Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

28 abril 2011

Entrega tu arma

Teofano, un monje cisterciano residente el Monasterio de San Benedicto en Snowmass, Colorado, vió a otro monje trabajando solo en el jardín de vegetales. Se acercó y se puso de cuclillas a su lado y le dijo:

"Hermano, ¿Cuál es tu sueño?".

El lo miro directo a los ojos con su cara radiante y le dijo:

"Me gustaría ser un monje".

"Pero hermano,-replicó Teofano - usted es monje ¿O no?"

"He estado aquí por 25 años, pero aun porto un arma" y saco un revolver de su funda bajo el habito blanco. Se veía tan extraño que un monje portara un arma.

Teofano le preguntó: "¿Y no le permitirán ser un monje hasta que usted renuncie a portar un arma?""

"No, no es eso. La mayoría de los otros monjes no sabe que yo porto un arma, pero yo lo se", contesto el atribulado monje.

"Entonces, ¿por qué no renuncia a su arma y la entrega?" preguntó Teofano

"Creo que es porque ha estado conmigo mucho tiempo. Fui muy herido, y heri mucho a otros. Pienso que no me sentiría confortable sin esta arma", le contesto el monje de la pistola.

"Pero usted se ve muy incómodo teniendola", replico Teofano.

"¿Por que no me da el arma?" le susurró mientras comenzaba a temblar por su posible reacción a tal petición.



El monje, sin embargo, le entregó el arma y lagrimas empezaron a caer a tierra mientras abrazaba a su hermano Teofano.

La mayoría de nosotros portamos un arma -algún medio físico o emocional para protegernos y sentirnos seguros, escondido bajo el ropaje de nuestra posición en el mundo. Es relativamente fácil esconder nuestra arma la mayor parte del tiempo, pero sabemos que está ahí y que es incongruente con la persona que Dios nos ha llamando a ser.

Sabemos también que si nos descuidamos subitamente, el arma que ocultamos podría causar mucho daño. Nos sentimos incomodos de vivir con ella, pero tenemos temor de vivir sin ella. Algunas veces soñamos con ser libres, o de viajar sin necesidad de empacar un arma en nuestra valija.

Apegarnos a nuestro patrones defensivos o de autoprotección es una clara manifestación de nuestra falta de disposición a rendirnos. Pero, hay otro deseo que es mayor que nuestro deseo de sentirnos seguros. Es nuestro deseo de vivir la vida en libertad que Dios nos llama a vivir. A veces Dios nos susurra, "¿Por que no me entregas tu arma?" Sentimos temor a pesar de la libertad que nos promete responder a esta solicitud, cambiando el temor por la esperanza. Y conforme estamos listos a renunciar nuestras lagrimas tocan el suelo y al fin podemos experimentar libertad.

27 abril 2011

Humildad y valentía

La verdadera valentía está entretejida con la humildad.  Al igual que la valentía, la humildad contiene un poder inmenso.  Ser humilde no significa ser débil o sumiso.  La verdadera humildad surge naturalmente cuando reconoces la gran luz, el poder divino que existe no sólo dentro de ti, sino dentro de todos por igual.  Quien es humilde puede parecer muy blando, pero en realidad su fortaleza es grande.  De la misma manera, quien es valeroso puede parecer atrevido y autosuficiente, pero en realidad su corazón está lleno de humildad, pues sabe que la valentía surge de una fuerza divina.  La humildad y la valentía están entretejidas.

No importa lo que la vida te presente: un buen consejo, una beca, comida, la abundancia de la naturaleza o una amable advertencia; recíbelo con un corazón humilde. En todo lo que llegue a tu vida -más responsabilidad, una felicitación sincera, un ascenso, una ganancia imprevista, un sufrimiento inesperado, un vecino desagradable o gente que te haga la vida difícil-, la humildad es siempre la respuesta más noble.  Es también la más constructiva.

Si eres humilde, entonces esas situaciones se expandirán o disminuirán de la manera más natural, dependiendo de lo que sea necesario que suceda en un momento dado.  Lo bueno permanecerá y lo malo se desvanecerá.  Con humildad, te puedes beneficiar de la buena fortuna y liberarte del sufrimiento.  Por eso, sigue los pasos de los valientes.  Sigue el camino de la valentía.

Swami Childvilsananda
(Valentía y contentamiento)

Photo by David Robledo

26 abril 2011

El enemigo del amor no es el odio, sino el miedo

"Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber...   No te dejes vencer por el mal, antes vence con el bien el mal."

Rm 12: 20-21

• Pensamientos •

Liberarte del odio es lo mismo que liberarte de tu miedo, pues el miedo es lo que produce el odio.

Y si el miedo es por ti mismo, es que te estás odiando, y si anida el odio en ti, odiarás a todo el mundo.

El hombre es libre, pero no existe libertad para distorsionar el bien.

Sólo un loco o un dormido hacen el mal —los que no saben lo que es la libertad o no tienen libertad para ser ellos mismos— porque son esclavos de sus compulsiones o sus miedos.

Cuando puedas limpiar tu corazón de todos los apegos y aversiones, verás a Dios.

"Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas —dice Pablo—,
¿de qué me serviría si no amo?".

Este modo de ver de Pablo se consigue viviendo, y este modo de ser nace de estar despierto, disponible y sin engaños.

El místico es el que es capaz de liberarse completamente del miedo, por eso no es violento.

El enemigo del amor no es el odio, sino el miedo.

El odio es sólo una consecuencia del miedo.

No hay que violentarse con nada ni para mejorarlo ni para cambiarlo.

Lo que es, es, y sólo lo es por su propia causa; nada te puede dañar si estás despierto.

Cuando una persona no tiene antipatías ni apegos, su amor renace, crece.

Conocerá entonces el amor. De otra manera, estará solamente ocupada con algunas imágenes en su mente. Ningún apego, ninguna aversión, sólo amor; percibe y aceptarás de corazón lo que sea.

El establecimiento de relaciones es sólo posible entre personas conscientes, las personas inconscientes no pueden compartir amor. Ellas pueden solamente intercambiar deseos, exigencias, mutuas lisonjas y manipulación.

Prueba tu amor, para ver si es consciente.

Cuando tu deseo particular es contrariado o negado por la persona amada,
¿con qué rapidez tu apego se transforma en resentimiento?

La religión no es una cuestión de rituales o estudios académicos.
No es un tipo de culto o de buenas acciones.
Religión es arrancar las impurezas del corazón.
Este es el camino para encontrar a Dios.

Si quieres cambiarte a ti mismo, tendrá que ser en base a comprensión, intuición, conciencia, tolerancia, sin violencia.

Pues eso mismo necesitan los demás.

Lo que importa es responder a Dios con el corazón.

El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierre a la Verdad.

Si no cambiamos espontáneamente es porque ponemos resistencia.

En cuanto descubramos los motivos de la resistencia, sin reprimirla ni rechazarla, ella misma se disolverá.

Cuando en nosotros hay sensibilidad, no se necesita violencia alguna para conseguir las cosas que necesitamos.

Nunca podrás amar a los demás si te detestas a ti mismo.

Amargura en relación con los demás: es esencial para la vida de oración eliminarla por completo; psicológicamente es útil desprenderse de ella.

Amargura en relación con Dios: no temer sentirla, para poder desahogarla en su presencia.

Un ambiente claro produce una unión más profunda.

Nadie hace las cosas malas adrede, fríamente, por maldad, por la sencilla razón de que el componente sustancial de nuestro ser es el amor, la bondad, la felicidad, la belleza, la inteligencia como luz de la verdad.

Si esta sustancia está ahogada por los miedos, por el sufrimiento, la única solución es sacar lo que estorba.

En la violencia del místico no hay nada personal.

No hay en él violencia que venga del miedo, ni del desprecio, ni de exigencia alguna.

Puede violentarse con el otro para defenderse del mal del otro, pero lo hará sin emociones, aunque estará lleno de amor.

Anthony de Mello

25 abril 2011

Ocúpate de tus propios asuntos

Sólo puedo encontrar tres tipos de asuntos en el universo:  los míos, los tuyos, y los de Dios.  (Para mí, la palabra Dios significa "realidad".  La realidad es Dios, porque gobierna.  Todo lo que escapa a mi control, al tuyo y al de cualquier otra persona es lo que yo denomino "los asuntos de Dios").

Buena parte de nuestras tensiones provienen de vivir mentalmente fuera de nuestros asuntos.  Cuando pienso: "Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías ser puntual, necesitas cuidar mejor de ti mismo", me estoy inmiscuyendo en tus asuntos.  Cuando me preocupo por los terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muete, me estoy inmiscuyendo en los asuntos de Dios.  Si mentalmente estoy metida en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es la separación.  Fui consciente de esto hace tiempo, en 1986.  Cuando, por ejemplo, me inmiscuía mentalmente en los asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: "Mi madre debería comprenderme", experimentaba de inmediato un sentimiento de soledad.  Y comprendí que siempre que me he sentido herida o sola, he estado inmiscuida en los asuntos de otra persona.

Si tú estás viviendo tu vida y yo estoy viviendo mentalmente tu vida, ¿quién está aquí viviendo la mía?  Los dos estamos ahí.  Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en los míos.  Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona.

Pensar que yo sé lo que es mejor para los demás es estar fuera de mis asuntos.  Incluso en nombre del amor, es pura arrogancia y el resultado es la tensión, la ansiedad y el miedo.  ¿Sé lo que es adecuado para mi?  Ese es mi único asunto.  Permíteme trabajar en eso antes de tratar de resolver tus problemas por ti.

Si comprendes los tres tipos de asuntos lo bastante para ocuparte de los tuyos propios, este conocimiento puede liberar tu vida de una manera que ni siquiera eres capaz de imaginar.  La próxima vez que sientas tensión o incomodidad, preguntate de quién son los asuntos en los que te ocupas mentalmente, ¡y quizás estalles en carcajadas!  Esa pregunta puede devolverte a ti mismo.  Tal vez llegues a descubrir que, en realidad, nunca has estado presente y te has pasado toda la vida viviendo mentalente en los asuntos de otras personas.

Y si practicas durante un tiempo, quizá descubras que en realidad no tienes ningún asunto y que tu vida funciona perfectamente por sí misma.

Byron Katie
(Amar lo que es)

23 abril 2011

Amar al projimo como a ti mismo, no más que a ti mismo

Amar al prójimo menos que a sí mismo es de egoístas que no saben que al no amar suficientemente a los demás tampoco se aman bien a sí mismos.
Amar al prójimo más que a sí mismo es propio de acomplejados con el infantil complejo de inferioridad pensando que ellos son unos pobres diablos indignos de ser amados hasta por sí mismos.
Los que pretenden amar a los demás, más que a sí mismos generalmente quieren verse a sí mismos como generosos y sacrificados por los demás.  También quieren ser tenidos por los demás como altruistas y ejemplos de sacrificio generoso.

Amar al prójimo antes o después que a sí mismo es ignorar que al amar, tú estás en el otro, el otro en ti, Dios en ti y en el otro y tú y el otro en Dios porque el amor es Dios, y Dios es amor.
Ama al prójimo como a ti mismo.  Es la sabiduría más perfecta.  Tan sencilla que sólo los sencillos de corazón la entienden bien.  Porque la verdad se les descubre a los sencillos y humildes y se les oculta a los orgullosos y soberbios.

Amar al prójimo como a ti mismo quiere decir: Todo lo verdaderamente bueno que quieres para ti, quiérelo para los demás. Todo lo verdaderamente bueno (no sólo agradable) que haces para ti hazlo también a los demás.  Ni más ni menos. Ni antes ni después.  Lo mismo, siempre y al mismo tiempo.
Amar a los demás como a sí mismo es sencillo, sabio, armonioso y perfecto.
Es sabio porque es conocer que todo pensamiento, acción, sentimiento o palabra que procede de ti dirigida a los demás te beneficia a ti como a los demás.  Esto lo sabrás de verdad cuando lo compruebes en tu propia vida.  El verdadero conocimiento intelectual va acompañado de acción, si no, ya no es verdadero conocimiento... Amarás al prójimo como a ti mismo.

Esta fundamental ley de oro de la Biblia y de la perfecta convivencia humana es completamente clara y sencilla.  Nos gusta a todos que los demás la cumplan con nosotros.  Pero no son muchos los que la cumplen con los demás.  Algunos pretenden aparecer más generosos amando a los demás más que a sí mismos.  Pero no se trata de tener momentáneos arrebatos de generosidad mal entendida.
Se trata de que cada día, cada momento, nuestra actitud sea generosa y amorosa con quienes viven junto a nosotros.  No con los que viven en países lejanos o barrios marginados solamente.
También con ellos. Pero antes y principalmente con los que conviven con nosotros, con los próximos a nosotros, que suele ser más difícil.
Lo bueno que quieres para ti, ¿lo quieres también de corazón para tus hermanos, tus familiares, tus vecinos, tus compañeros de trabajo?

Ámate bien. Ama igualmente bien a tus prójimos. No es tan fácil amarse bien.
Cuando buscamos o conseguimos ciertas satisfacciones que halagan momentáneamente nuestros sentidos pero desequilibran nuestra vida y nos dejan una profunda insatisfacción interior, no nos estamos amando de verdad.  De momento podemos pensar que hacer lo que nos gusta es quererse bien. Pero no lo es. No siempre lo es. Eso puede ser válido en cierto sentido para un perro, incapaz de tener otras aspiraciones superiores.
Los padres que dan a sus hijos gustos que les perjudican en su salud o formación los aman peor que aquellos que se los niegan.
Lo mismo nos pasa a nosotros con nosotros mismos.
El pequeño, egoísta y caprichoso yo que todos llevamos dentro nos pide a veces caprichos inconvenientes aunque sean agradables de momento. 
Cuando nuestra vida está gobernada por ese pequeño y caprichoso yo, cumplimos sus exigencias con los efectos nefastos consiguientes.
Cuando nuestra vida está, por el contrario, gobernada por el verdadero, humano y luminoso yo profundo, sabe imponerse sin violencias ni represiones absurdas.
Las violencias y represiones inconscientes no son del yo verdadero.
Todo ocurre entonces con orden. Pero es necesario que el verdadero y profundo yo nuestro tenga las riendas del mando de nuestra vida habitualmente, frecuentemente, y si fuera posible, siempre.
Entonces el pequeño, y egoísta yo pataleará y gritará estrepitosamente.
Si nos amamos a nosotros mismos con este verdadero y profundo yo, si nos amamos de verdad, fácilmente amaremos a nuestros prójimos como a nosotros mismos.
Si nos amamos con ese pequeño y caprichoso yo surgirán innumerables conflictos en nosotros mismos y en la relación con los demás.

Ámate bien. Y amarás a los demás bien.  Esto no es teoría.
Quizás el desconocimiento de estos mecanismos nuestros que parecen simple teoría, ha hecho que tengamos una relación errónea con nosotros mismos y con los demás.
Ama de verdad y haz lo que quieras.
Entonces no habrá problema del antes o el después, del más o el menos.
Al amar de verdad, amarás a los demás como a ti. Y a ti como a los demás.
No habrá conflicto entre ti y los demás, entre el amor a ti y a los demás.
El conflicto sólo existe cuando detrás de lo que llamamos amor al prójimo se esconden otros intereses.
A veces no amamos a los demás sino que amamos la satisfacción que sentimos al amar.
O amamos el premio que se nos da o se nos dará por eso que llamamos amar.

Amar al prójimo es desear con toda el alma su bien, su mejor bien. Y ayudarle a que él realice su misión de persona.  Entonces también tú estarás realizando tu misión de persona que es en parte ayudar a que los otros se realicen.  Tu realización se complementa con la ayuda a la realización del otro.
El verdadero amor a ti será también el amor al otro.
El amor al otro será una extensión del verdadero amor a ti.
El que se ama de verdad, trabaja por su propia realización y ayuda a que los otros también se realicen. No los realizará él, ni los obligará a las buenas o a las malas sino que los ayudará a que se realicen, ejercitando su propia naturaleza libre.
Ama a los demás como a ti mismo.
Ni más ni menos. Ni antes ni después.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)
Photo by Edith

22 abril 2011

Amor es el cuerpo de Cristo

He experimentado muchas debilidades humanas,
muchas flaquezas, y continúo experimentándolas.

Pero es necesario que las aprovechemos.
Necesitamos trabajar por Cristo con un corazón humilde,
con la humildad de Cristo.

Él nos utiliza para que seamos su amor
y compasión en el mundo
a pesar de nuestras debilidades y flaquezas.

Un día recogí a un hombre de la calle;
tenía el cuerpo cubierto de gusanos.
Lo llevé a nuestra casa.
Ni maldijo ni culpó a nadie de su situación.
Simplemente dijo:
“He vivido como un animal en la calle,
pero voy a morir como un ángel,
¡amado y atendido!”.

Tardamos tres horas en limpiarlo.
Finalmente, el hombre levantó la vista hacia la hermana
y dijo: “Me voy a casa a ver a Dios”.
Y dicho esto murió.

Jamás he visto una sonrisa tan radiante como la de aquel hombre.
Se fue a casa a ver a Dios.

¡Qué cosas puede hacer el amor!

Es posible que la joven hermana no se diera cuenta en esos momentos,
pero estaba tocando el cuerpo de Cristo
Es lo que quiso dar a entender Jesús cuando dijo:

“Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores,
a mí me lo hicisteis”
(Mateo 25:40).

Y ahí es donde tú y yo entramos en el plan de Dios.

Madre Teresa de Calcuta