Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

23 mayo 2017

Escucha el revoloteo

Si las mariposas pueden vivir en el estómago,
Si las nubes se levantan y los pajarillos cantan,
Si los probables son posibles,
Si los posibles son alcanzables,
Si lo que querías no se cumplió y lo que se cumplió no lo buscabas,
Si detrás de cada pregunta está la misma mirada,
Si el espejo no te devuelve la imagen que deseabas,
Si los días se hacen años y los años se van volando,
Si mañana será mejor que ayer pero hoy no haces nada,
Si llevas toda la vida esperando desesperada,

Entonces, princesa, hija mía…
Levántate. Despierta. Y escucha el revoloteo.

Eleva el ancla, la mirada y el alma.
Surca el mar desconocido y atrévete a perderte en el infinito
pues no hay horizonte difuso sino destino aún no escrito....

Angel Gris


22 mayo 2017

Lecciones que aprendí cuando me deshice de todo lo innecesario

“La simplicidad es la máxima satisfacción” -Leonardo da Vinci-

Siempre me consideré una persona minimalista que apreciaba y valoraba lo poco que tenía, o al menos que lo intentaba. Pero mi armario lleno de ropa, así como la gran cantidad de libros que se amontonaban en mis estanterías e invadían otros muebles indicaban todo lo contrario. Poseía demasiados objetos decorativos, diseñados con otro propósito. Así fue como empecé a deshacerme de todo lo innecesario. Fue entonces cuando surgieron 5 lecciones que aprendí y que modificaron por completo mi vida.

1. Ahora sí uso lo que tengo

Una de las primeras lecciones que aprendí es que más objetos no implica más opciones. De hecho, tardé mucho en darme cuenta de que a pesar de toda la ropa que tenía en mi armario siempre terminaba poniéndome lo mismo. Algunas prendas las consideraba solo para momentos especiales, otras eran demasiado nuevas como para ponérmelas en mi día a día. Al final quedaban relegadas al fondo del armario, donde las únicas prendas útiles eran tres o cuatro contadas.

Así que lo que hice fue “hacer limpieza”. Me deshice de todo aquello a lo que no le daba uso y también empecé a utilizar lo que tanto me gustaba: dejé de imaginar cómo sería un estreno y me puse a estrenar. De hecho, hasta descubrí prendas que no sabía que tenía y que me encantaban. ¿Cómo podía haberlas dejado relegadas a un segundo lugar?

2. Me lo pienso dos veces antes de comprar algo


Sin duda alguna, el paso anterior fue esencial para llegar a esta otra lección. Cuando fui consciente de la ropa que tenía, pero de la que no me había dado cuenta, ya no tenía necesidad de comprar esas prendas que quería.

Lo mismo me ocurrió con objetos, libros y otros enseres. Sé que la publicidad intenta vender y nos hace creer que necesitamos algo que en realidad no es así. Un nuevo ordenador, un nuevo chocolate, la mejor de las plantillas para los pies… En fin, demasiados elementos que al final terminan sin ser utilizados o ingeridos.

En cuestión de alimentos, ¿qué probabilidad hay de que los tome antes de que caduquen? Esta es una pregunta que siempre me hago, sobre todo cuando paso por la parte de los lácteos. Comprar alimentos para que se estropeen no tiene sentido, así como comprar cosas para que tan solo ocupen espacio. ¡Este es muy valioso!

3. Menos cosas, menos tiempo

Lo mejor de tener menos es que las actividades de limpieza se reducirán de forma considerable. Personalmente, me llevaba un tiempo atroz limpiar todo el baño porque entre la ropa sucia, los productos para cabello y cuerpo, revistas, demasiadas toallas… Era un verdadero caos. Qué decir de la habitación, repleta de libros que jamás iba a leer. Al final terminaba pasando más tiempo trasladando los objetos de un lugar a otro que en limpiar.

Por eso, al tener solo lo justo y necesario, lo que realmente voy a usar, puedo aprovechar mejor mi tiempo y eso siempre es algo que se tiene que agradecer. El tiempo es muy valioso y cuanto menos lo perdamos invirtiéndolo en acciones innecesarias mucho mejor. Así que menos cosas me permitían limpiar y ordenarlo todo mucho más rápido.

4. Empecé a centrarme en el presente

Una de las penúltimas lecciones que aprendí fue que todo ese desorden que me rodeaba estaba muy relacionado con mi pasado y mi presente. Había elementos de los que no me quería deshacer porque me recordaban a un momento en especial o eran un regalo. Sin embargo, no les iba a dar uso, ya sea porque no me gustaban o porque estaban estropeados e inutilizados.

Otros, como ya mencioné al principio, se acumulaban por el miedo a poder necesitarlas en un futuro. Hasta que fui consciente de que si en algún momento quería algo podría comprarlo, sin necesidad de guardarlo hasta ese momento. Porque, tal vez, quizás ese momento jamás surgiría y, entonces, la acción no tendría sentido alguno.

Por eso, empecé a centrarme más en el presente, valorando lo que tenía, desechando lo que sobraba, liberándome de esos “y si…”, olvidándome de esos “es que me recuerda a…”. El coleccionismo con una justificación previsora se terminó. 

5. Yo no soy mis cosas

Esta es una de las últimas lecciones que aprendí y que me resultaron verdaderamente útiles. Muchas veces pensamos que somos lo que poseemos, quizás porque lo dotamos de un gran valor. Pero, al final son todo objetos, así que me hice una pregunta, ¿qué ocurriría si se me quemase el coche, por ejemplo? Me sentiría mal, sí, pero se puede reemplazar.

Recuerdo una noticia en un pueblo de Alicante, hace unos meses, que relataba como un hombre había muerto por intentar evitar que una gran riada arrastrase su coche. ¿La consecuencia? Murió ahogado. ¿De verdad vale la pena dar la vida por lo material?

Deshacerme de lo que sobraba en mi vida me abrió los ojos ante nuevas perspectivas. Las lecciones que aprendí me enseñaron que puedo querer lo que tengo, darle valor, pero jamás convertirme en una esclava de estos objetos ni permitir que ellos sean los que definan mi vida. Porque lo material no da la felicidad y, aunque sí aprecie algunos objetos. Así, ¿cuánto dinero he perdido en aquellos que nunca tendrán una verdadera utilidad? ¿Cuánto nuevo no ha entrado a mi vida por no tener espacio para ello?

“Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas” -Dalai Lama-

Raquel Lemos Rodríguez


12 mayo 2017

La soberbia pierde al hombre

Muchas cosas se arreglan sencillamente con una disculpa a tiempo, con no seguir en el error, con aceptación, preguntando simplemente o actuando con humildad.

Somos todos seres humanos en busca de otros seres humanos y el encontrarlos nos provoca empatía, nos lleva a bajar la guardia, pero la soberbia es la voz del ego lastimado o confrontado con la verdad y solo opera cuando se han acabado las razones, cuando la inseguridad es tal, que nos obliga a acorazarnos.

De fondo la soberbia busca reconocimiento, sin ningún sustento, no es muestra de carácter, es testimonio de debilidad y más de fondo la raíz es el miedo, porque entre más duras se colocan las sinrazones, más miedo tienen de caer, de verse expuestas.

Colaborar con los cambios, no cerrarse ante ellos y estar siempre dispuestos a aprender nos hace flexibles y más aptos para sobrevivir, para crecer, la humildad es siempre la herramienta del sabio que educa a su ego para trabajar a su favor, que gana simpatias y que en base al respeto por la verdad, obtiene siempre aceptación.

La soberbia nos aleja de la gente, nos cierra los caminos, nos infla sin elevarnos, tan solo para hacernos caer. "Tened compasión del soberbio, se haya perdido y no lo quiere decir, si le acaricia a contrapelo se defenderá, si lo hace a favor, puede que se ponga a llorar".

"La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano" San Agustin.


10 mayo 2017

Por esas madres diferentes

Hoy brindemos por las Madres diferentes, por las que son causa y no solo origen, por las que adoptan, por las que crean, por las que eligen, por todas las que tienen por profesión el cuidar, por las que amparan, por las que protegen, por las que hacen de este, un mundo mejor.

Por las que son hermanas, tías, abuelas, vecinas y se hicieron cargo, por quienes fueron encima de la sangre en la misión de educar y cuidar, por las que dieron sin créditos, por las que amaron con réditos, porque quien es adulto, entiende que la maternidad más que un instinto, es una elección de vida, hay quien quiso y no pudo, hay quien pudo y no quiso, hay a quien le robaron el tiempo, hay a quien se le fue entre las manos.

Por todas ellas que hicieron nidos con sus propias plumas y canciones inventadas en sus desvelos, por quienes lo enfrentaron solas, por quienes eligieron quedarse y siguen presentes en sus frutos, gracias a ellas este mundo es diferente y les está agradecido.

Lucia Toranzo N.

08 mayo 2017

Lente de contacto

Brenda era una joven mujer que fue invitada a escalar rocas. Aunque esto le causaba mucho miedo, fue con su grupo a un tremendo risco de granito. A pesar de su temor, se colocó el equipo, tomó un extremo de la cuerda y comenzó a enfrentar la roca.

En determinado momento, llegó a un borde, donde pudo tomar un respiro.Mientras estaba ahí, la cuerda de seguridad golpeó contra un ojo de Brenda y le sacó su lente de contacto. Bueno, ahí estaba ella en el borde de la roca, con cientos de metros bajo ella y cientos de metros sobre ella.Por supuesto que buscó y buscó, esperando que hubiera caído en el borde, pero simplemente no estaba el lente.

Ahí estaba ella, lejos de casa, con su vista borrosa. Empezó a sentir desesperada y comenzó a enfadarse, por lo que oró al Señor para que la ayudase a encontrar su lente.  Cuando llegó a la cima, un amigo examinó su ojo y su ropa buscando el lente, pero no lo pudieron encontrar. Se sentó, desalentada, con el resto de la gente, esperando a que los demás llegaran a la cima.

Miró hacia las montañas, pensando en un verso de la Biblia acerca de que los ojos del Señor observan toda la tierra y pensó:-"Señor, Tú puedes ver estas montañas. Tú conoces cada piedra y cada hoja, y Tú sabes exactamente dónde está mi lente de contacto. Por favor ayúdame."

Finalmente, bajaron. Al pie de la montaña había un nuevo grupo de alpinistas comenzando a enfrentar el risco.Uno de ellos gritó:-"¡Oigan, jóvenes! ¿Alguien perdió un lente de contacto?"

Bueno, esto hubiera sido suficientemente inquietante, pero... ¿Sabes cómo el alpinista vio el lente de contacto? Una hormiga se movía lentamente a través de la roca, cargando el lente.

Brenda me dijo que su padre era caricaturista. Cuando ella le platicó esta increíble historia de la hormiga, la oración y el lente de contacto, él dibujó una caricatura de una hormiga cargando un lente de contacto, diciendo:-"Señor, no sé por qué Tú quieres que yo cargue esta cosa. No puedo comérmela, y está extremadamente pesada. Pero si eso es lo que Tú quieres que yo haga, yo la cargaré para Ti."

Somos creación de Dios, no somos Dios. Tenemos una mirada corta, aunque Dios nos sugiere muchas veces que adoptemos la mirada larga, su perspectiva divina. No pude empezar a vivir esto realmente hasta que deje de preguntar ¿por qué? y me enfoque más en el ¿para qué? Todo tiene un propósito, nada ocurre por accidente, usted y yo somos parte de un plan sobrenatural, y nuestros destinos y experiencias se cruzaran tarde o temprano, sea a través de nuestras virtudes o defectos, nuestros frutos o magros resultados.

Dios no juega a los dados escribió Einstein. Ya lo creo. Entiendo que muchas cosas que hago porque El las ha puesto en mi corazón no producen el fruto que pienso deberían, pero como la hormiguita debo replantear mi pregunta respondiendo este es parte del plan, gracias Señor por cumplir con mi parte aunque no conozca todos los detalles.

Creo que probablemente nos haría bien a algunos de nosotros decir hoy:"Señor, no sé por qué quieres que yo lleve esta carga. No veo nada bueno en ello y es bastante pesada. Pero si Tú quieres que yo la cargue, lo haré para Ti...".


01 mayo 2017

¿Qué te está deteniendo?

Olvídate de esa labor. Comienza esa relación.
O emprende esa labor. Olvídate de esa relación.
Da el paso.

Di sí cuando realmente quieras decir sí.
Di no cuando realmente quieras decir no.
Quédate. O vete.
O lo que sea.

Pero no creas la mentira
de que hay algo que te está ‘deteniendo’
para vivir tu verdad.

Nada te detiene,
porque eres Vida.
Eres Libre.

Lo único que te ‘detiene’
es el miedo, la culpa y la vergüenza.

Sin embargo, ¡incluso eso es mentira!
Porque el miedo, la culpa y la vergüenza
no tienen poder sobre ti.
Son sólo sentimientos.

Es tu rechazo a enfrentarlos
y a sentirlos
y a acogerlos
lo que te detiene.
¡Así que no pueden detenerte!

Olvídate de esa labor. Comienza esa relación.
O emprende esa labor. Olvídate de esa relación.
Di sí cuando realmente quieras decir sí.
Di no cuando realmente quieras decir no.
Quédate. O vete. O aguarda.
Da el maldito paso.

¡Y siente el miedo, la culpa, la vergüenza!
Deja que vivan en ti.
¡Deja que ardan!
¡Aleluya!
¡Da el paso de todos modos!
Incluso con el desasosiego.
Incluso con el miedo.
Qué más da.
Son sólo sentimientos.
Puedes abrazarlos.
Puedes incluirlos
en tu nueva vida.

¡Da el paso! ¡Sí!
Tiembla, suda, y da el paso.
Siéntete libre al fin.
Siéntete vivo al fin.
Temblando, sí, ¡pero vivo!

Jeff Foster


28 abril 2017

Dos formas de ver la vida

Un famoso escritor estaba en su sala de estudio. Él tomo la pluma y comenzó a escribir:
El año pasado, tuve una cirugía y me quitaron la vesícula biliar. Tuve que quedarme pegado a la cama debido a esta cirugía por un largo tiempo. 
El mismo año en que llegue a la edad de 60 años y que tuve que renunciar a mi trabajo favorito. Había pasado 30 años de mi vida en esta editorial. 
El mismo año que experimenté el dolor por la muerte de mi padre. 
Y en el mismo año mi hijo fracaso en su examen médico, porque él tuvo un accidente de coche. Tuvo que quedarse en la cama en el hospital con el yeso durante varios días. La destrucción del coche fue otra pérdida. 
Al final escribió: ¡Ay! Eran tan malos años !!

Cuando la esposa del escritor entró en la habitación, encontró a su marido mirando triste perdido en sus pensamientos. Desde detrás de la espalda ella leyó lo que estaba escrito en el papel. Salió de la habitación en silencio y volvió con otro papel y lo colocó al lado del papel de su marido. Cuando el escritor vio el papel, se encontró con esto escrito en él:
El año pasado finalmente me deshice de mi vesícula biliar debido a que había pasado años con el dolor. Cumplí 60 con buena salud y me retiré de mi trabajo. Ahora puedo utilizar mi tiempo para escribir algo mejor con un mayor enfoque y paz. 
El mismo año, mi padre, a la edad de 95, sin depender de nadie o sin ninguna condición crítica conoció a su Creador. 
El mismo año, Dios bendijo a mi hijo con una nueva vida. Mi coche fue destruido, pero mi hijo se mantuvo con vida sin obtener ninguna discapacidad. 
Al final, ella escribió: Este año fue una inmensa bendición de Dios y pasó BIEN !! 

¿Te das cuenta? Los mismos incidentes, pero con diferentes puntos de vista.

En la Vida Cotidiana debemos ver que No es la Felicidad la que nos hace AGRADECIDOS
Sino que el AGRADECIMIENTO es el que nos hace FELICES.
SIEMPRE, SIEMPRE, PERO SIEMPRE hay algo que AGRADECER.


27 abril 2017

Una carta para Vincent Van Gogh

Me hubiera encantado conocerte, Vincent. Haber estado allí contigo, en ese umbral donde lo sin forma se convierte en forma, haber estado allí en ese precipicio vertiginoso en el que penetramos la vida y somos penetrados a cambio, sin protección, sin respuestas. El campo que todo verdadero artista conoce, teme y al que se siente atraído; del que huye, y al que termina regresando porque no tiene otra opción más que formar parte de él. El campo en el que el yo y el mundo y los otros se disuelven y donde sólo hay girasoles de amarillo brillante y campos de trigo bailando y cielos relucientes estallando con estrellas y estruendosos océanos pintados de añil y blanco y cada sombra teñida de verde y sin un sitio para llamar a casa, excepto allí, en el ver mismo. Un mundo al borde de las lágrimas, al borde de las estrellas, sin alguien que pueda entender, excepto el que deja de intentarlo.

El ver. ¡El ver! ¡A un pelo de la locura, a un pelo del éxtasis! Me hubiera gustado abrazarte ahí, amigo mío. Recordarte que estabas a salvo. Que tu soledad era sagrada y que tu desesperación no era vergonzosa y que incluso tus fantasías e impulsos secretos más oscuros no eran un error, no eran una maldita equivocación o un signo de tu fracaso o prueba de tu enfermedad o el testimonio de que no estabas destinado para este mundo. No, tus defectos humanos no eran nada menos que arte, el arte futuro, como lo llamaste, donde el campesino es rey y el momento más ordinario contiene toda la inmensidad. El arte futuro de ver cada maldita sombra de nuestra imperfecta humanidad como una expresión de la divinidad, la misma divinidad que infundió esos campos de trigo en los que desapareciste por días enteros, pintando, pintando siempre, pintando para siempre. Tus sentimientos eran girasoles también, tu alegría y tu dolor eran tan inmensos y llenos de vida como esos cielos estrellados y océanos, todos estallando con color y luz y un movimiento estremecedor, y todas las sensaciones extrañas surgiendo a través de tu cuerpo, todos los traumas que jamás te atreviste a tocar, fueron hermosos, también, Vincent, y no una amenaza. Para mí, de todos modos. Y para muchos otros que recorren este extraño camino del despertar. Tuviste una familia que nunca conociste. Ojalá nos hubiéramos conocido.

En un campo de trigo en Auvers, una fresca tarde de verano perdiste toda esperanza, o tal vez intuiste una esperanza tan vasta e inalcanzable que finalmente rompió tu espíritu y te disparaste en el pecho con un revólver y dos días más tarde, en una pequeña habitación en el ático, tu corazón se detuvo y te volviste infinito. O el infinito te llevó de vuelta a tus amados campos de trigo, pero ahora inseparable de ellos: de regreso a la luz, de regreso a la madre, de regreso a Casa, y encontraste el más profundo tipo de descanso que jamás conociste en tu corta vida.

En esa pequeña habitación te rodearon de girasoles y dalias amarillas y tus últimas pinturas, y lloraron y recordaron, y ninguna iglesia habría podido contenerte de todos modos.

Tenías entonces 37 años.

Oh, no creo que hayas estado loco. Me parece que estabas demasiado vivo para este mundo. Te sentiste conmovido hasta las lágrimas por los pajares y los comedores de patatas, por las prostitutas y las raíces de los árboles. Creo que viste tan profundo y tan vívidamente y no encontraste ningún hogar aquí porque te sentías constantemente desgarrado por esa doble atracción del cielo y la tierra y tal vez nadie te enseñó cómo aceptarte a ti mismo en la misma forma en que tú aceptabas la luz siempre cambiante sobre esos pajares.

Oh. Me hubiera gustado conocerte, amigo. Eso es todo.

Gracias por tu coraje. Gracias por ayudarnos a ver. Gracias por los girasoles, los lirios, los campos de trigo, el almendro, las noches estrelladas.

Jeff Foster


26 abril 2017

Siete virtudes

義 Gi - justicia(decisiones correctas)

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

勇気 Yuuki - Coraje

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

仁 Jin - Benevolencia

Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

礼 Rei - Respeto

Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

誠 Makoto - Honestidad, Sinceridad absoluta

Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de "dar su palabra", no ha de "prometer", el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.

名誉「名譽」Meiyo - Honor

Es la virtud más importante de todas. El auténtico samurái sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad. No puede ocultarse de sí. En caso de quedar mancillado, la única forma de restaurarlo es mediante el Seppuku.

忠義 Chuugi - Lealtad

Haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Para el guerrero, las palabras de un hombre son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya.


25 abril 2017

Por qué las casualidades no existen

Dicen que “la frontera entre el mundo de los sueños y nuestra consciencia, tal vez, resulte la sincronicidad”. Lo cierto es que determinados sucesos o personas, aparecen en nuestras vidas a veces casi “de repente”, muchas entran sin avisar y nos acompañan durante un cierto tiempo, aportándonos parte de su esencia y ayudándonos a descubrir aspectos de nosotros mismos, que sin su ayuda, nunca hubiéramos averiguado. Estas coincidencias necesarias o encuentros reveladores, trazan nuestro propio mapa personal y nos impulsan al cambio, por más resistencias que uno pueda tener. Tras su marcha, generalmente dolorosa, uno no vuelve a sentirse el mismo y cuando transcurrido el tiempo se echa la vista atrás, no podemos por más que uno quiera, evitar sonreír.

¿Qué es la sincronicidad?

A todos nos ha podido pasar, encontrarnos de repente por la calle a alguien que no veíamos hace años pero que casualmente, la noche anterior soñamos con él; o abrir un libro y encontrar la respuesta que estábamos buscando hace meses sin haberlo hecho con ese propósito. Esto responde al fenómeno de la sincronicidad, que sucede cuando “dos sucesos sin relación entre sí tienen lugar al mismo tiempo y adquieren sentido para uno”. De ahí la impresión de magia. Se trata de un azar singular cargado de sentido y sometido, en parte, a la suerte. Son hechos simbólicos que nos conectan con nuestro psiquismo, creando unos hilos invisibles que aportan significado únicamente a quien lo experimenta. Para un observador externo sin conocer el contexto, carecería de sentido.

La acausalidad de los sucesos es lo que crea, parte de su efecto enigmático. Pese a ello, aparece en el momento exacto y dándonos la respuesta necesaria. La sincronicidad se manifiesta curiosamente en momentos en los que nuestra psique está más receptiva a los acontecimientos que pueden incidir en nuestro comportamiento.

El término se lo debemos al psicólogo Carl Jung, padre de la sincronicidad, quien llegó a la conclusión de que hay una íntima conexión entre el individuo y su entorno, y que en determinados momentos ejercemos una atracción que acaba creando circunstancias coincidentes, teniendo un valor específico para las personas que la viven, un significado simbólico. Tal vez, responda a aspectos inconscientes reprimidos que se vean forzados a salir a través de determinadas experiencias conscientes. Sea como sea, lo cierto es que las personas que creemos en ello, lo hemos experimentado.

Cómo favorecer que la sincronicidad ocurra

Es importante, entender el efecto revelador que puede tener sobre uno y, saber extraer la lectura de ello. Para favorecer una actitud adecuada, es necesario seguir unas pautas muy básicas:

Lo primero que debemos hacer, es abandonar el escepticismo y darnos el permiso de creer en ello. Pues quien no cree difícilmente le ocurrirá. En segundo lugar, es importante mantener una actitud receptiva, es necesario saber que nuestra atención crea la intención. Nuestras intenciones ejercen una influencia sobre el acontecer y el orden de probabilidades de las personas con las que nos relacionamos directa e indirectamente. Y por último, estar abiertos al cambio, resistirse a ello es reprimir nuestro potencial.

Qué debemos aprender de ello

Siempre que vivamos una sincronicidad es necesario analizarla a fondo porque seguro que contiene un mensaje importante para nosotros. Por lo tanto, la sincronicidad se beneficia de nuestra actitud intuitiva y nuestra atención. Cuanto más atentos estemos a lo que vivimos y cómo lo vivimos, esas secuencias sincrónicas más se repetirán. Conviene estar pendientes de en qué momento aparece y, sobretodo, qué efecto tiene sobre nosotros y qué significación le otorgamos.

Poner conciencia a los procesos sincrónicos que nos ocurran es expandir nuestra visión de la experiencia, dotar de un sentido a nuestra vida, anticiparnos o poder prever y prevenir ciertos acontecimientos y en definitiva, vivir más en sintonía con nuestro entorno.


24 abril 2017

Nunca te adaptes a lo que no te hace feliz

A veces lo hacemos, nos adaptamos a lo que no nos hace feliz como quien se calza un zapato a la fuerza pensando que es su talla, y al poco, descubre que es incapaz de caminar, de correr, de volar…La felicidad no duele y por tanto no debe oprimir, ni rozar ni quitar el aire, sino permitirnos ser libres, ligeros y dueños de nuestros propios caminos.

Hace unos años una marca de jabones que comercializaba su producto para entornos laborales lanzó al mercado una gama en concreto que obtuvo bastante éxito. Impresa en la propia pastilla de jabón aparecía la frase “Happiness is Busyness” (felicidad es estar ocupado).

El mundo prefiere sabiamente la felicidad a la sabiduría -Will Durant-

Si bien es cierto que líneas como el concepto de “flujo” Mihaly Csikszentmihalyi enfatiza la idea de que concentrarnos en una tarea en cuerpo y alma puede darnos la felicidad, en esta ecuación debe añadirse sin duda el factor que hace referencia a si esa tarea nos es significativa o no.  De hecho, muchos trabajadores veían con triste ironía el eslogan de esos jabones, porque no todos se sentían felices por llevar a cabo una tarea que, si bien les aportaba una remuneración económica, lo que no tenían era bienestar psicológico.

Podríamos decir, casi sin temor a equivocarnos, que una buena parte de nosotros nos adaptamos casi a la fuerza a muchas de nuestras rutinas cotidianas, incluso siendo conscientes de que no nos hacen felices (o utilizando el símil de los zapatos, que nos hacen ampollas). Es como ir en el interior de una noria que nunca para de girar. El mundo, la vida, acontece nerviosa y perfecta ahí abajo, inaccesible y risueña, mientras nosotros seguimos cautivos de nuestras rutinas …
Nos adaptamos para sentirnos seguros

De niños nuestros padres nos ataban con un doble nudo los zapatos o zapatillas para que no se desataran y no tropezásemos. Nos arropaban bajo las mantas y la colcha con sumo cariño, subían hasta arriba las cremalleras de nuestros abrigos y chaquetas para que estuviéramos bien calentitos, atendidos, cuidados.

Muchas de esas veces estábamos algo incómodos por toda esa presión corporal, pero si había algo que sentíamos era seguridad. A medida que nos hacemos mayores y adquirimos responsabilidades de adultos, esa necesidad por sentirnos seguros sigue muy presente. Sin embargo, esta indefinible pulsión por la búsqueda continua de seguridad muchas veces no dirige nuestro comportamiento desde nuestra consciencia.

Por curioso que parezca, el más sensible frente a esta necesidad es nuestro cerebro. No le agradan los cambios, los riesgos ni aún menos las amenazas. Es él quien nos susurra aquello de “adáptate aunque no seas feliz, porque la seguridad garantiza la supervivencia”. Sin embargo, y esto debemos tenerlo claro, la adaptación no siempre no va de la mano de la felicidad; entre otras razones porque esta adaptación muchas veces no se produce.

Hay quien sigue manteniendo el vínculo de su relación de pareja sin que exista un amor real, sin que haya una complicidad auténtica ni aún menos felicidad. Lo importante para algunos es escapar de la soledad y para ello no dudan en adaptarse a la talla de un corazón que no va con el suyo.

Lo mismo ocurre a nivel laboral. Son muchas las personas que optan por mostrar lo que se conoce como “un perfil bajo”. Alguien dócil, manejable, alguien que llega a bajar méritos y estudios cuando redacta su currículum porque sabe que es el único modo de adaptarse a determinadas jerarquías empresariales.

Es como si en nuestra mente existiera un nuevo eslogan grabado, como el de la empresa de jabones citada al inicio: “Adaptarse o morir, renunciar para subsistir”.

Ahora bien… ¿de verdad merece la pena morir de infelicidad?

Para ser feliz hay que tomar decisiones

A pesar de que nuestro cerebro sea resistente al cambio y nos invite elegantemente a permanecer en nuestra zona de confort, está diseñado genéticamente para hacer frente a los desafíos y sobrevivir ante ellos. De hecho, hay un dato relacionado con esto mismo que nos invita a la reflexión.

La felicidad no está en el exterior, sino en el interior, de ahí que no dependa de lo que tengamos sino de lo que somos -Pablo Neruda-

Los investigadores Richard Herrnstein y Charles Murray definieron hace unos años un concepto denominado “Efecto Flynn”. Se ha observado que año a año las puntuaciones del cociente intelectual siguen subiendo. Esto se debe, entre otros factores, a que la vida moderna actual está cada vez más llena de estímulos: tenemos más acceso a la información, interactuamos más y nuestros niños de ahora procesan cada vez más rápido todos estos datos, todos estos estímulos relacionados con las nuevas tecnologías.

Ahora bien, hay un aspecto esencial del que psicólogos, psiquiatras, sociólogos y antropólogos son muy conscientes: un CI elevado no siempre va de la mano de la felicidad. Parece que eso de ser feliz y disponer de un entramado neuronal más extenso y fuerte no siempre garantiza nuestro bienestar psicológico. Es extraño y desolador a la vez.

¿Qué está pasando entonces? Nos hemos adaptado a esta sociedad de la información pero a la vez, nos recluimos en nuestras zonas de confort como quien mira la vida pasar, inventando un sucedáneo felicidad, una marca blanca que ha instantes caduca y nos aboca al estrés y la ansiedad…

Se nos olvida, tal vez, que para ser feliz hay que tomar decisiones, que hay que librarnos de los zapatos ajustados y atrevernos a caminar descalzos, se nos olvida que el amor no tiene por qué doler, que la docilidad en el trabajo nos acaba quemando y que a veces, hay que hacerlo, hay que desafiar a quién nos somete y salir por la puerta de entrada para crear nuestro propio camino. Nuestra propia felicidad.

¿Qué tal si empezamos hoy mismo?

Valeria Sabater


22 abril 2017

La desaparición de la realidad

John Lennon afirmó que la vida es lo que sucede mientras hacemos otros planes. La sustancia del acontecer se nos escapa; vivimos más en la evocación del pasado o el anhelo del futuro que en las fugitivas exigencias del presente. Los dibujos en las cuevas de Altamira demuestran que al ser humano nunca le ha bastado cazar un bisonte: necesita representarlo. Calentarse las manos en el fuego es un acto tangible que sirve para pensar en otra cosa.

Durante milenios, la res cogitans ha sido la especie más distraída del planeta. Esta capacidad de evasión explica que Cervantes haya concebido el Quijote en una cárcel y que Newton haya pensado algo especial al ver caer una manzana. Pero también nos mete en apuros; cuando tu pareja dice la alarmante frase "tenemos que hablar", en vez de concentrarte en lo que dice, piensas en Messi. Aunque así ejerces la mayor destreza de la "cosa pensante", eso sólo acarrea problemas.

La lengua inglesa inventó un refrán amable para que los abstraídos regresen al mundo: "A penny for your thoughts". Hoy en día es imposible usarlo sin caer en bancarrota. Pagar un penique cuando los otros se evaporan sólo puede llevarnos a la ruina. La realidad ha sido relevada por lo que ocurre en las pantallas.

El documental Ronaldo aborda la vida relativamente privada del célebre delantero del Real Madrid que también responde a un apodo alfanúmerico de cyborg: CR7. Una escena de la película captura el sentido de la fe en la era mediática. Cristiano asiste a una iglesia para bautizar a su sobrino. Se trata de un acto familiar, sin mayores lujos. El sacerdote preside la liturgia hasta revelar al verdadero Dios: pide fotografiarse con CR7.

En 2013, el Diccionario Oxford eligió a selfie como palabra del año. De este modo definió a una época donde lo importante no es vivir un suceso sino registrarlo. La gente no va al Louvre a ver la Gioconda sino a fotografiarla o, para ser exactos, a fotografiarse al lado de ella. La identidad, que desde Parménides dependía de lo que eres en forma indivisible, se ha convertido en simulacro.

El año pasado recorrí en Seattle los lugares icónicos del rock en el coche de una mujer que organiza tours privados. Comenzamos en el sitio donde Nirvana tocó por primera vez y terminamos en el restaurante donde Kurt Cobain cenó por última vez, pasando por la tumba de Jimi Hendrix y el auditorio donde se consagró Pearl Jam. En cada escala, ella se decepcionó de que yo no tomara fotos. Habíamos congeniado por una de esas "señales" de la trivia rocanrolera (Jeff Beck nos parecía el mejor guitarrista de todos los tiempos), pero ni siquiera esta complicidad frenó su desilusión. En una banca junto a la casa de Kurt Cobain, donde la gente deja toda clase de exvotos, dijo con pesadumbre: "Esto no está funcionando". Entonces le tomé una foto. Salió con cara triste, como si yo acabara de quemar el legendario suéter blanco del poeta Grunge.

De manera emblemática, otras palabras del año escogidas por el Diccionario Oxford aluden a la evanescente condición de la realidad. En 2014, la seleccionada fue vape, que se refiere al vapor inhalado en un cigarro electrónico, es decir, a un falso tabaco. En 2015, triunfó emoji, nombre japonés de los emoticones, que resumen el despecho con un corazón partido y la ternura con un koala. Este proceso de separación filológica de lo real tenía que desembocar en la palabra de 2016: "posverdad". No hay nada nuevo en que se digan mentiras o en que se distorsionen los datos; lo sorprendente es la condición dominante de las simulaciones, comenzando por los tuits de Donald Trump. ¿La "cosa pensante" se disoció de la verdad para ser la "cosa virtual" que pronto será la "cosa delirante"?

Ante la representación hegemónica de la verdad creada por la cultura dominante, Foucault encomió el papel emancipador del pensamiento, señalando que la lucha contra la representación es la lucha contra la repetición hegemónica. Una apuesta de la diferencia en contra de la semejanza.
Cuando las niñas de hoy sean abuelas, ¿tendrán nietas capaces de ver los millones de selfies de su infancia? ¿Existirá la especie más allá de sus imágenes?

La vida se transforma en lo que no sucede mientras hacemos otras cosas.


Juan Villoro

21 abril 2017

El amor y la muerte

El amor está compuesto de contrarios pero que no pueden separarse y que viven sin cesar en lucha y reunión con ellos mismos y con los otros.

Estos contrarios, como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de las pasiones, giran en torno a un sol único. Este sol también es doble: la pareja. Continua transmutación de cada elemento: la libertad escoge servidumbre, la fatalidad se transforma en elección voluntaria, el alma es cuerpo y el cuerpo es alma. 

Amamos a un ser mortal como si fuese inmortal. Lope lo dijo mejor: a lo que es temporal llamamos eterno. Sí, somos mortales, somos hijos del tiempo y nadie se salva de la muerte. No sólo sabemos que vamos a morir sino que la persona que amamos también morirá. 

Somos juguetes del tiempo y sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que desfiguran al cuerpo y extravían al alma. 

Pero el amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el tiempo se distiende y deja de ser una medida.

Octavio Paz


20 abril 2017

No podemos leer la mente

Si quiero o necesito algo,
Siempre puedo pedirlo.
Tengo derecho a pedirlo.
Pedir no es ser egoísta, poco amistoso o narcisista.
Pedir puede ser una expresión de amor, también.
Una forma de conectarme a través de mi vulnerabilidad.

No espero que alguien más me lea la mente,
que mágicamente sepa lo que quiero, necesito o siento,
que me satisfaga automáticamente,
sin que yo tenga que expresarlo.

No confundiré amor con ‘leer la mente’.
(Esta es una herida profunda que proviene de nuestra infancia).
Siempre puedo pedir.
Pedir no es lo mismo que exigir.
(Independientemente de lo que hayamos aprendido).
Al pedir, le doy a la otra persona la libertad
de que me proporcione lo que quiero, o no.
De que me escuche, o no.
De que me tome en serio, o no.
De que sea empático y cariñoso, o de que me avergüence por ello.

Al pedir, descubro a la otra persona.
Puedo conocerla más profundamente.
Al exigir, existe la amenaza de un castigo.
Al exigir, hago de la otra persona mi esclavo.
Al pedir, hay espacio.
Cabida para el sí y el no.

Al pedir, hay amistad, respeto, confianza.
¡Y yo no pretendo leer la mente!
No pretendo que puedo saber mágicamente
lo que alguien más siente, quiere o necesita.
En lugar de eso, puedo investigar.
Ofrecer mi respeto a través de preguntar.
O propiciar el espacio para que el otro se pueda expresar.
De cualquier manera, puedo escuchar sus deseos.
Incluso si provocan algún malestar en mí.
Y acepto que a veces puedo estar atascado
en mis propias proyecciones.

No leo la mente.
Así que no debo sentirme culpable
por no comprender enteramente
la experiencia de alguien más.
Por mucho que realmente me importe.
Y nadie más lee tampoco la mente.
Así que no debo castigar a nadie,
o tratar de hacerlo sentir mal,
por no verme, conocerme, cumplirme.
¡Qué alivio!
Ser plenamente responsable de mi propia felicidad.
Y de expresar la verdad.
Y estar completamente abierto
para ponerlo en práctica.


Jeff Foster


10 abril 2017

Caminaba entre todos los demás

Caminaba el hombre entre todos los demás, con tal dignidad que le es propia a quien en la confianza de ser hijo del Altísimo, cumple cabalmente su destino.

Ante el dolor del látigo y las espinas, mostraba su mensaje: “no soy carne, no soy cuerpo y tampoco Ustedes lo son”, vayamos un paso adelante, que protegidos estamos en cualquier umbral.

Ante una mente que sabe de juicios injustos, ofensas y desatinos ajenos, mostraba también: “no soy mente, no soy ninguna idea, ni Ustedes lo son” sigamos hacia arriba, donde reside el corazón.

Ante las lágrimas de una Madre y el desconcierto de sus discípulos, siguió mostrando: “no soy sentimientos que terminan en esta tierra, ni apegos que hagan sufrir, ni Ustedes lo son”, continuemos el ascenso con certeza en la luz y el reencuentro.

Ante la soledad de la más sublime entrega total, mostró el mayor de los ejemplos “Yo soy espíritu, el divino, el incorruptible e inmortal”, Padre: "en tus manos encomiendo mi espíritu y el de Ustedes también".

“Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Y respondió el otro, reprendiéndole: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. Y le dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 39-43).

"No he venido a traer mensajes de dolor, he venido a mostrarles la luz en el camino de la vida"



03 abril 2017

Despertar

¿Has notado la luz reflejándose en la hierba seca?
¿Has escuchado el viento cantando entre las ramas del árbol?
¿Has sentido el viento en tu rostro, la luz del sol en tu cuerpo?
¿Has notado cómo tu mente estaba en silencio, aunque fuera sólo un momento, y cómo al hacerlo la sensación de Vida se hacía más y más intensa?

¿Has notado cómo hasta los objetos más pequeños y normales dejan de serlo, y brota de ellos la luz del Ser, la luz de la Vida?
¿Has notado cómo desaparece el yo, y todo es Vida y energía, júbilo e intensa Presencia?
¿Has notado cómo, aunque la mente vuelva con su cháchara, hay algo que ha cambiado de forma profunda e inexplicable?
No necesitas estar ante un lugar de pasmoso asombro.
La mente es una gran devoradora adicta al asombroso continuo.
Sólo es necesario estar serena y plenamente alerta y consciente.
Sólo es necesario Despertar. Aunque sea por breves instantes.
El sueño irá siendo cada vez menos pesado.
La conciencia cada vez más lúcida y clara.
El proceso de despertar no puede detenerse cuando llega la mañana.
Sólo la fiebre o la enfermedad nos mantendría dormidos.

Está amaneciendo.
Abramos los ojos a la Vida.

© Yolanda Calvo Gómez


27 marzo 2017

La base de un cerebro sano es la bondad

Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

...Así empiezan las grandes historias.

Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.

¡En dos horas!

Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.

¿Y la expresión de los genes cambia?

Sí, y vemos como en las zonas en las que había inflamación o tendencia a ella, esta des­ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992 ­conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.

Un hombre muy nutridor.

“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.

Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?

Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?

Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?

Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?

Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.

Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).

Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)...

...Hay que estar abierto y expuesto.

Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?


A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales...

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?


Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

¿Y cómo les convence?

Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.

Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.

Apenas un segundo para seguir en lo suyo.

La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo.

Richard Davidson


22 marzo 2017

El verdadero significado de la prosperidad

“No preguntes qué es lo que el mundo necesita. Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo, y hazlo. Porque lo que el mundo necesita es gente que se sienta realmente viva.” - Howard Thurman

Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días. Encuentra algo que te motive y no te deje otra alternativa, algo que te sea sumamente fácil, natural, sin la necesidad de tener que “hacer” nada, algo que te haga sentir maravillosamente vivo; algo que te absorba por completo, algo que te haga olvidar el pasado, el futuro y la pesada carga de “tener que ser”, algo que se sienta absolutamente fiel a la esencia de tu ser, algo por lo que valga la pena vivir, algo que implique una conexión profunda, y hazlo. Hazlo todos los días. Busca la manera de poder vivir de ello, de convertir tu vida en una expresión de ello. Recuerda que cuando te enfocas en cierto destino, pierdes de vista el recorrido, que es en donde se encuentra toda la vida. La verdadera satisfacción no proviene de un futuro que tengas que aguardar. La satisfacción real consiste en saber conscientemente lo que eres hoy, en ser eso, en vivir eso, y así es como nacen todos los futuros. 

¡Claro! habrán ciertos temores y dudas, los “Peros”, los típicos “No debería” y por supuesto, los “No puedo”. Sí, se espera que haya miedo y que se pueda abrazar y que se pueda integrar. Sí, la mente dirá… “pero así no harás dinero”, y la mente dirá… “eso no te brindará seguridad”, y la mente dirá… “te estás engañando a ti mismo”, y la mente dirá… “no lo lograrás”, y la mente dirá… “¿Pero, qué dirán todos de ti?”, y la mente dirá todo tipo de cosas porque a ella sólo le gusta lo que ya sabe y lo que cree que puede predecir y le da terror el cambio y en última instancia, la muerte. Pero recuerda que tú no eres la mente y que la mente tiene todo el derecho de decir lo que quiera porque no tiene el control de tu propia inmensidad. El miedo no es un obstáculo, la resistencia no puede detener el flujo incesante que crea galaxias y hace a las aves cantar, y todas las objeciones de la mente son sólo objeciones al cambio. Sin embargo, el cambio es la naturaleza de todas las cosas, no el enemigo, y una vida vivida al máximo que termina en un glorioso fracaso es preferible a una vida vivida a medias que termina en un éxito completamente vacío y en piscinas atascadas de dinero que se hizo sin amor. 

Entonces, ¿qué es el éxito? El éxito no se trata de cuánto dinero tenga uno en la cuenta de banco, eso ya lo sabemos. No es una lista de logros y premios y reconocimientos, no es la cantidad de títulos ni certificados colgados en una pared, no se trata de la cantidad de clientes ni seguidores que se tengan, se trata de ese fuego que siente en la barriga, se trata de todo aquello que sale naturalmente desde el corazón a cada momento, y no de cuánto dinero vaya a entrar a los bolsillos en el futuro; se trata de ser uno con la vida, de alinearse con lo que realmente es, es hacer lo que se ama y amar lo que se hace, amarlo tanto que no tenga uno otra opción más que permitir que eso sea, amarlo tanto que las recompensas mundanas se vuelvan algo secundario, incluso si fluyen abundantemente. Sé uno con lo que eres y vive desde esa alineación y conocerás la verdadera prosperidad, como cuando eras joven y no habías aprendido aún cómo conformarte o cómo temer al fracaso. 

Hemos confundido el lucro con la prosperidad, el éxito con las estadísticas y hoy en día hay mucha gente que vive para enriquecerse y para conseguir un estatus, sin embargo, se trata de una riqueza vacía, una riqueza amenazada por el miedo, la pérdida y la ruina, en última instancia. Una riqueza que depende de las incontrolables circunstancias externas. Mejor, haz lo que amas, entrega tu vida a ello y sabrás lo que es la verdadera prosperidad, una prosperidad digna de toda tu confianza, más allá de los beneficios económicos, esa prosperidad que ningún tipo de ganancia puede comprar y que ninguna pérdida puede destruir. La mente, que opera en el ámbito de la ganancia y la pérdida, de la causa y el efecto, del tiempo y el espacio, sentirá miedo de la pérdida y la ganancia, de la pérdida de su imagen, de la pérdida de su seguridad y siempre querrá más y más riqueza. Reconoce el miedo y la codicia, no los conviertas en tus enemigos, en cambio, concéntrate en tu prosperidad y en la prosperidad de aquellos que te rodean, concéntrate en aquello que amas, en tu verdad, y no permitas que nada se convierta en una excusa para descuidar tu más profunda vocación, aquello que verdaderamente te impulsa. Haz lo que amas sin distraerte. Sí, podrías perder lo que tienes, lo que crees que es tuyo. Podrías llegar a tener menos dinero que antes. Podrías enfrentarte a las críticas e incluso a las burlas de algunos. Es posible. Sin embargo, estarás completamente alineado con la vida y abierto a la oportunidad, a que aparezca alguna ayuda inesperada en el camino, a correos y llamadas que surjan de la nada, estarás abierto a todos y a todo lo que deba aparecer en el momento oportuno y todo aquello que deba desaparecer también lo hará en su momento. Aprenderás a vivir sin la programación de la mente y sus historias, aprenderás a vivir a través de tu propio programa, un programa en donde habitan los cometas y las estrellas, un programa ancestral de profunda paz y verdadera satisfacción. 

Estarás tan enamorado de lo que haces que perderás todo temor a la escasez de dinero, y la confianza ocupará el lugar del temor, y desde este fertilizante de confianza absoluta, se generará el dinero suficiente, o por lo menos, los medios para mantenerte a ti mismo, o la voluntad de ser apoyado mientras encuentras tu punto de equilibrio. En formas inesperadas, el apoyo vendrá, las conexiones perfectas se darán, aparecerá la gente y las circunstancias adecuadas y las cosas empezarán a fluir, incluyendo el dinero, si eso es lo que te preocupa, pues el dinero, de todos modos, es solamente energía y todo es energía. Tal vez llegará lentamente en un principio. Tal vez no al ritmo que a la mente le gusta, pero llegará, en su propio tiempo. Lo realmente importante es ese fluir, no el resultado. Aprenderás a tener paciencia y a sentir confianza y te verás forzado a hacerte amigo de la duda. Podrías decir “no es posible, todo será un rotundo fracaso”, pero nunca lo sabrás si no lo intentas. Podrías ganarte la vida haciendo aquello que amas. Podrías incluso tener una vida con mucha riqueza. Es posible. Otros lo han logrado antes que tú. Y con lo que la vida te dé, serás capaz de devolver mucho más de lo que algún día imaginaste y el ciclo de prosperidad continuará inevitablemente. 

Sí, puede ser que esté completamente equivocado. Tal vez todo esto sea una ilusión, tonterías de la Nueva Era, un parloteo espiritual fuera de la realidad, una promesa de felicidad para los ya satisfechos. Quizás tus miedos y dudas estén justificadas. Tal vez estés completamente atorado en la vida que llevas, sin esperanzas de algo diferente. Pero quizás no, y este “quizás no”, sea la posibilidad que abra todas las demás posibilidades, y en la que muchos se niegan a adentrarse en lugar de permitir que los miedos y las dudas y las justificaciones gobiernen sus vidas limitando sus grandes capacidades. Y entonces, todo lo que queda es la censura, la amargura, el arrepentimiento y la culpa cósmica de la pequeñez y de un potencial desperdiciado, y la esperanza de una vida diferente o la expectativa de que las circunstancias externas cambien. Culpamos a todos y a todo por nuestro estancamiento y negativa (que replanteamos como nuestra propia incapacidad) de definir la vida que amamos. Culpamos a nuestros genes, a nuestra química cerebral, a nuestras creencias espirituales, a nuestro karma, a nuestra personalidad, a nuestros padres, a la economía, al gobierno, al clima, a la alineación de los planetas, a nuestra historia, a nuestras conclusiones acerca de lo que debería pasar. Una vez que el juego de la culpa comienza, ya no hay quien lo pare. Pero en eso, tampoco encontramos alegría. 

He conocido a personas que, en las últimas semanas de su vida, descubrieron de pronto algo en lo que eran buenos, algo que hizo que su corazón cantara: morir bien. Morir en una forma que inspirara a los demás. Permitiendo que su agonía fuera transformadora y un factor de cambio. En las últimas semanas de vida entraron en una absoluta prosperidad. Se entregaron por completo a aquello que amaban, sin esperar ningún beneficio adicional, ninguna ganancia. Jamás hubo alguna excusa. Siempre hay algo para nosotros. A veces, el simple hecho de saber lo que no queremos es el primer paso. A veces, no saber lo que queremos, pero darnos el espacio y el tiempo para explorarlo y encontrarlo es un movimiento de suprema inteligencia y valor en sí mismo. 

Aquí no hay ningún mandamiento, no existen los “deberías”. No te estoy diciendo cómo vivir o qué es lo que tienes que hacer. El mundo está repleto de todo eso. Estas son sólo pequeñas invitaciones de alguien que ya pasó por eso, recordatorios llenos de amor para que te abras a tu propia inmensidad, para que liberes a tu corazón, para que bailes y cantes y para que seas eso que ya sabes que eres: la Vida misma, preñada de un potencial creativo que estalla como un Big Bang, ese potencial que por siempre ha escrito cuentos de aventuras emocionantes en las paredes de tu corazón, ese potencial que aún estalla en forma de cada pensamiento, cada sensación, cada sentimiento. Vive la vida que amas porque quizás tengas sólo este día para hacerlo. Nadie más puede vivirla por ti. Te cansarías de esperar. 

Jeff Foster


21 marzo 2017

Prevenir el estrés

El estrés es una reacción biológica de nuestro cuerpo que se prepara así para la supervivencia o una demanda incrementada.

Estamos más alerta para poder enfrentar situaciones de peligro. Todos los animales tienen estrés cuando hay una causa física o peligro real que requiere una respuesta inmediata.

Lo que diferencia a los humanos del resto del mundo animal es que añadimos al estrés en bajos niveles por causas físicas el estrés por causas psíquicas.

Nuestra mente empieza a traducir nuestras preocupaciones mentales como si fueran un peligro físico real (¡una amenaza!). Son amenazas imaginadas, la mayoría nunca ocurrirán, pero el cuerpo no sabe distinguir la amenaza real de la amenaza “inventada”. Por lo tanto la reacción fisiológico en nuestro organismo es la misma. Así podemos entrar en un círculo vicioso y tener estrés de forma continuada. Este estado de estrés continuo tarde o temprano afectará la salud.

Gracias a los avances en la medicina y en la sanidad pública, nuestros patrones de enfermedad han cambiado. Actualmente padecemos enfermedades distintas y tenemos más probabilidades de morir de forma diferente que la mayor parte de nuestros antepasados.

Lo que nos preocupa y nos quita el sueño es otro tipo de enfermedades. Y una de ellas es el estrés: atascos de tráfico, problemas económicos, exceso de trabajo, relaciones sociales y el estrés sí puede generar enfermedades.

En nuestra vida privilegiada, hemos sido los únicos (del mundo animal) con la suficiente inteligencia como para inventarnos esos agentes estresantes, y los únicos lo bastante estúpidos como para permitir que dominen nuestras vidas.

Ante el gran muro de un agente estresante no hay que suponer que existe una solución especial que logrará derribar el muro, lo que hay que asumir es que a menudo, mediante el control de una serie de puntos de apoyo podemos escalarlo.

Cinco actitudes que pueden prevenir el estrés

– Aceptación (versus la resistencia)
– Compromiso (versus vivir sin sentido)
– Ver la oportunidad de mejora y aprendizaje (versus ver solamente la amenaza, el daño y la pérdida)
– Cuidar la salud (versus abandonarse)
– Cultivar las relaciones afectivas (versus aislamiento)


Robert Sapolsky


20 marzo 2017

Noche y día

Uno rabino hacía a sus alumnos la siguiente pregunta:

– ¿Como podéis distinguir cuando acaba la noche y empieza el día?

El primer discípulo respondió:
– Cuando en la lejanía puedes distinguir un perro de una oveja.
– No – dijo el rabino.

Otro discípulo aventuró su respuesta:
– Cuando puedes distinguir una palmera de una higuera.
– No – replicó el maestro.
– ¿Cuando? – preguntaron a coro los discípulos.

Y el rabio respondió:
– Cuando puedes mirar el rostro de una persona y reconocer en ella a un hermano.
– Mientras esto no pasa, es todavía de noche en tu corazón.


17 marzo 2017

Tu vida no puede salir mal

En realidad, tu mundo está configurado de tal forma que nada te puede pasar, sin embargo Todo Pasa Para Ti - para tu despertar, para tu crecimiento, para tu inspiración, para tu exploración - incluso si te olvidas de eso, o si a veces no puedes verlo o si a veces caes en la distracción y en la desesperación.

Cuando no hay un destino fijo, no puedes perder el rumbo, así que nada de lo que pase en tu vida puede sacarte del camino. Tu camino ES lo que pasa, y lo que pasa ES tu camino. No hay de otra.

Todo es un regalo en este inquebrantable camino que llamas vida - la risa, las lágrimas, los momentos de gran angustia, las experiencias de profundas pérdidas, el dolor, la confusión, los momentos en los que crees que nunca lo lograrás, incluso el la inmensa angustia que causa el amor - aunque lo olvides, o a veces no puedas verlo, o pierdas absolutamente la fe en este gran espectáculo.

Pero incluso la pérdida de la fe en este espectáculo es parte del espectáculo, e incluso la escena donde 'algo está saliendo mal' no es indicativa de que el espectáculo esté saliendo mal, y así, siempre estás exactamente donde necesitas estar, lo creas o no, incluso si no lo crees.

La vida es absolutamente confiable, aunque tu confianza parezca estar a millones de años luz, la vida no puede ir mal, porque todo es vida, y la vida es todo. Entiende esto, compréndelo desde tu corazón. La espiritualidad es profundamente simple, tan simple como la respiración, tan natural como contemplar las estrellas por la noche y caer rendido de asombro.

El universo es mucho más hermoso de lo que podrías alguna vez imaginar.

Jeff Foster


16 marzo 2017

¿Qué te hace florecer?

Rara vez comparto mis reflexiones o pensamientos sobre algún tema, pero esta mañana no pude evitar observar mis rosas que nos regalaron en el trabajo por el día de la Mujer y pensar en esto...

Las dos rosas han estado en el mismo florero con agua, ambas bajo las mismas circunstancias, rodeadas del mismo ambiente, en la misma oficina, con la misma persona (yo), en el mismo florero, con la misma cantidad de agua...

¿Porqué una si floreció (nos las dieron cerradas) y la otra no?,
¿porqué una desde el primer día se agachó como si no tuviera ganas de vivir y la otra luchó por abrirse, florecer y regalar alegría al ojo humano?

Esto me hizo pensar en nosotros como personas, hay personas que están bajo las mismas circunstancias, incluso viviendo bajo el mismo techo, conviviendo con las mismas personas, se puede decir que hasta el mismo nivel de estrés, ¿Porqué una persona sí florece y la otra no?, ¿porqué una si enfrenta la vida con brazos abiertos esperanza en lo mejor y la otra se derrota sin siquiera empezar a luchar?... creo yo son preguntas que se contestan con lo que no se ve: nuestro interior, lo que hay en nuestro corazón, lo que nos motiva o desmotiva, la esperanza o desesperanza que nos impulsa.. en fin.. para reflexionar


Inés B. Alvarado


Photo by Inés

15 marzo 2017

Elegí la vida

No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz, el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos, habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.

Rudyard Kipling


14 marzo 2017

Papas en la mochila

Un día, el maestro de secundaria nos pidió como tarea que lleváramos papas crudas y una bolsa. Nos dijo que pusiéramos en la bolsa plástica una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento y escribiéramos su nombre en ella.

También, nos pidió que durante una semana cargáramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas en la mochila.

- ¡Algunas papas eran realmente pesadas!

Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa a todo momento me demostró claramente el peso que cargaba a diario en mi corazón y en mi vida debido al resentimiento.

También aprendí como, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla, desatendía cosas que eran mas importantes para mi.

Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio que pagaba por mantener esos resentimientos y no perdonar algo que ya había pasado y que además no podía cambiarse.

Pensamos, a menudo, que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta que los primeros beneficiados somos nosotros mismos. Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" emocional.

La falta de perdón es como un veneno que tomamos diariamente a gotas pero que finalmente nos termina matando en vida. Hay mucho escrito sobre este tema tan vital para la salud emocional y espiritual, pero sin duda, debemos empezar primero, por perdonarnos a nosotros mismos por todas las cosas que no fueron como hubieras querido que fuesen.

Recuerda que el perdón es una decisión que se toma no porque lo sintamos, o queramos, sino por nuestra propia sanidad y libertad, ya que nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Tal vez fuiste tu la víctima, pero grabe esto en su alma, se necesitan al menos dos para generar un conflicto, una herida. Y al menos uno, para romper esa atadura del alma.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos y actitudes negativos que nos causaron dolor o enojo. El perdón se basa en aceptar lo que pasó y empezar el camino al cambio para no volver mas allí.

Todo en la vida tiene que ver con decisiones libres de emociones. El camino de la cordura, demanda al menos que tengamos claro lo que esta bien y lo que no, y adoptemos el camino que edifica en lugar del que nos destruye.

¿Vas a tomar decisiones hoy o seguirás reaccionando esclavo de tus emociones?

Que esta semana te liberes de ese equipaje pesado que llevas aun a cuestas y que te impide llegar donde Dios quiere.

13 marzo 2017

Seis días con un perro

El precio de vivir sin remordimientos

Ni siquiera había transcurrido una semana después de nuestra luna de miel, cuando mi esposo me informó que quería tener un perro. Eso me tomó por sorpresa, porque la familia de Elliot nunca había tenido mascotas, ni el tema había surgido entre nosotros durante los diez años que llevaba conociéndolo. Tampoco era una buena noticia. A mí me inquietaban los perros desde el kínder, cuando un bóxer molesto casi me quitó la mano.

Además, no veía la necesidad de complicar nuestra nueva vida juntos con algo desordenado, costoso y desconocido, por lo que respondí: “Yo no quiero un perro”. Pensé, erróneamente, que eso le pondría fin al asunto. Elliot me miró con incredulidad, y finalmente encontró las palabras: “¡Pero mi madre me dijo que podía tener un perro cuando me casara!”.

Esta frase causaba mucha risa cada vez que contaba la historia a mis amigos, pero el verla como una broma me impidió darme cuenta de la burbuja que yo había creado, la cual duró muchos años. Durante nuestros más de 40 años juntos, Elliot señalaba a cada golden retriever que veíamos, convencido de que me enamoraría de esa raza, tal como había sucedido con él.

Pero yo había creado un arsenal de excusas, comenzando con: “Los niños son más que suficiente trabajo”. Después, lo que había visto que sucedía con mis amigas: a pesar de las promesas, pasear al perro (por no hablar de la alimentación, el baño, la limpieza y las visitas al veterinario) se convertía en el trabajo de mamá. Pero mi argumento más convincente era que nuestra hija mayor era tan alérgica a los perros, que el más breve contacto con ellos la dejaba muy hinchada, irreconocible. En otras palabras, yo pensaba que por todas estas razones estaba a salvo.

Pero los hijos crecen y se van de casa. Cuando nuestro nido se vació, Elliot empezó a presionar con determinación por un perro. Yo todavía carecía de cualquier inclinación por tener algún perro, pero sentía que era injusto seguir negándole esto todo el tiempo. Cuando él prometió que sería de una raza hipoalergénica, mi arsenal se redujo a un solo argumento: “Puedes tener un perro si tú te haces totalmente responsable de él”. Así que Elliot, que acababa de reducir su semana de trabajo a tres días, puso la mira en su jubilación cercana.

Luego fue diagnosticado con cáncer.

De inmediato, nuestros hijos comenzaron a hablar del asunto. Sabían que una mascota era lo último que yo necesitaba en mi vida, ahora inesperadamente fuera de control, pero el sombrío camino que enfrentaba Elliot exigía un aliento extremo. Al decidir ellos que su papá necesitaba un perro, designaron al hermano más valiente para confrontarme. Por alguna razón, a pesar de mis reservas, yo había llegado ya a la misma conclusión.

Así que, para satisfacer el anhelo de su padre (y, estoy segura, para sentirse útil en una situación tan patética) nuestra hija menor se lanzó a investigar razas y a visitar albergues de perros. Después de varios “casi”, encontró al perro, un schnoodle tierno y juguetón que necesitaba aseo y caricias. Muchas caricias.

Jack vivía para ser amado, y se mantenía en las piernas de su nuevo amo, con ojos brillantes y extasiados durante todo el tiempo que era acariciado por Elliot. Yo pensaba que su relación sería tranquila, pero la fatiga producida por la quimioterapia echó raíces rápidamente. Por tanto, las caminatas diarias con el perro recayeron en mí. Me sorprendió la facilidad con que me adapté a esto; el ejercicio me ayudaba a aclarar mi mente después de un tiempo en nuestro extraño nuevo mundo de medicamentos, inyecciones, transfusiones y ansiedad.

Pero Jack era para mí un nuevo mundo extraño. Dos veces, por ejemplo, quiso salir a medianoche, pero después se negó a hacerlo porque estaba lloviendo. Eso me dejó confundida. Tenía varias preguntas: ¿No debía darle agua después de su cena? ¿Había algún mensaje subliminal detrás del “regalo” que dejó en la alfombra? ¿Y qué de los mechones de pelo regados por toda la casa?

También Elliot tenía preguntas, entre ellas: “¿Está bien que deje de acariciarlo?” ¿Había entendido yo correctamente —después de solo veinte minutos— que mi recalcitrante amante de los perros había tenido ya suficiente?

El sexto día fue el primer chequeo de Jack, setenta y dos horas después de lo recomendado por el albergue (un triunfo, pensé, considerando lo que estábamos pasando). El veterinario confirmó que estaba sano, y luego dijo la palabra P.

¿Pulgas? dije, dejando escapar un suspiro. (¿Quién iba a saber que la “recomendación” del albergue estaba basaba en cuándo había vencido la prevención contra las pulgas?)

La veterinaria me consoló en gran manera, diciendo: “¡No hay que preocuparse!” y luego me dio una serie de instrucciones. Bien, las pulgas pueden ser una cuestión de rutina para un veterinario, pero escuchar “simplemente” en la misma frase de “lavar con agua caliente todas las sábanas, aplicar bórax en todas las superficie, y pasar la aspiradora dos veces al día durante dos semanas” era simplemente demasiado. Simplemente, no había suficiente Sandy para hacer todo eso, más ocuparse de un perro y de un paciente de cáncer.

Pero aquí está lo asombroso: en esos seis días, Elliot descubrió que ser dueño de un perro no satisfacía las expectativas que él había tenido durante tantos años. Y estaba dispuesto, incluso ansioso, de simplificar lo poco que pudiéramos de nuestra complicada vida.

Me habría gustado decirle que en el séptimo día descansamos, pero el régimen de bórax, lavado de sábanas y pasado de la aspiradora duró algún tiempo. También me habría gustado informarle que Elliot se recuperó, pero durante tres rigurosos meses que volaron, rebotábamos como una pinball entre las esperanzas, los temores, las preocupaciones y las amarguras de la enfermedad terminal. Sin embargo, una cosa estuvo maravillosamente ausente: el remordimiento.

Nadie, ni siquiera Elliot, me habría criticado por no haber entendido la idea en cuanto al perro desde el comienzo; realmente era el peor momento posible para intentar algo tan inconveniente. No obstante, me estremezco al pensar en lo cerca que llegué a decir que no, y en lo que eso habría significado: Elliot no habría visto cumplido su sueño, ni la demostración tangible del amor de su familia; y ahora yo estaría batallando con el remordimiento, además del dolor, deseando haber podido rebobinar cuatro décadas, y cedido a su deseo.

Situaciones en las que nos hemos salvado de milagro pueden ser algo bueno; la que yo experimenté me ha hecho más consciente de las palabras y las acciones que no nos llevarán a desear tener una segunda oportunidad. Y estoy agradecida porque Dios sabía lo que yo no sabía —que el pequeño Jack iba a ser un gran problema mientras enfrentábamos carreras a las salas de emergencia y cinco largas hospitalizaciones. Dios sabía, también, que seis días con un perro nos bendecirían a todos. Por eso, Él me llevó misericordiosamente a poner el amor por encima de la lógica, y luego envió pulgas como un vehículo de su gracia multidireccional: Elliot tuvo su perro; nuestros hijos tuvieron la alegría de haberlo hecho posible; y yo vivo libre de la agonía del “si tan solo…”.

Hasta el perro fue bendecido. Jack vive ahora con un experimentado dueño de mascotas, que le brinda amor y caricias a granel.

Sandy Feit

10 marzo 2017

5 cosas que puedes llevar contigo

Cuando te enfrentas al maravilloso mundo de lo desconocido

1. Confianza. Confía en ti mismo. Nadie te conoce mejor que tú mismo. Nada puede ser logrado si no hay confianza. Cuando pierdes la confianza – en ti, en los demás, en la bondad básica del mundo, las cosas se vienen abajo. Confía en que el universo conspira contigo, no en tu contra, para ayudarte a alcanzar tu versión más elevada y verdadera posible.

2. Corazón. No tengas miedo de sentir profundamente. Sólo estaremos aquí un pequeño rato. Tu corazón es tu brújula, tu mejor aliado, tu máxima prueba de vida. Aprende a escuchar su murmullo.

3. Incertidumbre. Deja de resistirla, y en su lugar, aprende a bailar con lo desconocido. Cuanto más alto el riesgo, más hermosa la caída. Cuanto más grandiosas sean tus posibilidades, más apremiantes serán tus dudas. Eres el paquete completo.

4. Esperanza. Jamás renuncies a un sueño pero aprende a soltar cuando un determinado resultado se deteriore en una pesadilla. Vuelve a tu interior y revisa los latidos de tu corazón: CUALQUIER COSA QUE DESEES DEBE HACERTE SENTIR COMPLETAMENTE VIVO.

5. Impredecibilidad. La verdad es esta: jamás estás preparado para nada. Lo bueno, lo malo y lo feo siempre te encontrará, inesperadamente. La mejor manera de estar listo para la vida es abrazar el hecho de que nunca estás listo o preparado para nada – acéptalo plenamente, sin disculpas aquí, ahora, y Tú.

TU TIEMPO ESTÁ CONTADO. No te conformes. Eres todo.

No tengas la mínima duda en hacer arte con el pincel de tu vida. No tienes que excusarte al convertir tu corta aventura en este planeta en la más verdadera obra de arte que puedas concebir. El mundo no te debe nada. Tú le debes al mundo tus tesoros.

Andréa Balt


09 marzo 2017

Hombres necios que acusáis

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia y luego con gravedad
decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais, y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana, pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis que con desigual nivel
a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas
y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada:
la que cae de rogada o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar y después con más razón
acusaréis la afición de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.

Sor Juana Inés de la Cruz


08 marzo 2017

Los derechos e igualdades se encuentran en el interior

Estamos de acuerdo en que el hombre, como varón, no es superior a la mujer... ¿verdad?...
Entonces, ¿qué razón nos hace suponer que la mujer sí lo sea con respecto al varón?

Sin darnos cuenta, nos hemos ido acostumbrando a un ritmo gradual de cierto intento de supremacía... como queríendoles dar a probar la medicina con que consideramos que nos han estado envenenando durante siglos... sin darnos cuenta tampoco de que estamos entrando en la famosa "ley del talión" que a tan mal puerto conduce...

Bajo la bandera de la "igualdad" se nos manipula... se nos llena de odios, rabias, rencores, resentimientos y falsos "orgullos", como si el género (que hasta ahora decíamos que era lo de menos, para poder tener las mismas oportunidades un@s que otr@s, como así es) realmente importara y fuera excluyente...
Porque ESO es lo que realmente se pretende, (¡dios, es tan evidente!) mantener la SEPARATIVIDAD Y EL ENFRENTAMIENTO.

¿Os suena el "divide y vencerás"?...

Eso es carnaza y alimento de frustraciones, insatisfacciones, malas digestiones y por tanto, de CONSUMO y de continuar con la BÚSQUEDA incesante de ALGO QUE NOS PROCURE UN POCO DE FELICIDAD, aunque sea momentánea y a costa de subir la adrenalina a cotas tan altas que el cuerpo se acaba resintiendo y al que le sucede un nuevo "valle o bajón"... y así, una y otra vez en busca del "pico", del "subidón"...

Lo cierto es que SÓLO un clima de AUTÉNTICA UNIDAD, de SUMA, puede con todo... y no porque "venza en una lucha" precisamente... sino PORQUE DEJA DE HABER LUCHA... porque se deja de creer que un bando es más importante que el otro....

Sólo el tercer lenguaje: el del equilibrio de los dos polos, el del camino del medio, el de la integración de los dos factores, pueden mitigar este dolor existencial que hay escondido tras cualquier lucha (con o sin razón... ¿qué es la razón sino pura subjetividad?...)

¿No nos damos cuenta de que sin la fuerza o presencia de cada una de las partes, no puede haber el enriquecimiento de la suma?

Nos alientan y ALIMENTAN (de forma encubierta) para que sigamos en eternas guerras de géneros, de etnias y de credos... y nosotr@s, como la rana en la olla al fuego, (a la que se le va calentando el agua poco a poco y acaba escaldada, en lugar de sentir el calor desde el primer momento, lo que le animaría a dar el salto fuera de la olla...) nos vamos adaptando, conformando y resignando a que todo siga por esos derroteros bélicos, creyendo que estamos "luchando" por nuestros derechos... cuando en el fondo no somos más que gladiador@s amig@s enfrentad@s, convertid@s en espectáculo de quienes utilizan "días de celebración" como el de hoy (y el de la madre... el padre... la infancia... los animales... ¿acaso no es el "Día de la Vida" SIEMPRE...???) como "cortinas de humo" que cubren sus acciones, dirigiendo y manipulando hacia dónde debemos mirar para no ver... y creando, repito, un clima de tensión, insatisfacción y rabias de fondo, para el que también quieren vendernos las tiritas.

Invito a reflexionar sobre todo esto, y a considerar la posibilidad de que los verdaderos derechos e igualdades se encuentren en el interior de cada un@, en nuestras propias creencias y emociones al respecto...
Porque, si hay lucha en mí... estaré en lucha también con el entorno más cercano, familiares, vecin@s, compañer@s, jef@s... y se irá extrapolando hacia un círculo cada vez más amplio, y con un radio de acción cada más grande e intenso...

Y, ¿nos preguntamos cómo está así el mundo?... Puro reflejo de cada una de las "unidades"...

Cambiar esto SÍ que está en nuestra mano y EXIGE UN CAMBIO DE MIRADA, comenzando por el entorno más próximo y continuando por derrumbar las falsas separaciones por géneros, etnias y credos, como antes comentaba.

ES IMPRESCINDIBLE comenzar por el PERDÓN más sincero. Y éste ocurre, inevitablemente, cuando somos conscientes de que la vida no deja de ser como una obrita de teatro con muchos actos y escenas... pero TODO ES MUCHO MÁS GRANDE de lo que perciben nuestros sentidos...
Hay una Fuerza Inmensa que mantiene unid@s todas las galaxias y multiversos.

¿Por qué no enterramos ya el "hacha de guerra" y nos dedicamos a VIVIR, realmente?

¿Por qué no dejamos de mirar hacia abajo, a nuestros genitales diferentes y de diferentes colores... y nos dedicamos a enfocar nuestra mirada en LA BELLEZA de todo lo que nos rodea?

¿Jugamos, por fin, a ver qué nos UNE, en vez de lo que APARENTEMENTE nos separa?...

Ésta es mi celebración particular del día.
Será un placer sentirte al lado, pero si decides caminar en otro rumbo, te respeto profundamente.

Un gran abrazo

Joy Batres