Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

28 septiembre 2026

Cosas estúpidas que no haré cuando sea viejo

Envejecer es algo que la mayoría de la gente desea. 
Pero nadie quiere convertirse en la persona que en silencio se prometió a sí mismo que nunca sería. 
La persona que deja de aprender. 
Que deja de escuchar. 
Que deja de probar cosas nuevas. 
Que deja de fijarse en el mundo más allá de su rutina. 
Ese miedo es el tema central de *Cosas estúpidas que no haré cuando sea viejo*, de Steven Petrow. Y lo maravilloso es que, en realidad, no se trata de un libro sobre el envejecimiento.

Es un libro sobre cómo mantenerse vivo. 
Petrow comenzó a escribir sobre los comportamientos que esperaba evitar al envejecer. No porque le temiera a la vejez, sino porque quería afrontarla con honestidad, humor y autoconciencia. El resultado es una colección de observaciones sobre los hábitos, actitudes y decisiones que, silenciosamente, pueden hacer que la vida se vuelva más pequeña. Escribe sobre la importancia de mantener la curiosidad. Porque la curiosidad es una de las primeras cosas que la gente pierde cuando decide que ya lo sabe todo. Escribe sobre las relaciones.
Sobre vivir el presente. 
Sobre no convertirse en esa persona que cuenta historias interminables del pasado y se olvida de vivir el presente. 

La fuerza de este libro reside en que Petrow no se burla de las personas mayores. Se burla de la tendencia humana a resistirse al cambio. De esas pequeñas maneras en que nos convencemos de que el mundo era mejor antes, de que nuestras opiniones siempre son correctas o de que aprender algo nuevo ya no es necesario. El humor funciona porque nos reconocemos en él. No solo en nuestras versiones mayores. También en las actuales.

Una de las lecciones más importantes del libro es que el envejecimiento no solo afecta al cuerpo. También afecta a la mente. Una persona puede envejecer manteniendo una mente abierta, curiosa y dispuesta al cambio. O puede quedar atrapada por hábitos y creencias que le impiden vivir la vida plenamente. 

La experiencia del audiolibro añade calidez, ya que el estilo conversacional de Petrow hace que la lectura se sienta como escuchar a un amigo reflexivo compartiendo reflexiones mientras toman un café. El humor fluye con naturalidad, pero tras las bromas se esconde un mensaje sincero sobre cómo convertirse en la persona de la que uno se siente orgulloso en cada etapa de la vida.

Este libro no te pide que luches contra el envejecimiento. 
Te pide que lo afrontes de otra manera. 
Que sigas aprendiendo. 
Que sigas conectando. 
Que sigas riéndote de ti mismo. 
Que sigas creciendo. 

Porque el objetivo no es evitar envejecer. Nadie puede hacer eso. El objetivo es evitar que te hagas pequeño a medida que envejeces. "Cosas estúpidas que no haré cuando sea viejo" nos recuerda que la sabiduría no consiste en tener menos preguntas. Consiste en mantener la curiosidad suficiente para seguir haciéndolas. Algunos libros te enseñan cómo añadir más años a tu vida. Este te recuerda cómo añadir más vida a esos años.



24 septiembre 2026

Cacao es un gran tesoro

Tenemos recibos de hace 500 años.

Decimos que el cacao era uno de los grandes tesoros de México.
Pero no tienes que creernos.
Tenemos recibos. De hace casi 500 años. 

En la Matrícula de Tributos, un documento elaborado en el siglo XVI, quedaron registrados los bienes que distintas provincias entregaban como tributo al poder mexica.

Había textiles, plumas preciosas, jade, oro.
Y sí: cacao.
Mucho cacao.
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En sus páginas todavía pueden verse representados los costales de semillas que llegaban desde las regiones productoras.
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No estaban ahí como decoración.
Eran riqueza.
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El cacao era suficientemente valioso como para ser contado, almacenado, transportado y registrado junto a algunos de los bienes más preciados de su tiempo.

Y quizá por eso nos gusta tanto llamarlo: oro comestible.
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Porque no es una frase que inventamos solamente para que el cacao suene bonito.
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Hace siglos, hubo personas llevando cuentas exactas de cuánto cacao tenían.
Nosotros solo estamos intentando que volvamos a entender por qué.



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21 septiembre 2026

Empezaré de nuevo el lunes

Hay una frase que muchos hemos dicho más veces de las que nos gustaría admitir: Empezaré de nuevo el lunes. 
Después de la comida que prometimos que sería la última poco saludable. 
Después del hábito que juramos dejar por fin. 
Después de otro día de sentirnos decepcionados con nosotros mismos. 

El lunes se convierte en ese momento mágico donde todo vuelve a empezar. 
Una página en blanco. 
Un nuevo comienzo. 
Una versión de nosotros mismos que por fin lo hace todo bien.

Pero ¿qué sucede cuando llega el lunes una y otra vez y sentimos que estamos empezando de nuevo? 

Esa pregunta es el eje central del libro *I’ll Start Again Monday* (Empezaré de nuevo el lunes), de Lysa TerKeurst. Y, en realidad, no es un libro sobre la comida. No del todo. Es un libro sobre las hambres más profundas que llevamos dentro. Lysa TerKeurst es autora, conferencista y fundadora de Proverbs 31 Ministries; ha dedicado años a escribir sobre la fe, la identidad y las luchas que surgen en el espacio que existe entre lo que creemos y cómo vivimos realmente. En este libro, aborda una de las batallas más personales que muchas personas enfrentan: la relación entre la comida, las emociones, el autocontrol y la vergüenza.

Su enfoque no consiste en crear otro conjunto estricto de reglas. Se trata de comprender por qué buscamos cosas que no pueden satisfacernos plenamente. Porque a menudo el problema no es la comida. El problema es aquello de lo que intentamos escapar. La soledad. El estrés. La decepción. La sensación de que nos falta algo. Una de las ideas más poderosas del libro es que el hambre física no es la única hambre que experimentamos.

Hay necesidades emocionales. Necesidades espirituales. El anhelo silencioso de sentirse amado, seguro, valorado y suficiente. Y cuando esas necesidades quedan insatisfechas, a menudo intentamos llenar esos vacíos con consuelos pasajeros. TerKeurst escribe con honestidad sobre sus propias luchas, no desde la supuesta certeza de tenerlo todo resuelto, sino desde la perspectiva de alguien que comprende lo que se siente al hacerse promesas a uno mismo y luego romperlas. Esa honestidad es lo que hace que el libro conecte con el lector.

Ella no escribe desde una posición de superioridad ante la lucha. Escribe desde la perspectiva de alguien que te acompaña en ella. El libro también cuestiona una creencia común: Que el cambio comienza cuando finalmente alcanzamos la disciplina necesaria. TerKeurst propone algo diferente: El verdadero cambio comienza cuando dejamos de sentir vergüenza y empezamos a afrontar nuestras dificultades abiertamente. Porque la vergüenza nos hace escondernos. 

La gracia nos da el valor para cambiar. Hay una ternura que impregna todo el libro, lo que lo convierte más en una conversación sobre la identidad que en un simple plan de dieta.

¿Quién eres cuando fracasas? 
¿Te conviertes en alguien que se rinde? 
¿O en alguien que vuelve a intentarlo? 
Esa pregunta es importante porque el crecimiento rara vez sigue una línea recta. 

Habrá lunes en los que vuelvas a empezar. Habrá momentos en los que reaparezcan viejos patrones. Pero el objetivo no es convertirte en una persona que nunca atraviesa dificultades. El objetivo es convertirte en una persona que sabe cómo retomar el camino. *I’ll Start Again Monday* es, en el fondo, un recordatorio de que la transformación no se construye a base de perfección. Se construye mediante pequeñas decisiones repetidas con paciencia y honestidad. 

Puede que ese lunes que tanto esperas no sea el día en que todo cambie. Quizás el verdadero comienzo sea el momento en que dejas de huir de aquellas partes de ti que necesitan sanar. Algunos libros te ofrecen un plan. Este te ofrece compasión para el camino. Y, a veces, eso es precisamente lo que te ayuda, por fin, a seguir adelante.



17 septiembre 2026

¿Eres de los que se quejan o de los que resuelven?

En dos minutos de lectura, quizá descubras de qué lado estás.

Ayer fue el Grito de Independencia en mi país, México.
Un evento que o nos saca el patriotismo… o nos lo hunde un poco más.

Pero seas mexicano o no, quiero hacerte una pregunta:
¿Cuál es tu actitud ante lo que sucede en tu país?

¿Eres de los que se quejan y todo lo ven mal, o de los que resuelven, empujan y siguen adelante?

Es muy fácil criticar.
Ser odioso en las redes, despotricar contra nuestros propios conciudadanos y hasta contra nuestros amigos; esos que después vemos alrededor de una mesa, compartiendo el pan, y hacemos como si no pasara nada.

Es triste tirar juicios al aire, como una ametralladora que dispara sin tener un blanco. Solo sacando nuestras inconformidades; esas que, muchas veces, también tienen algo que ver con nosotros mismos.

Responsabilidad. Esa es la palabra.

A todos hacemos responsables de nuestros fracasos, menos a nosotros mismos.

Y cuando ponemos nuestra esperanza en una persona, un partido político o un movimiento, tarde o temprano llegará la insatisfacción.

Porque ningún ser humano puede satisfacer integralmente a otro ser humano.

Por eso, como cristianos, ponemos nuestra mirada en Cristo.
En él sí encontramos aquello que ninguna persona, gobierno o sistema puede ofrecernos por completo.

Y cuando aparecen barreras, problemas o injusticias, los hijos de Dios no estamos llamados a quedarnos simplemente quejándonos.

Nos levantamos.

Trabajamos.

Resolvemos.

Confiamos en Dios y usamos las habilidades y talentos que él mismo nos ha dado.

No nos detenemos. Avanzamos.

La Biblia dice que vivimos en medio de cosas que pueden ser sacudidas. Hageo habló de Dios haciendo temblar los cielos, la tierra y las naciones. Siglos después, Hebreos retomó esas palabras para recordarnos algo extraordinario:

Nosotros hemos recibido un reino inconmovible.

Todo a nuestro alrededor puede cambiar.

Gobiernos. Economías. Ideologías. Circunstancias.

Cristo y su Reino, no.

Quizá por eso nuestra tarea no sea pasarnos la vida juzgando todo lo que está mal, sino preguntarnos qué podemos hacer nosotros con aquello que Dios ha puesto en nuestras manos.

Porque el juicio final le pertenece a Dios.

A nosotros nos toca confiar, trabajar y avanzar.

Así que esta semana te propongo algo sencillo:
Menos juicio. Más acción.

¿Cómo ves?

¿Te unes?

Te abrazo,

Davo Guzmán



14 septiembre 2026

Como escuchar con intención

La mayoría de la gente piensa que escuchar es algo natural. 
Alguien habla. 
Esperamos nuestro turno. 
Preparamos nuestra respuesta. 
Asentimos con la cabeza en los momentos oportunos. 
Y a eso le llamamos escuchar. 
Pero la verdadera escucha es mucho más rara. 
Porque escuchar no es simplemente oír palabras. 
Es prestar atención a la persona que las pronuncia. 

En Cómo escuchar con intención, Patrick King explora una de las habilidades más ignoradas en la conexión humana: La capacidad de hacer que alguien se sienta realmente escuchado.

El libro comienza con una simple observación. Muchas conversaciones fracasan no porque las personas no sepan comunicarse, sino porque a menudo se preparan para responder en lugar de intentar comprender. Escuchamos desde nuestra propia experiencia. Nuestras suposiciones. Nuestras opiniones. Nuestro deseo de tener razón. King invita a los lectores a abordar las conversaciones de manera diferente. A ser más curiosos. A hacer mejores preguntas. A detenerse lo suficiente para comprender lo que la otra persona realmente está diciendo.

Una de las ideas más valiosas del libro es que los buenos oyentes no son pasivos. Son participantes activos. Perciben el tono. Prestan atención a las emociones que se esconden tras las palabras. Reconocen lo que se dice y lo que se evita. Porque la comunicación no se compone solo de oraciones. Se compone de pausas. Expresiones. Cambios de energía. Pequeños detalles que revelan lo que alguien realmente quiere decir. El libro también explora por qué escuchar es difícil. A veces nos distraemos.

A veces nos entusiasma compartir nuestras propias historias. Otras veces nos centramos más en demostrar nuestra valía que en conectar con otra persona. King demuestra que escuchar mejor no significa guardar silencio. Se trata de estar presente. 

Estas ideas se perciben menos como técnicas de comunicación y más como recordatorios para bajar el ritmo y prestar atención. Porque las personas recuerdan cómo las hacen sentir las conversaciones. Recuerdan si se sintieron juzgadas o comprendidas. Ignoradas o valoradas. Interrumpidas o respetadas. 

*Cómo escuchar con intención* es, en el fondo, un libro sobre la conexión. En un mundo donde todos quieren ser escuchados, quien aprende a escuchar de verdad se convierte en alguien excepcional. Y valioso.

Algunos libros te enseñan a hablar mejor. Este te enseña algo quizás aún más importante: Cómo estar completamente presente cuando otra persona está hablando.



10 septiembre 2026

Cuando sientes que la vida es una larga derrota

Hay días en los que abres los ojos, recuerdas lo difícil que puede ser la vida y no hay idea motivacional que logre animarte.

Amaneces, por así decirlo… derrotado.

Ni “El Canelo” Álvarez y su filosofía del 50% alcanzan para motivarte.

Él dice que habrá días difíciles en los que no te sentirás al 100% y quizá solo puedas dar el 50%. Pero ese 50% es tu 100% de ese día. Así que debes darlo todo.

A veces recuerdo esas palabras y me animo…

Pero, siendo sincero, no siempre funcionan.

Porque la vida es difícil.

Y te explico por qué.

Tolkien, autor de El Señor de los Anillos, decía que la historia es una “larga derrota”, aunque en ella podemos alcanzar a ver algunos destellos de la victoria final.

Todo parece ir desgastándose poco a poco.

El mundo, a causa del pecado, está en decadencia.

Y no se trata solamente de una decadencia espiritual. También es material.

Por más que avance la tecnología y nuestra vida sea cada vez más cómoda, este mundo continúa caminando hacia su fin.

Y nosotros también.

En ese sentido, la vida puede parecer una larga derrota.

Y esto no es pesimismo. Es reconocer una realidad.

Pero Dios, nuestro Padre amoroso, tuvo misericordia de nosotros y nos dio una salida: Cristo.
En él estamos seguros.
Cuando ponemos nuestros ojos en él y confiamos, nuestra perspectiva de la vida cambia.

Sí, la historia puede parecer una larga derrota…
Pero sabemos que al final todo será renovado. Habrá cielos nuevos y tierra nueva, y estaremos con Cristo.

Y eso no es todo.

Mientras llega ese día, no estamos solos.
Su Espíritu habita en nosotros.
Su Palabra nos sostiene.
Y Cristo, quien todo lo llena en todo, está con nosotros.

Como dice aquella canción:
“Todo está a tus pies, has vencido”.

Esa es la clave.

Al final, Cristo es quien vence.
Y nosotros venceremos con él.

un abrazo,

Davo



07 septiembre 2026

El arte perdido de leer las señales de la naturaleza

Un mundo que antaño hablaba constantemente se ha vuelto, para muchas personas, visualmente silencioso. 

No porque haya dejado de comunicarse, sino porque la atención se ha desviado hacia otros lugares. El cielo sigue cambiando de forma antes de que cambie el tiempo. El viento sigue trazando dibujos sobre el agua y la hierba. Los árboles siguen registrando la dirección, la luz y el paso del tiempo de formas visibles para quienes saben observar. Sin embargo, gran parte de este lenguaje pasa ahora inadvertido; no porque haya desaparecido, sino porque ha caído en el olvido. 

*El arte perdido de leer las señales de la naturaleza*, de Tristan Gooley, es una guía para recuperar esa forma de mirar. La obra no trata la naturaleza como algo lejano o meramente estético; por el contrario, presenta el mundo natural como un sistema continuo de señales, donde la observación se convierte en una habilidad que puede aprenderse, perfeccionarse y practicarse. El libro se sitúa en la intersección entre la ciencia, la intuición y la atención minuciosa. 

Estas son las tres ideas que más me marcaron.

1. La naturaleza se comunica constantemente, pero es la atención la que determina si se la comprende.
Gooley demuestra que el significado en la naturaleza no es algo raro ni está oculto en sucesos extraordinarios; se encuentra presente en los detalles cotidianos. El ángulo de la luz solar sobre una superficie. La forma en que crece el musgo en los árboles. El movimiento de las nubes a través de las distintas capas del cielo. No se trata de interpretaciones poéticas añadidas a posteriori, sino de patrones con un significado práctico. El libro replantea la observación como una forma de lectura: el entorno genera información continuamente, y la habilidad reside en percibirla sin pasar por alto los detalles por ir demasiado deprisa. 

2. Pequeños indicios del entorno pueden revelar sistemas de mayor envergadura en funcionamiento.
Una de las enseñanzas fundamentales del libro es que ninguna señal existe de forma aislada; a menudo, una sola observación conecta con patrones más amplios. La dirección del viento puede sugerir la presencia de determinados sistemas meteorológicos. El crecimiento de las plantas puede indicar el grado de exposición solar a lo largo del tiempo. El comportamiento animal puede reflejar cambios que no son visibles a simple vista. La obra invita a cambiar la perspectiva: pasar de fijarse en detalles aislados a comprender sistemas interconectados. Lo que parece insignificante cobra sentido cuando se sitúa en un contexto más amplio de causa y efecto.

3. La vida moderna no ha eliminado la inteligencia natural; simplemente la ha embotado por falta de uso. 
Gooley no presenta la lectura de la naturaleza como una habilidad mística perdida, sino como una destreza que se debilita cuando no se practica. En los entornos humanos de antaño, leer el paisaje era esencial para la supervivencia; en los entornos modernos, se ha vuelto opcional y, por tanto, a menudo se descuida. El libro sugiere que esta forma de percepción sigue latente en todos nosotros, pero requiere reactivarse mediante la atención y la repetición. No se trata de volver al pasado, sino de agudizar la percepción en el presente. 

Mucho después de haber cerrado el libro, lo que perdura es una manera más serena de transitar por el mundo. No más rápida ni más lenta, sino más consciente. Permanece como un recordatorio de que el entorno nunca está verdaderamente en silencio y de que gran parte de lo que consideramos un paisaje ordinario es, en realidad, un flujo constante de información a la espera de ser percibido de nuevo.