimos; 
hoy plantamos, mañana cosechamos; 
hoy herimos, mañana curamos; 
hoy destruimos, mañana edificamos; 
hoy lloramos, mañana reímos; 
hoy guardamos luto, mañana bailamos de gusto; 
hoy esparcimos piedras, mañana las recogemos; 
hoy nos abrazamos, mañana nos despedimos; 
hoy todo lo ganamos, mañana todo lo perdemos; 
hoy todo lo guardamos, mañana todo lo tiramos; 
hoy rompemos, mañana cosemos; 
hoy callamos, mañana hablamos; 
hoy amamos, mañana odiamos; 
hoy tenemos guerra, mañana tenemos paz» [Eclesiastés 3:1-8 TLA].

Incluso Dios tiene un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar. El libro del Génesis dice: «Dios terminó en el día séptimo la obra que hizo; y en ese día reposó de toda su obra. Y Dios bendijo el día séptimo, y lo santificó, porque en ese día reposó de toda su obra» [Génesis 2:2-3 RVC].

La obra de Dios es asombrosa en todo lo que Él ha creado. A nuestra manera, también queremos crear algo de valor que dure. Una vez que completamos una tarea bien hecha, podemos mirar atrás y ver que es buena, tal como lo hizo Dios. El Rey Salomón concluyó que el trabajo es un «regalo de Dios» y nos da «alegría de corazón» [ver Eclesiastés 5:18-20]. Y con claridad nos invita, en su libro del Eclesiastés: «Todo lo que hagas, hazlo bien, pues cuando vayas a la tumba no habrá trabajo ni proyectos ni conocimiento ni sabiduría»[Eclesiastés 9:10 NTV]. Aquí hay una cierta urgencia; deberíamos considerar el trabajo que Dios nos ha asignado mientras todavía hay tiempo para hacerlo.

A la vez, debemos enfrentar la potencial tentación de adorar el trabajo que hacemos. Es evidente que podemos enfocarnos tanto en el trabajo en sí mismo que puede convertirse en nuestro dios. Esta es una razón por la cual el Dios de Israel estableció como el primer mandamiento para el pueblo el no tener ningún Dios ajeno a él [ver Éxodo 20:3]. Esto incluye nuestro trabajo.

Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia es Colosenses 3:23-24, que nos recuerda: «Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no como para la gente, porque ya saben que el Señor les dará la herencia como recompensa, pues ustedes sirven a Cristo el Señor». El trabajo es lo que hacemos, pero no lo que somos. Dios está más interesado con lo que somos y con la manera en que nos podemos relacionar con él, que con nada más.

Jim Langley


06 abril 2018

Hubiera

Aunque muchos aseguran que el hubiera no existe, las evidencias de su presencia se encuentran en nuestro pretérito imperfecto. 

Si el hubiera no hubiera existido, ¿cómo podrían existir la culpa y el arrepentimiento?

El hubiera es una de las formas de la esperanza, pero ésta, en vez de cifrarse en el futuro, mira al pasado como todo un océano de posibilidades.

El hubiera es la esperanza de que el pasado pudo haber sido mejor.

Pero si el hubiera no existiese, ¿cómo es que hay un hubiera en cada historia?, ¿cómo es que habiendo la posibilidad de que hubiera no hubiese existido hay un hubiera latiendo en cada hubo?

El hubiera existe, es un universo paralelo donde todos estamos haciendo en este instante eso que hubiéramos querido hacer.


14 marzo 2018

Toda acción positiva contribuye a un mundo mejor

La vida humana se compone de millones de acciones del cuerpo, la palabra y la mente. Acciones que llevamos a cabo desde el momento en que nacemos hasta el último segundo de la vida. La elección de esas acciones define y determina la calidad misma de nuestra vida y nuestras experiencias.

La mayoría de nosotros reflexionamos cuidadosamente al tomar una decisión importante, como por ejemplo, escoger un nuevo trabajo, iniciar una relación o comprar una casa. Pensamos en si esta decisión nos va a traer la felicidad que buscamos. Incluso cuando planeamos las vacaciones, nos detenemos a pensar sobre ello y averiguamos las ventajas de ir a un lugar determinado, si habrá actividades al aire libre, si tendremos la compañía que deseamos... en estos casos, primero pensamos y luego actuamos. Curiosamente, no sucede así con miles y miles de acciones que surgen sin control consciente, a partir de hábitos de conducta "automáticos" que nos llevan a entrar en un determinado establecimiento, leer un periódico y no otro, buscar o evitar la compañía de determinadas personas, etc.

Esas pautas de comportamiento aprendidas, que nos acompañan desde niños, tienen una repercusión determinante en nuestras vidas. De la misma manera que un árbol surge de una semilla, el resultado de nuestras acciones se corresponde con las causas que hemos creado. Preguntémonos con qué frecuencia reflexionamos sobre los hábitos y patrones que marcan nuestra existencia y sí estos siguen teniendo sentido, nos aportan felicidad y satisfacción, sin nos ayudan a lograr nuestros objetivos.

La decisión de cómo actuar no sólo afecta a nuestro bienestar, sino también al de los demás. Nuestras acciones tienen la capacidad de generar armonía en todo lo que nos rodea -la familia, los amigos, la sociedad en general- o de causar dolor y discordia. Cada acción que emprendemos, por pequeña que sea, origina una cadena de acontecimientos, por ello debemos prestar atención a nuestros pensamientos y acciones, pues las consecuencias de nuestros actos son más complejas y tienen un mayor alcance de lo que imaginamos.

La razón y la experiencia demuestran que ciertas acciones ayudan a generar un mayor bienestar, mientras que otras solo conducen a la confusión y al sufrimiento. Una vez que tomamos conciencia de esto, ya no podemos culpar "al mundo" o a las fuerzas que no controlamos por las situaciones en las que nos vemos envueltos; por el contrario, debemos reconocer la influencia que ejercemos sobre nuestra vida y asumir la responsabilidad de nuestros actos. Si prestamos atención a las cuatro acciones de esta sección -bondad, honestidad, generosidad y habla positiva- sentaremos una base sólida para construir nuestra felicidad y la de los demás.


13 marzo 2018

Cuando escuches un consejo

Cuando escuches un consejo, asegúrate que venga de alguien que tiene una buena vida, que sigue la paz y que no le mueve la envidia o la frustración.

Entonces te darás cuenta que la gente que vive en paz da pocos consejos, porque respeta las vidas ajenas, si contribuye es buscando tu felicidad y enseña siempre con el ejemplo.

Porque la gente que vive en paz, no critica, no divide, nunca juzga. Si te quiere, le interesa que estes bien y no que seas como ellos no pueden ser.

Saber elegir amigos es más importante que pensar tenerlos. De los buenos amigos, vienen los consejos oportunos, los regaños en privado si son necesarios, pero también las lealtades y sobre todo la honestidad. La honestidad es la base de cualquier relación que valga para quedarse en tu vida. Desecha el resto, abraza a los buenos amigos, esos que siendo diferentes, tienen un gran corazón que siente afinidad contigo.

Lucia Toranzo N.