A diferencia de un recuerdo convencional que uno compra principalmente para sí mismo, el *omiyage* suele elegirse para compartirlo con los demás; a menudo se trata de un dulce o un producto gastronómico de la región, envuelto individualmente y fácil de regalar.
Su valor no reside necesariamente en el precio, sino en el gesto de traer algo a casa para otra persona.
En su forma más sencilla, es un mensaje entrañable: «Estuve fuera, pero me acordé de ti».
Las cuatro reglas de un *omiyage* perfecto:
Las cuatro reglas de un *omiyage* perfecto:
1. Debe estar envuelto individualmente.
2. La cantidad debe ser suficiente.
3. Debe representar el lugar de destino.
4. La presentación debe ser hermosa.

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