Esta historia te la sabes... a medias.
El 20 de julio de 1969, un tipo llamado Buzz Aldrin pisó la Luna.Ese famoso “pequeño paso para el hombre”… eso ya lo ubicas.
Al regresar a la Tierra, junto con el resto de astronautas, hicieron una gira mundial.
En poco más de un mes lo trajeron paseando por 24 países como un trofeo viviente.
Lo nombraron hijo predilecto de ciudades que ni sabía ubicar en el mapa.
Y se calcula que 2500 personas le daban la mano cada día para felicitarlo.
Lo loco es que solo dos años después, ese mismo héroe trabajaba vendiendo autos en un lote de mala muerte.
Y lo peor, no vendía ni uno solo.
Además se divorció y cayó en depresión y alcoholismo.
¿Por qué? ¿Cómo es que uno de los hombres más admirados del planeta terminó así?
Pues es muy humano, y podemos llamarlo “el síndrome de haberlo logrado todo”.
Y es que cuando un humano siente que “ya llegó”, que el juego acabó y no hay nada más por qué pelear, le entra una apatía horrorosa.
Se queda sin hambre.
Y se calcula que 2500 personas le daban la mano cada día para felicitarlo.
Lo loco es que solo dos años después, ese mismo héroe trabajaba vendiendo autos en un lote de mala muerte.
Y lo peor, no vendía ni uno solo.
Además se divorció y cayó en depresión y alcoholismo.
¿Por qué? ¿Cómo es que uno de los hombres más admirados del planeta terminó así?
Pues es muy humano, y podemos llamarlo “el síndrome de haberlo logrado todo”.
Y es que cuando un humano siente que “ya llegó”, que el juego acabó y no hay nada más por qué pelear, le entra una apatía horrorosa.
Se queda sin hambre.
Y como no soporta el vacío, si no lo llena con propósitos, termina llenándolo con vicios.
Aldrin no fue el único.
También le pasa a artistas, empresarios, atletas...
Cuando sientes que no hay un siguiente objetivo, que ya no te pueden aplaudir más, las ganas de vivir desaparecen.
Creo que la lección está clara:
No se puede vivir sin algo que perseguir, no estamos diseñados para eso.
Es duro aceptarlo, pero así es; nuestro mayor problema es no tener problemas.
No estamos hechos para quedarnos contemplando el trofeo, sino para buscar el que sigue.
Es importante darle a tu mente una dirección clara y eso te va a obligar a mirar hacia delante.
La hueva y las ganas de “no hacer las cosas” ahí no tienen lugar.
Buzz Aldrin colapsó porque se quedó sin un después.
Un saludo,
Julián.
Aldrin no fue el único.
También le pasa a artistas, empresarios, atletas...
Cuando sientes que no hay un siguiente objetivo, que ya no te pueden aplaudir más, las ganas de vivir desaparecen.
Creo que la lección está clara:
No se puede vivir sin algo que perseguir, no estamos diseñados para eso.
Es duro aceptarlo, pero así es; nuestro mayor problema es no tener problemas.
No estamos hechos para quedarnos contemplando el trofeo, sino para buscar el que sigue.
Es importante darle a tu mente una dirección clara y eso te va a obligar a mirar hacia delante.
La hueva y las ganas de “no hacer las cosas” ahí no tienen lugar.
Buzz Aldrin colapsó porque se quedó sin un después.
Un saludo,
Julián.






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