Hace justo un año dejaste de estar aquí con nosotros, Dios tenía ese día preparado encontrarse contigo, aunque fue un día difícil y doloroso para ti, te fuiste en paz y tranquila, estuvimos juntas hasta tu último aliento, sabías que no te iba a dejar sola, como tampoco nunca te dejamos ninguno de tus hijos.
Este año sin ti pasó rápido, y es que aunque estuvimos tranquilos con tu partida y el saber que estás hoy en mejor lugar, con salud plena, y disfrutando en la presencia de Dios, la realidad es que no estábamos preparados para la segunda parte, para la tristeza y el vacío de tu espacio que llegaron los días posteriores, al silencio de la casa, a la oscuridad y puerta cerrada, el decirle adiós a algunas de tus cosas, y al constante recordarte y tener tu voz en mi oído, y a llorar tu ausencia, a estar triste, y a romper en llanto en los momentos menos esperados. Un año sin maquillaje en gran parte, porque las lagrimas no piden permiso, solo aparecen, y eso también es bueno. Con momentos de sobresalto olvidando que ya no estás. Y fue muy raro sentir tu perdida y la de papá en conjunto este año.
Tanto papá como tú fueron un pilar de nuestra comunidad, tanta gente los quería y apreciaba sus palabras, consejos, y fueron cercanos a todos, y por supuesto a nosotros también, cada día sus palabras y sus enseñanzas resuenan en nosotros. Dejaron un lugar muy difícil de llenar.
No dejamos de agradecer tus enseñanzas, tu amor demostrado en servicio, tu temple, tu paciencia, tu amor por la gente y tu familia, tus palabras de corrección y consuelo, tu hermosa y potente voz cantando, tus oraciones por todo y por todos cada día, y tu perdón para los que intentaron hacerte daño, y para los que te olvidaron.
Es increíble pensar que esa persona sencilla, amable, empática, bondadosa, generosa, amorosa, con una pasión tan grande por servir a Dios, que hacía todo acompañado de una amplia sonrisa, haya sido el regalo más grande que Dios me dio al elegirla como mi mamá, y que estaré toda mi vida agradecida por eso. La extraño muchísimo, aunque sé que nos dejó el camino trazado para seguir viviendo buscando a Dios cada día en todo e intentar servirle aunque sea un poquito como ella. Siempre extrañaré tus deliciosas comidas hechas con tanto amor.
Terminaste tu tarea, llenaste tu propósito, fuiste una mujer en todo el sentido mujer Virtuosa, Hija, Hermana, Prima, Esposa, Madre, Tía, Sobrina, Suegra, Abuela, Amiga, Hermana (de la religión), etc.
Gracias por tu vida. Siempre en mi mente y corazón.


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