Su alma es pura, y poco le importó que su ropa no fuera de marca, o que fuera la oficial, tampoco le importó que lo miraran entre risas burlonas ni que lo juzgaran en redes sociales.
Ese amiguito se ganó el respeto, porque entiende que cuando hay, hay, y si no hay, no hay tiempo para sentirnos mal, en esta vida se resuelve, le guste o no le guste al mundo. Y sí lo importante son los colores.
Ese niño nos demostró la mayor riqueza de esta vida: aprender a ser feliz con lo que se tiene... y seguramente no habrá jersey que lo haga más feliz, que aquel que un día compre con su esfuerzo.
Muchos fuimos ese niño, y hoy quizás podemos comprar lo que antes quisiéramos, pero no somos ni la mitad de felices, porque no entendíamos que lo que nos hace realmente feliz son los momentos.

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