Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

04 mayo 2026

Una mamá que crea recuerdos

Quería crear momentos que mis hijos recordaran, pero a menudo sentía que fallaba en las cosas más pequeñas e importantes. Entonces tomé "Una mamá que crea recuerdos" de Jessica Smartt, y sentí que alguien había puesto palabras a ese anhelo que albergaba: el deseo no solo de estar presente, sino de crear recuerdos que importan, de ver la belleza fugaz en el caos cotidiano de la maternidad. 

Leer a Smartt fue como caminar por una casa que siempre había conocido pero que nunca había apreciado del todo: la sala desordenada, los momentos de tranquilidad entre comidas, el eco de risas en el pasillo. Los recuerdos afloraron: cereal derramado en la cocina, cuentos para dormir contados con voces medio dormidas, pequeñas manos apretadas contra las mías mientras caminaba por los charcos. Smartt replantea estos pequeños momentos como actos de amor y significado, enseñando que crear recuerdos se trata menos de perfección y más de intención, presencia y experiencia compartida. De esa consciencia, cristalizaron siete lecciones: cada una una guía para abrazar la maternidad con atención plena, alegría y propósito.

1. La presencia supera a la perfección 
Recuerdo mañanas en las que la casa era un desastre y me entraba el pánico por todo lo que quedaba por hacer. Smartt nos recuerda que crear recuerdos no se trata de momentos perfectos, como los de Pinterest; se trata de estar presente, observar y estar emocionalmente disponible. Los pequeños gestos —la sonrisa, el abrazo, la broma— a menudo se convierten en los recuerdos que perduran, no la cocina impecable ni la actividad artesanal perfectamente organizada. 

2. Los rituales anclan la conexión 
Recuerdo rutinas para dormir que parecían repetitivas, casi tediosas. Smartt enseña que los rituales —ya sean desayunos, cuentos o paseos semanales— crean un ritmo que los niños recuerdan. Estos patrones consistentes brindan seguridad, una historia compartida y sutiles señales de amor que resuenan mucho más allá del momento inmediato. 

3. Lo ordinario es extraordinario 
Recuerdo tardes en las que no ocurría nada "especial": ropa doblada, tareas hechas, refrigerios. Smartt demuestra que los recuerdos a menudo se esconden en experiencias cotidianas. Una risa compartida, un baile divertido en la cocina o un abrazo espontáneo pueden dejar una huella más profunda que los eventos orquestados. La atención transforma lo cotidiano en significativo.

4. Involucrar a los niños en la creación de recuerdos 
Pienso en proyectos donde planifiqué todo solo, creyendo que tenía que orquestar la magia. Smartt enfatiza que la participación de los niños en las experiencias creativas —eligiendo actividades, aportando ideas o incluso creando desorden— hace que los recuerdos sean suyos. La autoría compartida fomenta la propiedad, la alegría y la creatividad que perdura en la memoria. 

5. Documentar, reflexionar y celebrar 
Recuerdo haber olvidado momentos que en su momento se sintieron tan vívidos. Smartt destaca la importancia de capturarlos, a través de fotos, diarios o simplemente narrando historias. La reflexión consolida los recuerdos, convirtiendo momentos fugaces en tesoros que los niños —y los padres— pueden revivir durante años. 

6. Adaptarse y aceptar la imperfección 
Recuerdo proyectos de manualidades que salieron mal o aventuras al aire libre interrumpidas por la lluvia. Smartt nos recuerda que la flexibilidad es esencial; las imperfecciones a menudo enriquecen el recuerdo. Los niños recuerdan la risa al ver la pintura derramada o al saltar en los charcos, no el plan original. Aceptar la imperfección crea espacio para la alegría, la espontaneidad y la resiliencia.

7. La presencia deja un legado duradero 
Finalmente, pienso en las tardes tranquilas, las comidas compartidas, los momentos sencillos en los que parecía que nada espectacular sucedía, pero la conexión era profunda. Smartt enseña que estos momentos, pequeños y constantes, se convierten en el andamiaje emocional de los recuerdos de los niños. El legado de ser una madre creadora de recuerdos no reside en los grandes gestos, sino en la acumulación de amor, atención y experiencias compartidas a lo largo de los años. 

Al cerrar el libro, sentí una suave inspiración que me invadía. Smartt no promete perfección ni momentos dignos de Instagram; ofrece algo más profundo: un marco para abordar la maternidad con presencia, intencionalidad y alegría. Cada lección es a la vez un espejo y un mapa, que refleja nuestro deseo de crear momentos significativos y nos guía para ver que la creación de recuerdos se entrelaza con lo cotidiano, se celebra con atención y se vive con amor. Mamá Creadora de Recuerdos nos recuerda que los actos más pequeños, los gestos más sutiles y las risas compartidas se convierten en las historias que nuestros hijos llevan consigo para toda la vida.



30 abril 2026

Siete principios que aprender de los Gallos

Siete Principios Bien Gallones


Nunca digas que no sirves, para Dios todos sirven (aunque no todos para lo mismo).
Si Dios pudo usar un simple gallo para confrontar al Apóstol Pedro, también puede usarte a ti.
Sigue sencillamente estos principios bien gallones

1- El gallo se levanta temprano y emprende la tarea que Dios le ha confiado.

2- El gallo nunca se queja de tener que hacer siempre lo mismo, de que no hay variedad y novedad en su trabajo.

3- El gallo cantará aunque nadie lo anime ni se lo agradezca. En realidad, no espera que nadie lo haga.

4- El gallo despierta a los que duermen. Su tarea es bastante impopular, pero muy necesaria.

5- El gallo proclama buenas noticias: “Amaneció. Aquí esta tu nuevo día que Dios te da, lleno de oportunidades.”

6- El gallo es constante y fiel cumplidor de su tarea. Se puede contar con él. Aunque llueva, truene o relampaguee él nunca falla.

7- El gallo nunca dejara de cantar porque hay otras aves como los ruiseñores que cantan más bonito o los pericos que son más graciosos. Hace lo fue hecho para hacer y lo hace lo mejor posible.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Colosenses 3:23




27 abril 2026

Cómo no envejercer

Me di cuenta de que había estado corriendo silenciosamente contra el tiempo sin siquiera darme cuenta. No de una forma dramática como "me estoy haciendo viejo", sino de maneras pequeñas y acumulativas: las escaleras sintiéndose más empinadas, las articulaciones crujiendo más fuerte después de un largo día, la energía que antes parecía infinita ahora marcada por la fatiga. Era sutil, casi imperceptible, pero innegable. Había estado viviendo como si el envejecimiento fuera algo que simplemente les sucede a otras personas, y sin embargo, aquí estaba, llegando silenciosamente, día a día. Cómo no envejecer se sintió como un salvavidas lanzado a esa conciencia creciente. Michael Greger no escribe con miedo moralizante ni promesas vacías. Escribe con precisión, curiosidad y esperanza, combinando ciencia con orientación práctica de una manera que se siente íntima, como si alguien que ha observado el cuerpo y la mente humanos durante décadas te susurrara directamente al oído. Mientras leía, emergieron siete lecciones: lecciones sobre cómo las decisiones que tomamos hoy repercuten en las décadas venideras, sobre cómo el estilo de vida es una forma de colaboración entre cuerpo, mente y entorno. Juntos, forman a la vez un espejo (que refleja los lugares donde puede haberse infiltrado el descuido o la ignorancia) y un mapa (que guía hacia una vida de resiliencia, vitalidad y presencia).

1. La nutrición no es solo combustible, es arquitectura. 
El trabajo de Greger desmonta la ilusión de que la comida es neutral. Cada comida se convierte en un elemento fundamental, que no solo sustenta la vida, sino que también influye en el envejecimiento de nuestras células. Me impactó una escena que describe cómo ciertos compuestos vegetales protegen nuestro ADN del daño acumulativo. La lección es vívida: las pequeñas decisiones constantes importan más que los extremos ocasionales. En colaboración, esto refleja la importancia de los hábitos diarios: las contribuciones graduales a menudo superan las heroicidades esporádicas. 

2. El movimiento preserva la identidad. 
Hay un momento en el libro que describe el declive de la movilidad y la independencia con la edad, y cómo incluso el ejercicio ligero e intencional reconfigura el cuerpo para resistir el deterioro. Podía verme dentro de diez o veinte años, y lo que estaba en juego se volvió inmediato. Esta lección nos recuerda que la acción previene la erosión, que mantener la vitalidad es activo, no pasivo. En el trabajo colaborativo, el movimiento —literal o metafórico— es lo que mantiene vivos los sistemas, no la supervisión estática.

3. El sueño es el sistema de reparación que se pasa por alto. 
Greger enfatiza el sueño no como un descanso opcional, sino como un periodo de mantenimiento nocturno donde la memoria se consolida, las defensas inmunitarias se fortalecen y la reparación ocurre a nivel celular. Me di cuenta de la frecuencia con la que consideraba el sueño prescindible, subestimando su labor invisible. Esta lección es un recordatorio de que la sostenibilidad requiere reposición, ya sea en la salud personal o en las relaciones y los equipos. Sin ella, incluso las mejores intenciones flaquean. 

4. El estrés es un acelerador oculto del envejecimiento. 
El libro explora cómo el estrés crónico desencadena la inflamación, acelera el deterioro celular y debilita la salud de forma silenciosa pero implacable. Me impresionó el contraste entre el diseño del cuerpo para manejar breves estallidos de estrés y el goteo constante moderno. En entornos colaborativos, el estrés no es solo personal, sino sistémico. Aprender a gestionarlo colectivamente puede preservar no solo la longevidad, sino también la calidad de la colaboración.

5. La conexión social impulsa la longevidad. 
Una de las lecciones más humanas es que las relaciones prolongan la vida. Greger destaca estudios que demuestran cómo una conexión significativa reduce el riesgo de mortalidad y preserva la agudeza mental. Pude sentir esta verdad en mi propia vida: el aislamiento acelera el declive, la presencia y el compromiso nos protegen. En equipos y asociaciones, los vínculos sociales no son un adorno, sino una infraestructura esencial. 

6. La evasión es enemiga de la resiliencia. 
Greger no edulcoró las realidades del envejecimiento. Demostró que ignorar los indicadores de salud o retrasar las intervenciones es mucho más perjudicial que la participación proactiva a pequeña escala. Esta lección resonó como una metáfora para todos los sistemas colaborativos: la evasión agrava el riesgo. Afrontar los desafíos de forma temprana, ya sean de salud, relacionales o profesionales, fortalece la adaptación.

7. Envejecer bien es una colaboración que dura toda la vida contigo mismo
Quizás la lección más profunda sea replantear el envejecimiento como una participación activa. Cada decisión —dieta, ejercicio, descanso, interacción social— es una conversación con tu yo futuro. La guía de Greger lo plantea como algo continuo, no retrospectivo: envejecer no es un declive inevitable; es un proyecto que cocreamos con nuestra biología. En colaboración, esta lección refleja a los equipos más duraderos: aquellos que se nutren, se adaptan y se apoyan mutuamente a lo largo del tiempo. 

Al final de Cómo no envejecer, envejecer ya no se siente como un descenso pasivo. Se siente como una alianza: entre conocimiento y acción, cuerpo y mente, hoy y mañana. El libro se convierte a la vez en un espejo y un mapa, reflejando dónde la negligencia o los hábitos inconscientes pueden haber acelerado el declive, a la vez que ofrece un camino hacia la vitalidad, con base científica y profundamente humano. Mucho después de la última página, lo que perdura es una esperanza atemperada por la capacidad de acción: que el futuro no está predeterminado por los años vividos hasta ahora, sino por las decisiones deliberadas y compasivas que se toman cada día.



23 abril 2026

El vacío, una pausa

En la película del viaje de Chihiro hay una escena que dura dos segundos.
Solo dos.

La niña se pone los zapatos y sale corriendo.

Lo loco es que no se los pone y ya.
Primero jala la parte de atrás del tenis con el dedo.
Luego golpea la punta contra el piso para asegurarse de que le queda bien.
Y entonces sí, corre.

Es un gesto que todos hacemos sin pensar.
Ni lo notas.
Pero Miyazaki, el director, lo notó. Y lo dibujó a mano.

Ya te imaginarás:
Le dijeron que era una pendejada, que nadie iba a verlo...
Que para qué perdía el tiempo animando algo que no cambia nada de la historia.

Y el tipo, en vez de explicarse, se puso a aplaudir.
Lento.

Y dijo que en japonés existe una palabra para lo que hay entre una palmada y otra. 
Se llama "Ma" y significa "Vacío."

O sea, tú escuchas las palmadas.
Pero lo que hace que el ritmo funcione no son las palmadas.
Es el silencio entre ellas.

Los zapatos de Chihiro son eso.
Un momento donde no pasa nada importante. 
Que no empuja la historia y que obvio nadie pidió.

Donde cualquiera hubiera metido otra escena con más cosas "pasando"... el cabrón metió a una niña acomodándose los tenis.

Y eso hace que muchos salgan del cine sintiendo que a alguien le importó.
Todos se acuerdan de las explosiones.
Y aunque pocos se acuerden de las pausas.
Sin ellas, nada de lo demás te hubiera llamado la atención.

Aplausos ahora para él, de mi parte.

Te cuento esto porque esa obsesión me parece hermosa.

Un saludo,


Julián.



22 abril 2026

Día de la tierra - Cacao

Hoy es Día de la Tierra. 
Te quiero contar algo sobre el árbol que hace posible todo esto.

El árbol del cacao no puede crecer en pleno sol.

No es una debilidad, es su naturaleza. Necesita sombra, humedad, y la compañía de árboles más grandes que lo protejan. En Tabasco, donde crece el cacao criollo, ese árbol protector se llama cacahuananche. Los agricultores lo conocen bien. Sin él, no hay cacao. Con él, el ecosistema entero se sostiene, las raíces profundas retienen el suelo, las hojas alimentan la tierra, la sombra regula la temperatura.

Es una relación que lleva siglos funcionando exactamente así.

El cacao criollo que cultivamos no se da en monocultivo. Se da en medio de biodiversidad real, otros árboles, otros ciclos, suelo vivo. Esa forma de cultivar es más lenta, más exigente, y produce menos volumen que los métodos industriales. También es la única forma en que este cacao puede existir.



20 abril 2026

No creas todo lo que piensas

Hay momentos en los que una voz te encuentra al ritmo de tu vida, tranquila, sin prisas, casi como si supiera que estás cansado de darle tantas vueltas. Así fue como este libro me encontró. No a través del ruido ni la publicidad, sino a través de una recomendación silenciosa que perduró. Escuchar a Joseph Nguyen narrar sus propias palabras hizo que el mensaje calara más hondo; su tono era suave pero firme, como quien te recuerda una verdad que una vez supiste pero olvidaste. A medida que la grabación avanzaba, se me hacía imposible no detenerme, rebobinar y reflexionar. Estas son las lecciones que me quedaron grabadas. 

1. Los pensamientos no son hechos, son eventos que pasan por la mente: Uno de los recordatorios más fuertes del libro es que los pensamientos parecen convincentes, pero no son automáticamente ciertos. Joseph explica cómo el sufrimiento comienza cuando confundimos cada pensamiento con la realidad y le damos autoridad. Escucharlo decir esto con su propia voz lo aclaró aún más: los pensamientos surgen solos, van y vienen, y no piden permiso. El problema comienza cuando creemos que debemos seguirlos. Esta lección cambió la forma en que me relaciono con mi diálogo interno, en lugar de discutir con los pensamientos o tratar de arreglarlos, ahora los noto y los permito pasar, dándome cuenta de que la paz no se encuentra en pensar mejor sino en menos apego al pensamiento.

2. Pensar demasiado es la mente intentando protegerte, pero termina atrapándote: El libro no avergüenza a la mente por pensar demasiado, sino que explica su intención original. Pensar demasiado es un intento de controlar los resultados y evitar el dolor. Joseph explica con calma cómo este hábito de supervivencia se convierte en la fuente misma del sufrimiento. Escuchar esto en voz alta me causó compasión, casi perdón. Me ayudó a comprender que el objetivo no es silenciar la mente, sino dejar de permitir que fluya sin control. Cuando dejamos de alimentar cada preocupación con atención, la mente se ablanda naturalmente y la claridad regresa sin esfuerzo. 

3. La paz no se crea, se revela cuando el pensamiento se asienta: Un cambio poderoso en el libro es la idea de que la paz ya está presente, no es algo que debamos ganar ni fabricar. Joseph repite esto con delicadeza, especialmente en el audio, dejando espacio entre las frases como si modelara la misma quietud que describe. Cuando el pensamiento excesivo se ralentiza, la paz se revela. Esta lección replanteó todo para mí. En lugar de buscar la calma mediante técnicas interminables, empecé a notar momentos en los que no pensaba mucho; esos momentos ya eran de paz. No necesitaba nada más.

4. No necesitas arreglarte, necesitas dejar de creer en cada pensamiento sobre ti:
Esta lección me impactó profundamente. El libro desafía la idea de que estamos rotos y necesitamos mejorar constantemente. Joseph explica que la sensación de ser defectuoso es en sí misma un pensamiento, no una verdad. Escucharlo narrar esto me tranquilizó, casi me liberó. Cuando dejamos de identificarnos con historias negativas sobre nosotros mismos, la compasión surge de forma natural. El crecimiento surge entonces de la claridad, no de la autocrítica. Esto cambió mi forma de abordar el desarrollo personal: menos presión, más conciencia y mucha más amabilidad conmigo misma. 

5. Soltar sucede de forma natural cuando la comprensión reemplaza el esfuerzo: En lugar de enseñar a soltar con fuerza, el libro enfatiza la comprensión. Joseph explica que una vez que ves claramente cómo los pensamientos crean sufrimiento, no tienes que luchar para liberarlos. Se desvanecen solos. En el audio, esto se transmitió con paciencia, sin prisas. Esta lección me enseñó que el esfuerzo a menudo nos mantiene estancados. Cuando llega la comprensión, la liberación se vuelve natural. No es algo que se hace, es algo que sucede.

6. El momento presente es pacífico cuando no está abarrotado de pensamientos: La última lección que me quedó grabada es lo simple que es el momento presente. Joseph describe cómo el sufrimiento rara vez proviene de lo que sucede ahora, sino de pensamientos sobre el pasado o el futuro. Escucharlo bajar el ritmo de su narración en este punto me ayudó a comprenderlo. Cuando la atención regresa a lo presente, sin comentarios, hay tranquilidad. La vida se siente más ligera, más clara y más manejable. Esta lección sigue guiándome, especialmente en los días ajetreados, recordándome que la paz siempre está disponible cuando salgo de mi cabeza y me concentro en el presente.



16 abril 2026

La niña que saltó de su boda y terminó liderando una revolución

En 1901, una niña de 14 años viajaba en un carruaje nupcial por las calles de Tokio.

Su nombre era Komako Kimura.

A su alrededor todo estaba preparado para la ceremonia. Sus padres habían organizado el matrimonio. El hombre que la esperaba era un desconocido. El enlace aseguraría la estabilidad económica de la familia.

En el Japón de comienzos del siglo XX, aquello era normal.

Las jóvenes obedecían.

Pero Komako decidió que no lo haría.

En medio del trayecto tomó una decisión que cambiaría su vida.

Saltó del carruaje en movimiento.

Y corrió.

No se detuvo hasta llegar a Nagoya, una ciudad lo suficientemente lejana como para escapar, al menos por un tiempo, del control de su familia.

Para sobrevivir vendió su kimono de boda y las joyas que llevaba. Con ese dinero comenzó una nueva vida como aprendiz de bailarina.

En aquella época, una mujer soltera viviendo sola y dedicándose al arte era visto como un escándalo.

A Komako no le importó.

Había practicado danza tradicional japonesa desde los tres años, y ahora convirtió ese talento en su profesión. Con el tiempo se especializó en teatro, danza clásica y música tradicional.

A los veinte años ya dirigía dos teatros en Tokio.

Pero el escenario terminó dándole algo más que fama.

Le dio una voz.

En 1912 fundó una organización llamada “Las Nuevas Mujeres Verdaderas”, junto a otras activistas. A través de conferencias y una revista comenzaron a defender ideas que en Japón eran consideradas radicales.

Educación para las mujeres.

Independencia económica.

Derecho a decidir sobre sus propias vidas.

Incluso hablaron públicamente sobre control de natalidad, algo casi impensable en aquel momento.

Las autoridades no tardaron en reaccionar.

La policía empezó a asistir a sus conferencias. El gobierno vigilaba sus discursos. Sus obras de teatro fueron censuradas.

Pero Komako no retrocedió.

Cuando una de sus obras fue prohibida, tomó una decisión inesperada: hizo que todas las funciones fueran gratuitas.

El teatro se llenó.

El mensaje se difundió más rápido que nunca.

El gobierno terminó arrestándola.

Pero el juicio solo hizo que su nombre se hiciera más conocido.

Años después, agotada por la presión y la censura, tomó otra decisión audaz: viajaría a Estados Unidos para aprender del movimiento sufragista.

En 1917 llegó a Nueva York.

Ese mismo año participó en una enorme marcha por el voto femenino en la Quinta Avenida, junto a miles de mujeres estadounidenses.

Vestía un kimono tradicional y llevaba dos banderas.

Una de Japón.

Otra de Estados Unidos.

Para ella, el mensaje era claro.

La lucha por los derechos de las mujeres no pertenecía a un solo país.

Era una causa mundial.

Después de ocho años en Estados Unidos regresó a Japón y continuó su trabajo como artista y activista.

Pasaron décadas.

Pero las semillas que había ayudado a plantar comenzaron a crecer.

En 1945, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres japonesas obtuvieron finalmente el derecho al voto.

Komako Kimura tenía 58 años.

Había dedicado más de treinta años a esa lucha.

Vivió hasta los 92.

Tiempo suficiente para ver a generaciones de mujeres estudiar, votar y construir vidas independientes.

Todo comenzó con un salto.

El salto de una niña que se negó a aceptar que su vida pertenecía a otros.