Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

17 abril 2013

Un momento de plena conciencia

En El Extranjero, Albert Camus nos habla acerca de un hombre llamado Meursault que está en la prisión.  Pero un día, desde su celda, Meursault es capaz de sentir la vida.  Tumbado boca arriba, mira hacia arriba y a través de una pequeña ventana cerca del techo, ve el cielo azul por primera vez en su vida.  ¿Cómo un hombre ya maduro puede ver el cielo azul por primera vez?  En realidad mucha gente vive de la misma manera, encarcelada en su cólera, su frustración, o en la idea de que la felicidad y la paz se hallan en el futuro.  A Meursault sólo le quedaban tres días para ser ejecutado.  En aquel momento de plena conciencia el cielo estaba realmente allí y fue capaz de sentirlo.  Vio que la vida tenía significado y empezó a vivir profundamente los momentos que le quedaban.  Los últimos tres días de su existencia se convirtieron en una vida auténtica.

El último día un sacerdote llama a la puerta de su celda para confesarle, pero Meursault se niega a ello.  Finalmente el sacerdote acaba por marcharse, frustrado.  En aquel momento Meursault describe al sacerdote como alguien que vive como una persona muerta.  Meursault descubre que no es él, sino el sacerdote quien necesita ser salvado.  Si observamos a nuestro alrededor descubriremos mucha gente que son como personas muertas, acarreando su cadáver sobre los hombros.  Debemos hacer cuanto podamos por ayudarlas.  Necesitan sentir algo -el cielo azul, los ojos de un niño, una hoja otoñal- para poder despertar.

Cuando era niño leí una novela sobre un cazador francés que se perdió en la jungla africana.  Creyó que iba a morir, porque no podía encontrar el camino de vuelta.  Pero se mantuvo inflexible respecto a que no rezaría a Dios.  De modo que hizo algo quera como medio rezar y medio jugar. "¡Dios, si existes, ven a salvarme!"  Al cabo de algunos minutos apareció un africano y le ayudó.  Más tarde escribió "Llamé a Dios, pero vino un negro".   No sabía que el africano era Dios.  En el caso de Meursault, Dios vino a rescatarle bajo la forma de un pedazo de cielo azul.  Quizá nos salve una flor, una piedrecita, un pájaro o un trueno.  Cualquier cosa puede traernos un mensaje del cielo.  Cualquier cosa puede despertarnos a la vida aquí y ahora mismo.  No deberíamos discriminar con nuestras ideas.

Cuando recogí la hoja vi que fingía nacer en primavera y morir a finales de otoño.  Nosotros también aparecemos, nos manifestamos para ayudar a los seres vivos, incluyéndonos a nosotros mismos, y después desaparecemos.  Tenemos un poder milagroso en nuestro interior, y si vivimos nuestra vida cotidiana siendo conscientes, si avanzamos siendo conscientes, con amor y cuidado, podemos producir el milagro de transformar nuestro mundo en un milagroso lugar para vivir.  Avanzar lentamente con plena conciencia es un acto de liberación.

Thich Nhat Hanh
(La esencia del amor)


15 abril 2013

Lo difícil también pasará

Hubo un momento en el que la noche parecía eterna y hoy todo eso parece tan lejano.

Hubo un momento en el que nada de lo que hacías resultaba, cuando de pronto apareció la respuesta.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor y de repente tu corazón, con más intensidad que nunca, lo encontró de nuevo.

Hubo un momento en el que por el desierto se esparcían  tus palabras y hoy dan retoño sus semillas.

Hubo un momento en el que creíste que era lo peor que te podía pasar y hoy agradeces tu destino.

Hubo un momento en el que jurabas que no podrías pasar esa prueba y hoy es tan sólo un paso más.

Hubo un momento en el que creíste que no podías hacer algo y hoy te sorprendes de lo bien que lo haces.

Hubo un momento en el que los monstruos y los ogros intimidaban tu vida y hoy sonríes al ver cómo tus miedos engrandecían sus sombras.

Nunca olvides que la vida es más grande que tus miedos, que tu fuerza es mayor que tus dudas.
Aunque tu mente esté confundida, tu corazón siempre sabrá la respuesta, y con el tiempo, lo que hoy es difícil, mañana será un tesoro.


12 abril 2013

Miedo y enfermedad

Un maestro afirmaba que muchas enfermedades provienen del miedo. Sé que cuesta creerlo, pero denme cinco párrafos para explicarlo.

El miedo es el arma de defensa básica de cualquier animal, incluido el hombre, y, como tal, desata las reacciones más básicas del organismo, que se prepara para correr, saltar o golpear como defensa.

Probablemente todos hayamos experimentado la situación de correr más rápido o saltar más alto de lo que nos creíamos capaces, al ser perseguidos por alguna furiosa bestia. Ese instinto proviene de nuestros tiempos más primitivos, aquellos de vida salvaje, cuando había que correr o treparse a un árbol si aparecía un tigre.

En otras ocasiones tal vez nos hayamos sentido paralizados por el miedo, lo cual es otra reacción primitiva. Vean cuántos animales se congelan frente a una amenaza, como mecanismo estratégico para no delatar su ubicación.

Hoy, el hombre de ciudad le envía señales de miedo al cuerpo por cuestiones que no demandan adoptar una posición esforzadamente estática, ni salir corriendo aceleradamente, ni dar un brinco exagerado ni trenzarse en una lucha encarnizada. Pero el cuerpo tiene una sola forma de reaccionar frente al miedo, que es prepararse para esconderse, para escaparse o para combatir.

Ante los miedos del hombre actual, que por lo general son puramente mentales y no vinculados realmente con la supervivencia, toda esa energía que el cuerpo genera para la huida o para la batalla no encuentra salida, y regresa al cuerpo, que necesita realizar un gran esfuerzo para reabsorberla y reciclarla.

En algún punto, lamentablemente, la producción inútil de tanta energía supera la capacidad de reciclaje del cuerpo, y entonces, decía el maestro, el organismo cae enfermo.


10 abril 2013

¿Qué pides?

El monje anotó en sus escritos:

"En un lento amanecer en el que mi corazón estaba triste y entre mis somnolencias oraba, rogué con plegarias cargadas de quejas y reproches.

Entonces los cielos abrieron para mí sus puertas:

Y dije:
Por favor líbrame de estas actitudes que me hacen daño.

Y me respondieron:
- Te dimos la capacidad de cambiar; de ti depende usarla.

Pedí paciencia.

Y me respondieron:
- Es a través de las dificultades que la construyes.

Pedí felicidad.

Y me respondieron:
- Te dimos las bendiciones; de ti depende valorarlas y disfrutarlas.

Pedí que me evitaran tanto dolor y sufrimiento.

Y me respondieron:
- En tus propias manos está la posibilidad de apretar o de soltar. El dolor te induce a mirar no con los ojos de tu mente y tus apegos, sino con los del alma que sabe nada debes hacer para merecer lo que tienes.

Pedí que me ayudaran a crecer.

Y me respondieron:
- Tú mismo podrás decidir día a día si creces.  La vida misma podará tus ramas para que tus frutos sean dulces y abundantes.

Pedí tener la posibilidad de disfrutar lo que yo quisiera.

Y me respondieron:
- Ama y agradece lo que tienes y así abrirás tu corazón a encontrar lo que tú quieres.

Pedí que me ayudaras a amar a los demás como tú me amas.

Y me respondieron:
- No esperes que sean como tú quieres, mejor reconoce en ellos a tu propio espejo."

Te invito a que tu día sea un canto de gratitud y de alegría a que disfrutes los presentes que los cielos han enviado para ti.

Carlos Devis


05 abril 2013

El apego

No hay que llenar vacíos, hay que habitar espacios.

Hay un capítulo de la vida llamado desapego. Es la cualidad que permite establecer con las personas, con las cosas y con las etapas de la vida una relación de autonomía, de autenticidad.

El desapego se relaciona con el abandono del ansia y del deseo, que, en la filosofía oriental, son consideradas generadores de dolor y sufrimiento.

No poder desapegarse de una persona, de un hábito, de una idea, de un objeto, lleva a establecer con ellos relaciones de posesión o de sumisión.

El apego es una actitud que nos deja encadenados al pasado, mientras tanto la vida continua sucediendo.

Niñez, adolescencia, madurez, vejez. Primavera, verano, otoño, invierno. Amanecer, día, atardecer, noche. Siembra, cosecha.
Nuestra existencia será más armónica si acompañamos esos ciclos naturales. Cuando así no ocurre, la vida no fluye, sus aguas se estancan.

El apego a una relación, a una costumbre, a un espacio, a una actividad, a una idea, a una práctica, puede llegar a ser tóxico o disfuncional.

El apego traba nuestro andar por la vida, carga nuestro equipaje con lo innecesario, nos impide escoger lo necesario.

El desapego es el arte de soltar.

Jorge Sinay


04 abril 2013

Todo el mundo está un poco enfermo

Inmediatamente después de la tragedia en Newtown (Connecticut, Estados Unidos) Thich Nhat Hanh compartió un mensaje que podemos poner en práctica en esta época:

“Hay mucha gente enferma en nuestra sociedad. Parecen personas normales pero profundamente en el interior no tienen paz. Hace unos días un hombre de este tipo cogió unas cuantas armas y fue a una escuela infantil. Disparó a su madre; disparó a veinte niños. Veintisiete personas murieron en el disparo de Connecticut porque no había descanso ni paz en él. Hay mucha gente así que parece normal por fuera.

En nuestra sociedad, todo el mundo está un poco enfermo. Quizás tenemos una gran enfermedad, pequeña o leve, pero todos estamos enfermos hasta cierto punto. Es por eso que necesitamos sanarnos. Necesitamos ser sólidos, pacíficos y tranquilos.

Podemos sanarnos, podemos sanar nuestro desespero. Tan sólo vuelve a tu hogar, estate completamente presente con tu inspiración, estate completamente presente con tu espiración. Suelta tu ira, tu irritación, tu dispersión, tu pensamiento sobre esto y aquello. Estate completamente presente con tu inspiración, calmado, liberado, y, así, puedes sanar.

Lentamente contemplas las pequeñas heridas, la gran herida, y comprendes, y, así, puedes sanar. Vuelve a tu inspiración y espiración, y reside en el momento presente ahí donde estás. Cuando este hombre disparó a los niños no tenía un resentimiento particular en contra de estos niños y maestros. ¡Qué preciosos niños, son como ángeles! ¿Cómo puedes coger un arma y dispararles? Él debe estar muy enfermo. Pero por fuera parece estar bien. Enviamos nuestra buena energía a estos niños, y también a toda la gente enferma que no puede sanarse. Tenemos que sanarnos en el momento presente. Vive profundamente tu momento presente. La sanación puede tener lugar aquí y ahora, residiendo en el momento presente, residiendo en cada respiración y en cada paso”.


Thich Nhat Hanh


01 abril 2013

Hablar con suavidad toca el corazón de los demás

Había una vez un león afónico. Era afónico desde siempre, porque nunca había podido rugir, pero nadie en la sabana lo sabía. Como desde muy pequeño había visto que no podía rugir, había aprendido a hablar sosegadamente con todo el mundo y a escucharles, y convencerles de sus opiniones sin tener que lanzar ni un rugido, ganándose el afecto y confianza de todos.

Pero un día, el león habló con un puerco tan bruto y cabezota, que no encontraba la forma de hacerle entrar en razón. Entonces, sintió tantas ganas de rugir, que al no poder hacerlo se sintió en desventaja. Así que dedicó unos meses a inventar una máquina de rugir que se activase sólo cuando él quisiera. Y poco después de tenerla terminada, volvió a aparecer por allí el puerco testarudo, y tanto sacó al león de sus casillas, que lanzó un rugido aterrador con su máquina de rugir.

- ¡¡¡GRRRRROAUUUUUUUUUUUU!!!
Entonces, no sólo el puerco, sino todos los animales, se llevaron un susto terrible, y durante meses ninguno de ellos se atrevió salir. El león quedó tan triste y solitario, que tuvo tiempo para darse cuenta de que no necesitaba rugir para que le hicieran caso ni para salirse con la suya, y que sin saberlo, su afonía le había llevado a ser buenísimo hablando y convenciendo a los demás. Así que poco a poco, a través de su tono amable y cordial, consiguió recuperar la confianza de todos los animales, y nunca más pensó en recurrir a sus rugidos ni a sus gritos.