Entrenan.
Planifican.
Eligen el equipo.
Piensan en la distancia.
Y eso está bien.
Pero hay una parte para la que casi nadie se prepara…
El camino de vuelta a casa.
Quienes lo hacen por primera vez a menudo no lo ven venir.
Están concentrados en el camino que tienen por delante.
Pero quienes ya lo han hecho…
lo saben.
Saben que no son los kilómetros lo que se queda grabado.
Es el ritmo.
Caminar.
Comer.
Descansar.
Dormir.
Día tras día.
Y de repente…
ese ritmo desaparece.
Estás de vuelta en un mundo que se mueve más rápido de lo que tu cuerpo puede seguir.
De vuelta al ruido.
A los horarios.
A la presión.
Y algo se siente… raro.
No porque algo esté mal.
Sino porque algo ha cambiado.
Esa es la parte de la que nadie habla.
Por eso escribí *The Camino Blues*.
No sobre el Camino en sí.
Sino sobre lo que sucede después.
Así que, si te estás preparando para tu caminata…
prepárate para ambos sentidos.
No solo para el camino que tienes por delante.
Sino también para el camino de regreso a casa.
Porque ahí es donde comienza la verdadera integración.

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