Hace más de mil años, alguien tuvo una taza especial para beber cacao.
Y sabemos que era para cacao porque… lo escribieron en ella.
Los mayas pintaron e inscribieron vasijas extraordinarias que hoy nos permiten saber mucho más sobre cómo vivían, qué celebraban y también qué bebían.
Y un brebaje tan especial no podía más que tener un recipiente especial para beberlo, se trata de vasos chocolateros en los que los alfareros pusieron empeño estético al estar hechos de cerámica policroma y grabados delicadamente con tinturas. En algunas aparecen textos jeroglíficos que identifican el contenido o el uso del recipiente.
Y una de esas inscripciones habla de algo que conocemos muy bien: cacao.
Es difícil no imaginar la escena.
Alguien sosteniendo aquella vasija entre las manos.
El cacao recién preparado.
La espuma.
El aroma.
Una bebida que tenía suficiente importancia como para tener recipientes creados e identificados especialmente para ella.
Más de mil años después, seguimos teniendo nuestra taza favorita.
Seguimos calentando agua.
Seguimos buscando esa espuma perfecta.
Y seguimos encontrando algo especial en sentarnos unos minutos a beber cacao.
Las vasijas cambiaron.
Las cocinas cambiaron.
Nosotros cambiamos.
El ritual de preparar una taza de cacao sigue aquí.
Y nos parece precioso que siga siendo parte de nuestra historia.
Los vasos chocolateros a los que hacemos referencia están bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) instancia que data la creación de estos artículos en el periodo Clásico 200 d.C – 800 d.C.



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