Ayer fue el Grito de Independencia en mi país, México.
Un evento que o nos saca el patriotismo… o nos lo hunde un poco más.
Pero seas mexicano o no, quiero hacerte una pregunta:
¿Cuál es tu actitud ante lo que sucede en tu país?
¿Eres de los que se quejan y todo lo ven mal, o de los que resuelven, empujan y siguen adelante?
Es muy fácil criticar.
Ser odioso en las redes, despotricar contra nuestros propios conciudadanos y hasta contra nuestros amigos; esos que después vemos alrededor de una mesa, compartiendo el pan, y hacemos como si no pasara nada.
Es triste tirar juicios al aire, como una ametralladora que dispara sin tener un blanco. Solo sacando nuestras inconformidades; esas que, muchas veces, también tienen algo que ver con nosotros mismos.
Responsabilidad. Esa es la palabra.
A todos hacemos responsables de nuestros fracasos, menos a nosotros mismos.
Y cuando ponemos nuestra esperanza en una persona, un partido político o un movimiento, tarde o temprano llegará la insatisfacción.
Porque ningún ser humano puede satisfacer integralmente a otro ser humano.
Por eso, como cristianos, ponemos nuestra mirada en Cristo.
En él sí encontramos aquello que ninguna persona, gobierno o sistema puede ofrecernos por completo.
Y cuando aparecen barreras, problemas o injusticias, los hijos de Dios no estamos llamados a quedarnos simplemente quejándonos.
Nos levantamos.
Trabajamos.
Resolvemos.
Confiamos en Dios y usamos las habilidades y talentos que él mismo nos ha dado.
No nos detenemos. Avanzamos.
La Biblia dice que vivimos en medio de cosas que pueden ser sacudidas. Hageo habló de Dios haciendo temblar los cielos, la tierra y las naciones. Siglos después, Hebreos retomó esas palabras para recordarnos algo extraordinario:
Nosotros hemos recibido un reino inconmovible.
Todo a nuestro alrededor puede cambiar.
Gobiernos. Economías. Ideologías. Circunstancias.
Cristo y su Reino, no.
Quizá por eso nuestra tarea no sea pasarnos la vida juzgando todo lo que está mal, sino preguntarnos qué podemos hacer nosotros con aquello que Dios ha puesto en nuestras manos.
Porque el juicio final le pertenece a Dios.
A nosotros nos toca confiar, trabajar y avanzar.
Así que esta semana te propongo algo sencillo:
Menos juicio. Más acción.
¿Cómo ves?
¿Te unes?
Te abrazo,
Davo Guzmán






