Decimos que el cacao era uno de los grandes tesoros de México.
Pero no tienes que creernos.
Tenemos recibos. De hace casi 500 años.
En la Matrícula de Tributos, un documento elaborado en el siglo XVI, quedaron registrados los bienes que distintas provincias entregaban como tributo al poder mexica.
Había textiles, plumas preciosas, jade, oro.
Y sí: cacao.
Mucho cacao.
En sus páginas todavía pueden verse representados los costales de semillas que llegaban desde las regiones productoras.
No estaban ahí como decoración.
Eran riqueza.
El cacao era suficientemente valioso como para ser contado, almacenado, transportado y registrado junto a algunos de los bienes más preciados de su tiempo.
Y quizá por eso nos gusta tanto llamarlo: oro comestible.
Porque no es una frase que inventamos solamente para que el cacao suene bonito.
Hace siglos, hubo personas llevando cuentas exactas de cuánto cacao tenían.
Nosotros solo estamos intentando que volvamos a entender por qué.

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