Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

28 mayo 2026

Ismael, Dios escucha

Casi siempre recordamos a Abraham como el padre de la fe, a Isaac como el hijo de la promesa, pero Ismael suele quedar en la sombra. Como si su historia fuera apenas una nota al pie. Como si fuera el hijo equivocado, el plan B, el capítulo incómodo.

Pero Dios nunca escribe capítulos de relleno.

La escena más conmovedora de su vida está en Génesis 21.
Agar e Ismael son enviados al desierto.
Un poco de pan.
Un odre de agua.
Y nada más.

Lo que para Abraham fue una decisión dolorosa, para Ismael fue una herida que marcaría su identidad.
Ser expulsado duele.
Pero ser expulsado por quienes amas duele de otra manera.
La palabra hebrea usada para "echar" transmite la idea de expulsar, despedir, arrojar fuera. No fue una salida elegante. Fue una ruptura.

Y hay personas que conocen muy bien esa sensación.
El divorcio de sus padres los expulsó de la infancia que soñaban.
Una traición los sacó del lugar donde confiaban.
Una pérdida los arrojó a un desierto que nunca planearon visitar.
Hay desiertos geográficos.
Y hay otros que se caminan por dentro.
Agar, al ver que el agua se acaba, deja al muchacho debajo de un arbusto y se aleja. No soporta verlo morir.
Ese detalle rompe el alma.
El amor a veces no sabe qué hacer cuando ya hizo todo lo posible.

Hay padres que han orado, aconsejado, llorado, trabajado...
y aun así ven a sus hijos sufrir.
Y sienten exactamente eso:
"No puedo soportar verlo así."
Pero entonces el texto dice algo extraordinario.
"Dios oyó la voz del muchacho."
No la de Abraham.
No la de Sara.
No siquiera la de Agar.
La voz del muchacho.
El nombre Ismael significa precisamente eso:
\text{יִשְׁמָעֵאל = Dios escucha}

Antes de que naciera, Dios ya había puesto en su nombre una promesa para su peor día.
Lo que eras antes de tu crisis sigue siendo verdad durante tu crisis.

Y aquí está la belleza del relato.
Dios no solo escucha; abre los ojos de Agar para ver un pozo que ya estaba allí.
No lo crea en ese instante.
Lo revela.

A veces el milagro no consiste en que Dios ponga algo nuevo en tu camino.
Consiste en que te permita ver lo que siempre había estado cerca.

Cuántas veces, en medio del dolor, pensamos que estamos solos.
Que no hay salida.
Que el agua se terminó.
Que la historia acabó.
Pero el pozo ya está ahí.
La provisión ya existe.
Solo necesitamos ojos abiertos.
Ismael creció en el desierto.
Se convirtió en arquero.
Sobrevivió.
La herida no lo destruyó.
Lo formó.

Y esa es una palabra para alguien hoy.
Lo que te expulsó no tiene por qué definirte.
El rechazo puede herirte, pero no tiene que nombrarte.
Tu pasado puede explicarte, pero no puede gobernarte.

Hoy hay muchos Ismaeles.
Hijos que crecieron sintiéndose fuera de lugar.
Personas que siempre creyeron ser la segunda opción.
Hombres y mujeres cargando el peso de no haber sido elegidos.
Trabajan de más para demostrar su valor.
Aman de más por miedo a ser abandonados.
Callan de más para evitar otro rechazo.

Pero Dios sigue escuchando voces en el desierto.
Sigue encontrando a los olvidados.
Sigue visitando a quienes otros dejaron atrás.

Porque para el mundo, Ismael era el hijo expulsado.
Para Dios, era el muchacho escuchado.
Y aquí está la gran lección.

No todos nacen siendo la promesa principal en la historia de otros.
Pero todos pueden convertirse en propósito en las manos de Dios.

La vida moderna está llena de desiertos:
familias fracturadas,
relaciones rotas,
crisis económicas,
noches de ansiedad,
batallas silenciosas.

Y cuando el agua parece acabarse, recordamos que Dios sigue oyendo.
No siempre evita el desierto.
Pero nunca abandona dentro de él.
La pregunta no es si pasarás por uno.
La pregunta es si descubrirás el pozo antes de rendirte.

Y aquí queda la pregunta que no puedes evitar:
¿Estás concentrado en el odre vacío...
o en el pozo que Dios ya colocó a tu lado?



25 mayo 2026

Encontrando significado en la segunda mitad de la vida

Sentía el sutil dolor del paso del tiempo. Había logrado algo que creía que definiría el éxito —carreras, hitos, relaciones—, pero había una inquietud silenciosa, la sensación de que algo esencial se había pasado por alto. Cuando leí "Encontrando significado en la segunda mitad de la vida" de James Hollis, sentí como si alguien le hubiera puesto nombre a la angustia que no podía articular: el anhelo de profundidad, autenticidad y propósito más allá de los indicadores superficiales del logro. Hollis no promete consuelo ni respuestas fáciles; ofrece una perspectiva del trabajo interior necesario para vivir plenamente en la segunda mitad de la vida, donde las preguntas importan más que las respuestas y la profundidad supera las apariencias. 

Leer a Hollis fue como recorrer un sendero sembrado de sombras y luz solar, donde cada reflejo devolvía fragmentos de mis propias decisiones, arrepentimientos y sueños olvidados. Los recuerdos afloraron: momentos en los que me sometí a la obligación, momentos en los que la conformidad me pareció más segura que la valentía, momentos en los que me di cuenta de que vivía según las expectativas en lugar de las convicciones. Sus palabras replantearon estos momentos no como un fracaso, sino como una invitación a despertar, a asumir y a cultivar el sentido de la vida que nos queda. De esta reflexión surgieron siete lecciones, cada una una guía para navegar por la complejidad, la profundidad y la libertad de la segunda mitad de la vida.

1. Enfrentar el yo incompleto
 
Recuerdo la inquietud que me invadió al darme cuenta de que había descuidado partes de mí: intereses, sueños o verdades que había abandonado en silencio. Hollis enseña que la segunda mitad de la vida es una confrontación con el yo que no hemos recuperado por completo. El significado surge cuando reconocemos lo postergado, oculto o negado, y comenzamos a recuperarlo con valentía y honestidad. 

2. Liberarse de la ilusión de control 
Recuerdo la frustración de planificar meticulosamente cada resultado, solo para ver cómo la vida se desarrollaba de maneras inesperadas. Hollis enfatiza que el significado no se encuentra en el control rígido, sino en la capacidad de afrontar la incertidumbre, de navegar el cambio con presencia y de encontrar profundidad en los contornos impredecibles de la vida. La aceptación no es resignación; es libertad. 

3. Afrontar la pérdida y el duelo como puertas de entrada 
Recuerdo las pérdidas que intenté ignorar, el duelo silencioso por amistades, oportunidades y etapas de la vida que no volverían. Hollis demuestra que el duelo, si se afronta conscientemente, abre las puertas a la reflexión, la compasión y la comprensión. Es al afrontar la impermanencia que comenzamos a valorar lo que realmente importa, cultivando una vida orientada hacia la profundidad en lugar de la superficie.

4. Prioriza la profundidad sobre el rendimiento 
Recuerdo largos periodos de esfuerzo por la aprobación, el reconocimiento o los indicadores sociales del éxito. Hollis enseña que, en la segunda mitad de la vida, el significado no surge de los elogios, sino de la autenticidad, la reflexión y el cultivo de la vida interior. La profundidad —la capacidad de escuchar, sentir y actuar con sabiduría— supera la efímera validación del logro. 

5. Las relaciones revelan espejos del alma 
Pienso en las relaciones que me inspiraban incomodidad, reflexión y crecimiento: parejas, amigos, mentores e incluso adversarios. Hollis enfatiza que las relaciones maduras son oportunidades para la introspección, para verse a través del reflejo del otro y para cultivar la compasión y la integridad. Se centran menos en la utilidad y más en el crecimiento mutuo, la autenticidad y la conexión. 

6. Abraza la sombra para encontrar la plenitud 
Recuerdo evitar partes de mí que me hacían sentir vergonzosa, débil o indigna, ocultándolas tras el rendimiento y la rutina. Hollis destaca la importancia de integrar estos aspectos "oscuros": reconocer la vulnerabilidad, el miedo y el deseo sin juzgar. La plenitud surge cuando confrontamos tanto la oscuridad como la luz, permitiendo que todo el espectro del ser guíe nuestras decisiones.

7. El significado se cultiva, no se descubre 
Finalmente, pienso en las prácticas silenciosas —reflexión, escritura, atención plena y compromiso consciente con la vida— que han comenzado a transformar momentos cotidianos en experiencias significativas. Hollis enseña que el significado no es un tesoro escondido esperando ser encontrado; se cultiva a través de la presencia, la valentía y la reflexión intencional. Cada decisión, por pequeña que sea, se convierte en una pincelada en el lienzo de una vida vivida conscientemente. 

Al cerrar el libro, sentí una suave pero persistente conmoción: un recordatorio de que la segunda mitad de la vida no es un descenso, sino un despertar. Hollis no ofrece consuelo mediante la simplificación; ofrece profundidad a través de la confrontación con la verdad, la sombra y la posibilidad. Cada lección es a la vez un espejo y un mapa, reflejando nuestro potencial no reclamado a la vez que nos guía hacia un compromiso auténtico con el tiempo, las relaciones y con nosotros mismos. Encontrar el significado en la segunda mitad de la vida nos recuerda que el significado no se hereda, se impone ni se descubre; se teje conscientemente, momento a momento, en la vida que tenemos el valor de vivir plenamente.



21 mayo 2026

Ser deseado

Si yo pudiera bendecir a alguien... y si mi bendición se pudiera cumplir. 
Si tuviera el poder de fabricarla... si esa bendición fuera lo único bueno que pudiera hacer por alguien en esta vida... Solo diría... 
"Ojalá que seas deseado... que tu vida sea esperada. 
Que seas necesitado en todas tus formas... que te sepas útil y equivalente. 
Que te miren de tal forma que no solo tu piel, sino el tuétano de tus huesos se derrita por la atracción.

Ojalá que seas deseado... que tu vida sea esperada. 
Que el placer de lo que eres se dispense a granel. 
Que alguien, en alguna parte, sueñe con verte de nuevo. 
Que tu aroma sea recordado y buscado entre cosas viejas y nuevas... entre cercanos y extraños. 

Ojalá que seas deseado... que tu vida sea esperada. 
Que vivas encendido y luminoso. 
Qué tu risa sea necesaria y extrañada hasta las lágrimas. 
Qué tu simpleza y sencillez sea tan consoladora y pacífica como lo es el mar a quienes lo contemplan. Esa es mi bendición para ti... porque yo he sido bendecido así." 

Misael Escorcia



18 mayo 2026

Después de la Lluvia

La lluvia caía silenciosamente sobre el vecindario, dejando la tierra húmeda y fragante, las hojas brillando como pequeños espejos. Aspiré el aroma de la tierra mojada y sentí un temblor silencioso en el pecho: dolor, agotamiento, esperanza, todo a la vez. Fue en esa quietud que abrí  Después de la lluvia de Alexandra Elle, y me di cuenta de que el libro no era solo poesía, sino un compañero para las partes de nosotros mismos que llevamos en la sombra: las pérdidas, los desamores, las ansiedades silenciosas y el sutil y persistente anhelo de paz. Las palabras de Elle aterrizaron suave pero firmemente en los espacios donde habitaba mi vulnerabilidad, ofreciéndome permiso para sentir, liberar y sanar sin vergüenza ni prisa. 

Leer Después de la lluvia fue como escuchar a una amiga que conoce el peso de ser humana, que entiende que la sanación rara vez es lineal y que la belleza a menudo surge de los fragmentos de lo que hemos soportado. Los recuerdos afloraron: noches pasadas mirando al techo, preguntándome si mi dolor alguna vez se aliviaría; mañanas en las que la luz del sol en las calles mojadas se sentía como una promesa silenciosa; Por las tardes me senté con lágrimas que no quería que nadie viera. Las palabras de Elle me devolvieron esos momentos, mostrándome que la ternura hacia uno mismo no es indulgencia, sino supervivencia, que reconocer nuestra fragilidad es el primer paso hacia la plenitud.

De este espacio surgieron siete lecciones: lecciones de resiliencia, autocompasión y el poder silencioso de recuperar el propio ritmo después de las tormentas, tanto literales como metafóricas. Cada lección es un hilo que conecta la vulnerabilidad, la reflexión y la valentía que se necesita para honrar el propio camino. 

1. La sanación comienza con una presencia amable 
Recuerdo las veces que intenté superar el dolor con prisas, forzando sonrisas o reprimiendo lágrimas. Elle nos recuerda que la sanación no se puede apresurar. Sentarnos con nosotros mismos, sintiendo la lluvia de emociones sin juzgar, permite que las heridas respiren y comiencen a sanar. La presencia —tranquila, atenta, compasiva— es el primer bálsamo. 

2. El duelo es un río, no un muro 
He sentido el duelo como un ancla, pesada e inquebrantable. Elle lo replantea: el duelo fluye; nos mueve y nos transforma. Aceptar su corriente nos permite navegar la pérdida sin resistirnos a ella, adaptarnos a ella en lugar de rompernos y descubrir la ternura inesperada que le sigue.

3. La autocompasión es revolucionaria 
Recuerdo noches de autocrítica, repasando errores en un ciclo de juicios. La poesía de Elle insiste en que la amabilidad con nosotros mismos no es opcional, sino transformadora. La compasión no es un lujo; es la tierra donde se arraiga el crecimiento. 

4. Las tormentas te moldean, pero no te definen 
Recuerdo momentos de desamor, momentos en los que la vida parecía implacable. Elle enseña que las tormentas no tienen la última palabra; esculpen la resiliencia, la creatividad y la sabiduría. El dolor deja huella, pero también deja lecciones que pueden guiarnos hacia adelante. 

5. La alegría es posible en medio del dolor 
Una vez reí entre lágrimas, una liberación silenciosa y fugaz. Las reflexiones de Elle celebran la coexistencia de la alegría y el dolor, mostrando que la luz puede persistir incluso cuando persisten las nubes. Reconocer esta dualidad permite que la vida se sienta más rica, más profunda y más viva.

6. Liberarse es un acto de valentía 
Me he aferrado a arrepentimientos, resentimientos y preguntas como si soltar borrara su significado. Elle nos recuerda que liberarse es valiente, un acto consciente de recuperar energía y paz. Soltar no es olvidar, es honrar tu crecimiento y reclamar tu espacio. 

7. Después de la lluvia, la vida brilla de otra manera 
Finalmente, recuerdo caminar después de una tormenta, con las hojas goteando, el aire denso pero limpio. Las palabras de Elle me muestran que después de las tormentas emocionales, el mundo se ve más brillante, con más textura, más vivo. Sanar no borra el dolor, pero transforma la percepción, permitiendo que la gratitud, la claridad y la ternura florezcan. 

Al cerrar el libro, sentí una calidez tranquila y constante en el pecho. Elle no ofrece soluciones rápidas ni conclusiones claras; Ella ofrece algo más excepcional: un espejo para tu propia fragilidad, un mapa para navegar tras las tormentas y una guía para cultivar la amabilidad contigo mismo. Cada lección es a la vez reflexión y brújula, mostrando que el dolor y la sanación pueden coexistir, que la tristeza y la alegría pueden entrelazarse, y que la vida después de la lluvia no solo es posible, sino que es luminosa, paciente y completamente tuya para abrazarla.



14 mayo 2026

Tus hijos adultos no quieren tus cosas

No es algo sentimental para ellos. 
Es una decisión pendiente. 

Lo que te quedes… tendrán que decidirlo. 
Y no a la ligera. 
Con presión. 
Con culpa. 

“¿Debería quedarme con esto?” 
“¿Les dolería si no lo hago?” 
Esa es la carga. 

No porque no les importe. 
Porque sí les importa. 

No quieren más cosas. 
Quieren menos cosas que gestionar. 

¿El verdadero regalo? 
Que no les quede nada por resolver. 

CONSEJO: Resuélvelo ahora.



11 mayo 2026

El proyecto Felicidad

Perseguimos el éxito, las relaciones o los hitos, creyendo que la plenitud llegará al final, solo para descubrir que la alegría a menudo se escabulle silenciosamente entre nuestras rutinas. El Proyecto Felicidad de Gretchen Rubin es una exploración sutil y curiosa de lo que significa recuperar la felicidad intencionalmente. Es en parte memorias, en parte investigación y en parte guía práctica, que revela que la alegría se cultiva, se observa y se practica, no se encuentra por casualidad. Rubin escribe con humor y humildad, compartiendo sus experimentos personales junto con perspectivas de la psicología, la filosofía y la literatura. Modela una colaboración con la vida misma: detectando patrones, probando estrategias y perfeccionando prácticas que cultivan la satisfacción. Lo que sigue es una reflexión inspirada en su trayectoria: siete lecciones que se desarrollan como experiencias vividas, combinando la observación personal, la resonancia emocional y la perspectiva práctica. Juntas, ofrecen tanto un espejo como un mapa: reflejan dónde podríamos estar perdiendo la felicidad en nuestras propias vidas y señalan maneras tangibles de vivir más plenamente. 

1. La felicidad es intencional, no accidental
La alegría rara vez surge de la espera. Surge cuando la cultivamos activamente, prestando atención a los momentos importantes y tomando decisiones conscientes para priorizarlos. Rubin enseña que las acciones pequeñas y deliberadas, ya sea ordenar un espacio, comprometerse con un ritual matutino o expresar gratitud, sientan las bases de la satisfacción. Colaborar con la vida comienza con la conciencia: ver dónde es posible la alegría y dar pasos deliberados hacia ella. 

2. El autoconocimiento es clave para la plenitud 
Comprender la propia personalidad, hábitos y preferencias aclara qué es lo que realmente nutre la felicidad. Lo que energiza a una persona puede agotar a otra. Esta lección nos recuerda que colaborar con uno mismo requiere reflexión y honestidad. El enfoque de Rubin anima a identificar los propios valores y alinear las acciones con ellos, en lugar de seguir ciegamente las expectativas externas. 

3. Los pequeños cambios se acumulan en grandes resultados 
La felicidad no se encuentra en grandes transformaciones, sino en pequeños ajustes constantes: decir "gracias", organizar tu agenda o darte un paseo diario. Esta lección surge de la práctica del cambio gradual. La colaboración con uno mismo y con la vida es más efectiva cuando se buscan cambios pequeños y manejables con intención, creando un efecto dominó que transforma el bienestar general.

4. Las relaciones son fundamentales para la alegría 
Las personas que nos rodean moldean nuestro paisaje emocional. Invertir en relaciones, expresar gratitud y fomentar la conexión es fundamental para la felicidad. Rubin enfatiza que la colaboración con los demás no es solo social, sino también emocional. Involucrarse auténticamente y cultivar vínculos aumenta la resiliencia y la plenitud. 

5. El compromiso importa más que la posesión 
Las cosas no son sinónimo de felicidad. Las actividades que involucran la mente, el cuerpo o el espíritu brindan una satisfacción mucho mayor que la acumulación material. Esta lección se centra en priorizar las experiencias, la creatividad, el aprendizaje y el trabajo significativo. La colaboración con uno mismo requiere darse cuenta de dónde se centra la atención y redirigirla hacia actividades que afirman la vida. 

6. La atención plena aumenta la apreciación 
La felicidad a menudo se esconde a simple vista: la luz del sol de la mañana, las risas compartidas, una taza de té tranquila. Rubin enseña que la atención en sí misma amplifica la alegría. La colaboración con la vida comienza con la presencia: reducir la velocidad, observar y saborear los momentos ordinarios que a menudo se pasan por alto.

7. El progreso, no la perfección, es la meta 
La búsqueda de la felicidad es continua y experimental. La perfección no es posible ni deseable. Esta última lección fomenta la flexibilidad, el humor y la compasión hacia uno mismo. La colaboración con uno mismo y con la vida se convierte en una práctica iterativa: probar, aprender, ajustar y celebrar las pequeñas victorias en el camino. 

El Proyecto Felicidad perdura porque transforma la felicidad de un ideal abstracto a una práctica tangible y vivida. Mucho después de la última página, deja la silenciosa insistencia de que la alegría se cultiva con intención, consciencia y con pequeñas acciones constantes. Es a la vez un espejo —que refleja cómo puedes estar perdiendo la felicidad en el presente— y un mapa —que muestra cómo vivir de forma más plena, atenta e intencional en los momentos cotidianos de tu vida—.



07 mayo 2026

¿Cómo sería tu auto-retrato?

Cuando pensamos en un autorretrato inmediatamente pensamos en la imagen de una persona.
Muchos artistas se hicieron uno.
Ya sea pintores o fotógrafos, era, por así decirlo, un deber tener uno de ellos.


Un autorretrato revela muchas cosas de la persona.
¿Está sonriendo? 
¿Llorando? 
¿Muestra un semblante desencajado? 
¿Quizá terror?

Cada expresión nos dice mucho del individuo.

Pero, al final de cuentas, esos semblantes pueden ser actuados y quizá no haya mucho de realidad de la persona en ellos.

A veces nuestras emociones reflejadas en el rostro son solo una máscara y no lo que en realidad llevamos dentro.

En fin.

Pero luego, tratándose de arte, podemos toparnos con algo muy creativo.
Y así me tocó.

Veía una película y en ella mostraban una fotografía cuyo título decía: autorretrato.
Peeeeero… ¡no estaba la imagen de una persona!
Era una fotografía de un mega calendario del artista.

Resulta que dicho artista tenía pegado un mega calendario en la pared de su Taller de Arte.

En él tenía detalladamente la actividad que realizaba cada día. Había mucha claridad. Podías notar a qué hora se levantaba, el tiempo que usaba para leer, para comer, para desplazarse, para producir, etc.

Era una radiografía de su día a día.

Descubrimos a través de esa pieza artística mucho más de lo que podíamos descubrir en un rostro plasmado en una imagen.

Lo que hacemos en el día revela lo que somos, lo que pensamos… y a dónde vamos.

¿Cómo sería tu autorretrato si le tomaran foto a tu calendario?
¿Qué revelaría de ti?

Digno de pensarse.

Davo Guzmán