En un rincón tranquilo de la República Checa, lejos del bullicio de Praga, se encuentra un monumento desgarrador.
Son 82 estatuas de bronce a tamaño real: 42 niñas y 40 niños. Permanecen inmóviles sobre la hierba, mirando hacia el horizonte. Algunos parecen buscar a sus padres. Otros se apoyan en sus compañeros. Ninguno sonríe.
No son figuras simbólicas. Cada rostro fue modelado a partir de fotografías reales de los niños de Lidice.
La historia comenzó el 10 de junio de 1942. Como represalia por el atentado contra el alto oficial nazi Reinhard Heydrich, las fuerzas alemanas arrasaron por completo el pequeño pueblo de Lidice. Los hombres fueron fusilados, las mujeres deportadas a campos de concentración y los niños separados de sus familias.
De los niños de Lidice, 82 fueron asesinados en el campo de exterminio de Chełmno. Solo 17 sobrevivieron a la guerra.
Décadas después, la escultora checa Marie Uchytilová decidió dedicar su vida a devolverles un rostro y un lugar en la memoria. Trabajó durante casi veinte años estudiando fotografías, edades y rasgos de cada uno de ellos para que ninguna figura fuera igual a otra.
Terminó los modelos en yeso en 1989, pero falleció antes de ver la obra concluida. Gracias al esfuerzo de su esposo y a miles de donaciones, las esculturas fueron instalándose poco a poco hasta completarse en el año 2000.
Si visitas la República Checa, Lidice merece mucho más que una parada rápida. El memorial se encuentra a menos de 30 minutos de Praga y forma parte de un amplio recinto que incluye museos, jardines y el impresionante rosal con más de 24.000 plantas en memoria de las víctimas.

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