Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

27 agosto 2026

Viendo a Garrik

Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirle le decía: «Eres el mas gracioso de la tierra y el más feliz...» 
Y el cómico reía. 
Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. 

Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío. 
»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte». 
-Viajad y os distraeréis. 
- ¡Tanto he viajado! 
-Las lecturas buscad. 
-¡Tanto he leído! 
-Que os ame una mujer. 
-¡Si soy amado! 
-¡Un título adquirid! 
-¡Noble he nacido! 
-¿Pobre seréis quizá? 
-Tengo riquezas 
-¿De lisonjas gustáis? 
-¡Tantas escucho! 
-¿Que tenéis de familia? 
-Mis tristezas 
-¿Vais a los cementerios? 
-Mucho... mucho... 
-¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? 
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos. 
-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

-¿A Garrik? 
-Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa. 
-¿Y a mí, me hará reír? 
-¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? 
-Así -dijo el enfermo- no me curo; 
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio! 
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe! 
Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa. 
El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.



24 agosto 2026

La regla de los 5 segundos

El cambio rara vez fracasa porque las personas no sepan qué hacer. 
Fracasa porque, al llegar el momento de actuar, la mente interrumpe el proceso de inmediato. 
Surge la duda. 
Se empieza a pensar demasiado. 

Las excusas se forman con la rapidez suficiente para sustituir la intención antes de que esta se convierta en acción. Lo que comienza como una decisión clara a menudo se disuelve en vacilación en cuestión de segundos. *La regla de los 5 segundos* introduce una interrupción sencilla en ese patrón. Mel Robbins presenta una técnica diseñada para salvar la brecha entre la intención y la acción antes de que la mente tenga tiempo de disuadirte. La idea no trata sobre la motivación, sino sobre el impulso generado mediante la acción inmediata. Estas son las tres ideas que más me marcaron.

1. A menudo, la acción debe preceder a la motivación, no seguirla. 
Robbins cuestiona la creencia común de que las personas necesitan sentirse preparadas antes de actuar. En realidad, esperar a sentirse listo suele provocar retrasos. El libro sugiere que la motivación es frecuentemente el resultado de la acción, no su causa. Al actuar de inmediato tras tomar una decisión —aunque sea de forma sencilla—, se genera un impulso antes de que la duda pueda apoderarse de la situación. La cuenta atrás de cinco segundos se convierte en un puente entre el pensamiento y la conducta. 

2. La mente se resiste naturalmente al cambio mediante la vacilación. 
Una de las ideas centrales del libro es que la vacilación no es neutral. A menudo, es el espacio donde el miedo, la inseguridad y el exceso de análisis toman el control. A los pocos instantes de decidir emprender algo desafiante, el cerebro empieza a generar motivos para evitarlo. Robbins plantea esta resistencia como una reacción automática, no como un fracaso personal. La regla interrumpe este patrón al desviar la atención del pensamiento hacia la acción física inmediata.

3. Los pequeños actos de valentía se acumulan para transformar la identidad
El libro destaca que el uso reiterado de la regla no se limita a la productividad o a la creación de hábitos; moldea gradualmente la percepción que una persona tiene de sí misma. Cada vez que alguien actúa a pesar de las dudas, refuerza una nueva identidad basada en la determinación de llevar a cabo la acción en lugar de evitarla. Con el tiempo, estos pequeños actos de valentía se traducen en una mayor confianza en uno mismo. 

Mucho después de haber cerrado el libro, lo que perdura es una relación más sencilla con la acción misma. La obra no elimina el miedo ni la duda, pero les resta poder. Permanece como un recordatorio de que la transformación a menudo no requiere una planificación perfecta ni certeza emocional, sino simplemente la disposición a actuar en esos primeros segundos, antes de que la vacilación se convierta en una decisión.



20 agosto 2026

La presencia divina en nuestras vidas

La gente me pregunta cómo superé los momentos más difíciles de mi lucha contra la enfermedad de Lyme.

Les digo la cruda verdad:
No fui yo quien lo superó.

No; algo más vasto que yo mismo me sacó adelante. Algo misterioso y amoroso me sostuvo y me ayudó a atravesarlo.

Cuando mi cuerpo estaba totalmente agotado, cuando mi mente era una niebla aterradora, cuando ya no quedaba energía, voluntad ni fuerzas propias a las que recurrir, cuando no me quedaba nada que dar, algo más profundo que el esfuerzo personal me sostuvo. Me dio aliento.

Era, y es, la Presencia silenciosa que susurra: «Nunca te dejaré, nunca te abandonaré».

Es la llama piloto, siempre encendida.

Es pura Gracia, simple y llanamente: nos sostiene en la oscuridad cuando nosotros no podemos sostenernos a nosotros mismos.

Este fue el gran descubrimiento de mi enfermedad: en lo más profundo del abismo, más allá de lo que creía poder soportar —y más allá incluso de eso—, la presencia divina ya estaba allí.
No estás solo en la oscuridad, amigo; nunca estás solo en la oscuridad.

Jeff Foster



17 agosto 2026

Como se siente encontrarse a uno mismo

Soy escéptica ante los libros de autoayuda ilustrados. Me preocupa que sean superficiales, con bonitas imágenes que enmascaren tópicos vacíos. Me preocupa que sean infantiles, como libros para colorear para adultos que se niegan a madurar. Empecé a leer *Cómo se siente encontrarse a uno mismo* de Meera Lee Patel esperando poner los ojos en blanco y pasar a otro libro. 

Pero no puse los ojos en blanco. Lo leí despacio, página a página, durante muchas mañanas con mi café. Subrayé pasajes. Respondí preguntas en un cuaderno aparte. Lloré un poco, no de tristeza, sino por la silenciosa comprensión de sentirme comprendida. 

Este no es un libro que te grite. No promete una "nueva versión de ti" en treinta días. No ofrece un plan de diez puntos para la felicidad. Es una guía amable, reflexiva y visualmente impactante para la tarea más compleja que existe: descubrir quién eres realmente, no quién crees que deberías ser.

Patel, autora también del aclamado libro «Empieza donde estás», ha creado algo excepcional: una obra que ofrece consuelo y, a la vez, un desafío. El consuelo reside en sus palabras, honestas, tiernas y comprensivas. Escribe sobre sus propias luchas con el propósito, la pertenencia y la inseguridad. Normaliza la experiencia de sentirse perdida, de superar a personas y lugares, de no saber qué depara el futuro. El desafío surge de sus preguntas: «¿A qué te aferras que ya has superado?», «¿Qué harías hoy si no tuvieras miedo a ser juzgada?», «¿Quién eres cuando nadie te observa?». 

El libro está estructurado como una serie de gráficos ilustrados, ensayos breves y preguntas para la reflexión. Las ilustraciones son vibrantes y oníricas, con paletas de acuarela que transitan de azules fríos a naranjas cálidos a medida que el libro avanza de la confusión a la claridad. El diseño es intencional, no decorativo. Cada página invita a detenerse, a respirar, a reflexionar sobre una sola idea. 5 lecciones que aprendí de este libro:

1. No estás perdido, estás en un lugar donde no has estado antes.
 
Esta es la idea central del libro, y es liberadora. Gastamos mucha energía reprochándonos por no saber adónde vamos. Patel sugiere que la sensación de estar "perdido" suele ser simplemente la sensación de estar en un lugar nuevo, un lugar que aún no hemos explorado. La solución no es entrar en pánico, sino ser curioso, explorar y aceptar que no saber no es un fracaso, sino el comienzo del descubrimiento. 

2. Dejar ir no es una traición. 
Patel escribe sobre el doloroso proceso de superar a personas, lugares y versiones de nosotros mismos. Nos da permiso para dejar ir, no con ira ni resentimiento, sino con gratitud por lo que fue y honestidad sobre lo que es. Puedes amar a alguien y aun así necesitar dejarlo atrás. Puedes atesorar un recuerdo y aun así cerrar la puerta. Dejar ir no es una traición, es crecer.

3. Tus sentimientos no son problemas que resolver. 
Tratamos las emociones difíciles como fallos del sistema. Patel propone una relación diferente: la curiosidad. ¿Qué intenta decirte esta tristeza? ¿Qué protege esta ira? ¿A qué apunta este miedo? Los sentimientos no son obstáculos que superar. Son información. Y cuanto más amablemente los abordemos, más claramente se comunicarán. 

4. No necesitas ser especial para merecer algo. 
Esta lección aparece a lo largo del libro, a menudo en los márgenes, en frases pequeñas y fáciles de pasar por alto. Patel argumenta que nos han vendido un mito: que debemos ser extraordinarios para merecer amor, atención y una buena vida. Ella lo rechaza. Mereces algo porque existes. No por tus logros, tu apariencia o tu productividad. Eres suficiente, ahora mismo, tal como eres. No algún día. Hoy.

5. Encontrarse a uno mismo no es un destino, sino una práctica continua. 
El título podría resultar engañoso. Sugiere un momento de llegada, un descubrimiento final. Pero Patel es claro: encontrarse a uno mismo no es algo que se hace una sola vez y se da por terminado. Es una práctica. Un regreso diario. La disposición a volver a plantearse las preguntas, porque las respuestas cambian a medida que uno cambia. El objetivo no es llegar a un punto. El objetivo es seguir participando en el proceso. 

Patel escribe: «Has estado cargando con mucho peso. Las expectativas de los demás. Viejas historias que ya no te sirven. El peso de quien creías que debías ser. ¿Y si, solo por hoy, soltaras algo de eso? No para siempre. Solo por hoy. ¿Qué espacio tendrías entonces?». 

Leí esa frase y dejé el libro. Reflexioné sobre ella durante un buen rato. Me di cuenta de que había estado cargando con cosas que nunca me correspondieron: las decepciones de los demás, mis propios estándares imposibles, una versión del éxito en la que ni siquiera creía. Solté algo de eso. No fue una gran transformación. Fue un pequeño suspiro. Pero ese suspiro ha cambiado mis días desde entonces.



13 agosto 2026

Un clavo, un vidrio, dolor o imaginación

Se me cayó una copa en la cocina.
Un pedacito de vidrio se me enterró en el pie y me duele dar cada paso.
Esperando a que me lo saquen…

Me acordé de DOS historias MUY raras que me contó un amigo.

La primera:
De un obrero que cayó sobre un clavo de 15 centímetros.
Atravesó su bota completa.
El dolor era tan brutal que lo sedaron con fentanilo.

Peeeero….

Al quitarle la bota...
El clavo había pasado entre dos dedos.
No tenía nada… ni sangre, ni medio rasguño. NADA.
(Dudé que fuera cierta. Pero lo es)

Y espera… que la segunda historia es aún mejor.
De otro obrero.

Que le rebotó una pistola de clavos en la cara.
Sintió el golpazo, OBVIO.
Pero se puso hielo, tomó pastillas, y siguió con su vida.
Seis días después, como la “”"muela"””” seguía molestando, fue al dentista.

Radiografía:



Un clavo de 10 cm.
Enterrado en el cráneo.
Entró por el labio.
Seis días vivió pensando que era un moretón.

¿Te das cuenta?

Uno creyó ver el clavo entrar y drama total.
El otro creyó que fue un golpazo nada más, PERO tenía un clavo en el cerebro y le dolía como si fuera un moretón.

Lo loco es...

Que si así funcionan las creencias con clavos gigantescos...

Imagínate con todo lo demás.

Un saludo,

Julián.
PD: Mi pie está bien. Y para mi tranquilidad, no aluciné.
El vidrio sí existía y ya me lo sacaron.

10 agosto 2026

El Camino (de Santiago) de regreso a casa

La mayoría de la gente se prepara para el Camino. 
Entrenan. 
Planifican. 
Eligen el equipo. 
Piensan en la distancia. 
Y eso está bien. 
Pero hay una parte para la que casi nadie se prepara… 

El camino de vuelta a casa. 

Quienes lo hacen por primera vez a menudo no lo ven venir. 
Están concentrados en el camino que tienen por delante. 
Pero quienes ya lo han hecho… lo saben. 
Saben que no son los kilómetros lo que se queda grabado. 
Es el ritmo. 
Caminar. 
Comer. 
Descansar. 
Dormir. 
Día tras día. 

Y de repente… ese ritmo desaparece. 
Estás de vuelta en un mundo que se mueve más rápido de lo que tu cuerpo puede seguir. 
De vuelta al ruido. 
A los horarios. 
A la presión. 
Y algo se siente… raro. 

No porque algo esté mal. 
Sino porque algo ha cambiado. 

Esa es la parte de la que nadie habla. 
Por eso escribí *The Camino Blues*. 

No sobre el Camino en sí. 
Sino sobre lo que sucede después. 
Así que, si te estás preparando para tu caminata… prepárate para ambos sentidos. 
No solo para el camino que tienes por delante. 
Sino también para el camino de regreso a casa. 

Porque ahí es donde comienza la verdadera integración.



06 agosto 2026

El miedo y sus senderos

 Quizá por eso el verdadero viaje no terminó al bajar de la montaña.  Terminó cuando entendí que algunas de las cargas mpas pesadas que llevamos los mexicanos, no van en nuestras mochilas, van en nuestro miedo.

La montaña tiene una virtud poco común: pone todo en perspectiva.  Yo volví a comprobarlo luego de caminar más de 160 kilómetros en una retadora expedición alrededor del Mont Blanc.

El esfuerzo físico terminó siendo apenas una parte de la experiencia, donde lo verdaderamente desafiante no fueron los ascensos -muy demandantes físicamente-, sino los encuentros a los que nos somete la montaña, con uno mismo primero, y el montón de preguntas que aparecen cuando el ruido mental cotidiano se va desvaneciendo con los pasos.

El objetivo era rodear el pico más alto de Europa Occidental (4,805 metros) atravesando Francia, Italia y Suiza, en una de las rutas de senderismo más apreciadas del mundo, por la belleza de sus paisajes y la huella de sus historias.

Apenas hace ocho décadas esos mismo senderos en los valles de Saboya tenían un significado completamente distinto al que hoy atrae a miles de senderistas y alpinistas de todo el mundo.

Durante la Segunda Guerra Mundial eran rutas de supervivencia, en las que se organizaba la resistencia francesa contra la ocupación nazi.

Del lado italiano, muchos encontraron refugio en esas montañas para combatir al facismo.  Civiles perseguidos y puostos aliados derribados, cruzaron esos mismos pasos intentando llegar a la neutralidad de Suiza.

Esos mismo caminos que hoys e recorren buscando paisajes espectaculares, durante la guerra se recorrían para salvar la vida, y esa sola idea me obligó a relativizar cualquier queja que pudiera presentarse en el camino.

Porque hubo jornadas de más de veinte kilómetros con desniveles superiores a los mil trecientos metros.  Horas caminando bajo un sol intenso, calor, falta de sombra y aprendiendo a administrar cada sorbo de agua o reserva de energía.

La montala tiene una regla sencilla: Cada metro cuesta exactamente lo que tiene que costar, donde la naturaleza es tan generosa como amenazante puede ser.  

Los glaciares acompañan prácticamente todo el trayecto, imposibles de ignorar.  Y caminar frente a esas enormes masas de hielo produce una mezcla de admiración y angustia.

Porque hace apenas unas décadas descendían mucho más por las laderas del macizo y hoy retroceden inevitablemente con la acelarada pérdida de hielo, consecuencia del calentamiento global, provocado principalmente por la irresponsable actividad humana.

Mientras caminábamos bajo temperaturas inusualmente altas para esas montañas, los glaciares parecían recordarnos que aquello que creíamos permanentesmente, también está desapareciendo.

Guías y habitantes de la región coincidían en que éste ha sido uno de los veranos con mayor afluencia de senderistas que recuerden.  Personas de todos los continentes recorríamos las mismas veredas.

Dormir en refugios en lo alto de las montañas es un aprendizaje aparte.  Habitaciones compartidas, agua racionada y espacios reducidos a lo estrictamente indispensable, exponen de manera más sabia, que uno necesita mucho menos de lo que imagina.

Y ahí llegó para mí la revelación más inesperada:

Cada tarde dejábamos las mochilas en un espacio común.  Carteras, pasaportes, dinero, equipo.  Todo permanecía durante horas al alcance de cualquiera.  Nadie vigilaba.  Nadie preguntaba.  Nadie desconfiaba.

Yo sí.

Varias veces regresé únicamente para comprobar que mi cartera seguía donde la había dejado.  Nunca ocurrió nada.  Nadie tomó algo que no le perteneciera.

Entonces entendí que el problema no estaba en el refugio, estaba en mí, o mejor dicho, en el país del que vengo.

En México hemos aprendido demasiado bien a desconfiar, antes que a confiar.  Porque nos hemos visto obligados a calcular por dónde caminar, dónde estacionarnos, qué reloj usar, a qué hora sacar dinero del cajero y de qué no hablar.

Lo hemos hecho tantas veces que ya dejamos de verlo como una consecuencia de la inseguridad en la qué vivimos y lo hemos asumido como una forma normal de vivir.  No lo es.

Ése fue para mí el aprendizaje más inesperado en el Mont Blanc.  Yo pensaba que la palabra "resistencia" pertenecía más a la historia de esas montañas, y al final entendí que está en todos, de maneras muy distintas.

Así como está entre quienes alguna vez cruzaron esos pasos huyendo de la guerra, hoy está en una naturaleza que intenta sobrevivir al deterioro que nosotros mismos provocamos.

Está en el cuerpo cuando tiene que dar un paso más después de horas de caminata.  Y también aparece cuando una sociedad aprende a convivir con el miedo hasta dejar de reconocerlo como una excepción.

Quizá por eso el verdadero viaje no terminó al bajar de la montaña.  Terminó cuando entendí que algunas de las cargas más pesadas que llevamos los mexicanos, no van en nuestras mochilas.  Van en nuestro miedo.

La inseguridad es una herida colectiva que ha permanecido abierta durante tanto tiempo que ya dejamos de sentir su peso.  Ésa es, quizá  la victoria más silenciosa y dolorosa de la violencia.

Mónica Garza