Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

24 marzo 2011

No tengas miedo

Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar.  "No tengáis miedo", dice Jesús en el Evangelio.  Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias:  "No temáis..., no os preocupéis..., no os aflijáis..."  pero nosotros hemos hecho una religión llena de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

Había una madre que no consegía que su hijo pequeño regresara a casa antes del anocher, después de jugar.  Para asustarlo, le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol.  Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse.  Pero cuando creció tenía tanto miedo a la oscuridad y al los espíritus que no había manera de que saliera de noche.  Entonces su madre le dio una medalla y lo convenció que mientras la llevara consigo, los espíritus no se atreverían a atacarlo.  El muchacho salió a la oscuridad bien asido de su medalla.  Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.

La buena religión te enseña a liberarte de los fantasmas, y la mala a fiarte de las medallas.  No metamos a Dios en los fantasmas.


Anthony de Mello
(Autoliberación interior)

23 marzo 2011

Decálogo

Por Matthieu Ricard

Vejez:  Cuando la agudeza mental y la acción disminuyen, es tiempo de experimentar y manifestar cariño, afecto, amor y comprensión.

Muerte:  Forma parte de la vida, rebelarse es ir contra la propia naturaleza de la existencia.  Sólo hay un camino: aceptarla.

Soledad:  Existe una manera de no sentirse abandonado: percibir a todos los hombres como parte de nuestra familia.

Alegría:  Está dentro de cada uno de nosotros.  Sólo hay que mirar en nuestro interior, encontrarla y transmitirla.

Identidad:  No es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ni la que proyectamos.  Es nuestra naturaleza más profunda, esa que nos hace ser buenos y cariñosos con quienes nos rodean.

Conflictos de pareja minimizarlos:  Es muy difícil pelearse con alguien que no busca la confrontación.

Familia:  Requiere el esfuerzo constante de cada uno de sus miembros, ser generoso y reducir nuestro nivel de exigencia.

Deterioro físico:  Hay que aprender a valorarlo positivamente.  Verlo como el principio de una nueva vida y no el principio del fin.

Relaciones sociales:  Es más fácil estar de buen humor que discutir y enfadarse.  Lo ideal es seguir siendo como somos y utilizar siempre que podamos la franqueza y la amabilidad.

Felicidad:  Si la buscamos en el sitio equivocado, estaremos convencidos que no existe cuando no la encontremos allí.




Rio Ganges, Photo by Matthieu Ricard
 

22 marzo 2011

Victimas del miedo

Hay en India una bella y aleccionadora historia.

Estaba un viejo junto a un camino, sentado junto a la sombra de un árbol.
Acertó a pasar por allí el espíritu de la peste. 
El viejo le preguntó: ¿A dónde vas?
El espíritu de la peste dijo: Voy a Benarés. Tengo la misión de matar a un centenar de personas.

Pasaron unos días y en Benarés murieron miles y miles de personas, víctimas de la peste, según decían las noticias, que se divulgaron y llegaron a oídos del viejo.
Cuando el espíritu de la peste volvía de cumplir su mortífera misión, se encontró nuevamente con el viejo.
Este, le recriminó al espíritu de la peste porque le había mentido: Dijiste que ibas a matar a cien y has matado a miles. 
No, no, contestó el espíritu de la peste, yo solamente maté a cien.  El miedo mató a los demás.

Miles de veces los estados de ánimo los abandonamos en manos de unas u otras ideas.
Unas ideas provocan miedo y el miedo trastorna el organismo humano y mata.

Dicen muchos: Cambia las ideas negativas en positivas. Vive con ideas positivas y tendrás salud.
Mi voz interior me dice: No vivas de ideas. Vive de tu realidad conocida y sentida por tí mismo.
Tu realidad es La Vida. 

Ninguna idea sobre la vida te dará más vida que La Vida misma.
No vivas en manos de ninguna idea. Las ideas están en ti. No estés y dependas tú de las ideas.
Si te apoyaras en ti, en tu realidad, y no en ideas no temerías nada ni a nadie. Las ideas de miedo pasarán por el cielo de tu vida. Y las mirarás al pasar como se mira una nubecilla viajera pasear por el sereno cielo azul.  Las ideas van y vienen. Pero muchos las albergan en su alma y se convierten en señores y dueñas de sus vidas.  El miedo, los miedos, todos los miedos son producidos por ideas.

Cambia, si quieres, tus ideas. Pero ante todo cambia lo único que te dará seguridad verdadera en todo momento: cambia tus ideas por tu verdadera realidad. No dejes el timón de tu vida en manos de ninguna idea por bella o positiva que ella parezca. Toma el timón en tus propias manos. Eres tú, es tu realidad, es tu inteligencia, es tu amor, el verdadero dueño de tu vida y de tus sentimientos. Estamos bombardeados por palabras y frases: Ten pensamientos positivos, ten actitud positiva en tu mente, vive de ideas positivas, cambia tus ideas negativas en positivas, etc...

Todo eso está bien. Pero no es lo mejor, porque aunque cambies tu modo de comportarte y tu actitud ante la vida mejore, todo ese cambio es inestable como inestables son las ideas en que se apoya. Empieza a ser persona de verdad siendo tú el único conductor consciente, firme, de tus acciones y de tu vida, apoyando tus pensamientos y sentimientos en lo que nunca cambia: tu realidad, tu SER.
¡No temas! Desecha toda idea de miedo.
Acógete a tu Ser que es el mismo Ser de Dios.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)

21 marzo 2011

Más vida por cada vida

Cuando reflexionas sobre los años que ya se han ido, ¿qué tan bien los viviste? ¿qué memorias maravillosas permanecen? ¿el día que engañaste al portero y entraste al colegio, la tontería más grande del año y los días que eras más travieso?  ¿cómo puede alguien recordar los días “normales cuando todos los días eran iguales?  Amigo mío, pregúntate si el año anterior viviste 365 días diferentes o viviste el  mismo día 365 veces.
 
La vida es un regalo maravilloso, pero la vida está hecha de diversas experiencias.  Vives distintos eventos y esas experiencias quedan grabadas en tu mente en forma de hermosos recuerdos.  Así que no son importantes los años de tu vida, sino la vida en tus años.  Una vida sin experiencias nuevas es como la muerte, ya nada es nuevo.  Quizá esa sea la mayor diferencia ente alguien de dos años y alguien de ochenta y dos.
 
Vamos a inventar una nueva unidad para medir nuestra experiencia en la vida – no de manera cronológica.  La unidad se llama “cuentos del abuelo”.  Cuando tengas la edad de tus abuelos, ¿cuántas historias tendrás para contar a tus nietos? ¿Historias sobre tus aventuras y de cuánto te divertiste cuando eras joven?  La pregunta es, ¿cada día es una historia nueva o cada días es una repetición?  Vale la pena pensarlo.
 
Vamos a verlo de otra manera.  Si tu vida pasara por televisión en un canal de 24 horas, ¿qué tan interesante sería verla?  ¿Disfrutarías verte a ti mismo en vivo?  Para la mayoría de las personas, la respuesta sería un no.  ¿Por qué otra razón necesitamos entretenernos con películas y programas de televisión?  ¿Nuestra vida no podría ser tan interesante y absorbente como para no volver a ver otra telenovela?  Es irónico que, a pesar de saber que la vida crece en los momentos que son nuevos y desconocidos, ¡muchos sentimos pánico!  Tenemos tanto miedo de intentar algo nuevo –ya sea conocer gente o hacer cosas nuevas.  ¡No queremos crear más cuentos del abuelo!
 
Amigos míos, entonces salgamos de nuestros capullos y convirtámonos en mariposas que revoloteen con valentía.  Vamos a divertirnos y a disfrutar porque este momento no regresará jamás, vivamos…. ¡más vida por cada vida!

Abhishek Thakore
Photo by David Robledo

19 marzo 2011

Oir y atender

No sé dónde ni cuándo oí esta historia.

Un sacerdote estaba leyendo su brevario en el atrio de su iglesia.  Se le acercó un borrachito, el borrachito del pueblo, con un periódico en la mano y le preguntó:  "Padre, ¿qué es la artritis?"  El cura lo miró despectivamente y siguió leyendo.

El borrachito insistió una y otra vez caminando junto a él y con su pregunta insistente: "Padre, ¿qué es la artritis?"
El cura, cansado, le respondió: "¿Sabes qué es la artritis?  Es la enfermedad de los que se emborrachan y van con mujeres como tú, de los que no trabajan y son viciosos, eso es la artritis".  Y siguió leyendo.  Pero al momento se volvió hacia el borrachito y le preguntó: "Dime, ¿por qué quieres saber qué es la artritis?"   Y el borrachito le dijo:  "Es que aquí en el periódico dice que el Papa tiene artritis".
Es importante atender y comprender a los que nos hablan, sin despreciar a nadie.  Las actitudes despectivas nos dan muchas sorpresas.


Oímos y atendemos con poco interés a los demás.  Eso impide que los comprendamos.  Solemos estar encastillados en nuestro propio torreón.

Dario Lostado
(Despertar a la conciencia día a día)

18 marzo 2011

Libertad de palabra

Por Swami Chidvilasananda
 
Cada persona aprecia y respeta la libertad.  Cuando se usa adecuadamente, aporta lo mejor del ser humano, pero a menudo la gente olvida el auténtico propósito de la libertad.  La buscan por todas partes y cuando finalmente llega a su vida, raramente saben cómo vivir con ella.
 
Entre las muchas libertades que la gente aprecia, la libertad de palabra es una de las principales.  La libertad de palabra es un valioso privilegio, un regalo de gran valor, pero la gente suele olvidar que conlleva una responsabilidad impresionante.
 
La gente suele pensar que la libertad significa tener vía libre para satisfacer los apetitos del ego.  Muy a menudo, se busca la libertad para colmar los insaciables deseos del ego, y en este proceso la consciencia de un bien superior cae en el olvido.  En esta precipitada carrera hacia la gratificación de los apetitos del ego, es fácil olvidarse de las virtudes que hacen que la vida merezca ser vivida:  autocontrol, moderación y consideración por el bien de los demás.  Es fácil olvidarse de lo que beneficia a la sociedad en su conjunto.  Sin saber cómo, uno deja de tener presente que la mano de Dios está en todas las cosas y el discernimiento adecuado simplemente desaparece.  Se evapora la habilidad de distinguir entre los placeres a corto plazo y la felicidad duradera.  Y así, aún cuando obtienes lo que es más beneficioso para ti, no te das ni cuenta.
 
En nombre de ejercer la libertad, de experimentar la libertad, el individuo a menudo se ciega ante lo que da valor a su vida, se ciega ante las virtudes que están escondidas dentro de sí mismo, virtudes que el mundo entero merece y necesita.  Por lo tanto la libertad de palabra no es un derecho que puedas ejercer, sino que la libertad es un estado que el habla pura engendra dentro de ti.  Nunca la subestimes.  El habla pura crea un hermoso ambiente dentro de ti.  Es la forma en que mantenemos viva la intrincada y única bondad de cada cultura, a través de historias, canciones populares, parábolas, poesía, teatro, etc.  Es una de las formas principales en que nos comunicamos unos a otros el amor de Dios.
 
La libertad de palabra es un atributo divinamente humano.  Sin embargo, cuando se abusa de ella, cuando la pones al servicio de cada uno de tus caprichos y apetencias, ya no puede satisfacer su propósito innato.  Es como tomar una copa de dulce néctar, mezclarlo con veneno y ofrecérselo a todo el que te encuentres.  Al principio puede que el habla impulsiva y descontrolada parezca atractiva, verdaderamente muy atractiva, pero el resultado final es espantoso.  Decir todo lo que te apetece es, de alguna manera, como cavar tu propia tumba, como resbalar hacia las fauces de la muerte, la muerte de la moralidad, la muerte de la armonía, la muerte de la conciencia pura.  Cuando dices todo lo que te viene en gana, ahogas la tranquila voz de la voluntad de Dios.   El libro de Los Proverbios dice “cuando las palabras son muchas, la transgresión no falta.  Pero aquel que restringe sus labios es prudente”.
 
¿Te has dado cuenta alguna vez de lo que ocurre cuando hablas y hablas sin parar?  Gradualmente, casi sin darte cuenta, abandonas la esfera del control.   A menudo acabas diciendo más de lo que pretendías.  Das realidad a cosas que ni siquiera querías decir.   Contemplas después de haber dicho algo, en lugar de hacerlo antes de decirlo, de manera que tienes el doble de trabajo.  Cuando hablas sin parar, cuando dices lo que te apetece, hay un cierto tipo de satisfacción durante un rato, pero al mismo tiempo estás muy confundido acerca de esta satisfacción. 
 
Habiendo sucumbido a este tipo de cosas una vez, dos veces, o tres, comienzas a creer que es necesario.  Crees que es tu estilo de hablar y así es como vas a hablar siempre.  Crees que es tu manera de ejercer la libertad de habla.  Usas la libertad de habla para servir a tu impulso descontrolado de hablar.  En ese estado que has creado para ti mismo, es muy difícil cantar la gloria de Dios.  Cuando no hay control en tu habla, disminuyes el poder de tus virtudes.
 
El autocontrol no es contrario a la libertad de habla, sino que en realidad fortalece este gran poder.  El control embellece tu habla y hace que tus palabras sean todavía más apreciadas.  Como dice el verso del Proverbio: “aquel que restringe sus labios es prudente”.  El control honra a la persona que tiene la libertad de escoger las palabras y que posee control sobre su habla.  La palabra prudente posee muchas facetas brillantes y grados de significado.  Significa: sagaz, cauto, discreto, sensato, sensible, cuidadoso, frugal, astuto, perspicaz, ponderado, juicioso, inteligente, sabio.  Con estas cualidades puedes utilizar el poder del habla, la libertad de habla.
 
No puedes arriesgar estas excelentes características en nombre de la libertad de habla.  Debes comprender lo que realmente significa esta libertad.  Cuando estas virtudes gobiernan tu elección de palabras  y cuando tus palabras se emiten en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con la gente adecuada, entonces la libertad de habla alcanza su cenit.  Adquiere su auténtica gloria.  De esta forma glorificas la libertad de habla.  No debes usarla como una sirvienta.  Este poder es capaz de crear un mundo que puede transformar y elevar la conciencia de los demás.  Puede ofrecer una gran ayuda a la gente con la que te encuentras y aliviar un corazón lleno de pesar.  Con la pura libertad de habla puedes consolar realmente a aquellos que están tristes.  Y un habla así también renovará tu propia vida continuamente.   Al igual que el amor y el respeto deben ser renovados con cada amanecer,  el habla debe ser contemplada antes de que nazca bajo la forma de sílabas y palabras.    Experimentar este poder del habla es estar verdaderamente lleno de entusiasmo y cantar la gloria de Dios.
 
Cuando hablas sin contemplación, ¿a quién le sirve? A nadie en realidad.  Cuando usas las palabras como armas, ¿qué estás haciendo?  Estás lejos de cantar la gloria de Dios.  Cuando tus palabras están llenas de desdén y las esparces por doquier, la destrucción que causan es peor que una bomba atómica, la reacción dura por siempre.
 
Habla sabiamente o quédate en silencio.  Cuando se usa el silencio con discernimiento, es tan poderoso como el habla misma.  Cuando el habla se usa con buen juicio, es tan fuerte como el silencio.  A veces cuando la gente habla sientes que estás en el seno del silencio.  Te sientes muy en paz contigo mismo y de hecho, buscas su compañía.  Sus palabras están tan llenas de néctar que cuando hablan quieres estar en su compañía.
 
Siempre puedes reconocer el buen o mal carácter de una persona por la forma en que emplea el  lenguaje.  El poder de las palabras es tan grande que pueden alumbrar las nubes más obscuras y revelar la magnificencia del sol dorado.  El habla puede infundir dulce esperanza en el corazón de la humanidad o puede crear un sentimiento de fatalidad inminente que haga desaparecer toda esperanza y valentía.  Siendo este el caso, comienzas a percibir lo delicada que es realmente la libertad de habla.  Es hermosa, es fuerte, es maravillosa, es benevolente y al mismo tiempo, al igual que una flor, es muy delicada.
 
La propia naturaleza de Dios es libertad.  Por tanto, experimentar libertad es experimentar a Dios.  Y dejar que tus palabras fluyan libremente desde el nivel más profundo de tu ser es cantar la gloria de Dios.
 
Si puedes usar la libertad de habla de esta forma, entonces has honrado la libertad.  Al honrar la libertad de habla, estás honrando todos los tipos de libertad a los que tienes derecho.  Y puedes disfrutar de la experiencia de la libertad.  Puedes hablar sin tener que morderte la lengua.  En lugar de eso, puedes usar la lengua para degustar la buena comida que esta tierra provee para nutrir tu ser y tu vida, y puedes decir palabras auténticas desde el nivel más profundo de tu ser.