Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

18 marzo 2011

Libertad de palabra

Por Swami Chidvilasananda
 
Cada persona aprecia y respeta la libertad.  Cuando se usa adecuadamente, aporta lo mejor del ser humano, pero a menudo la gente olvida el auténtico propósito de la libertad.  La buscan por todas partes y cuando finalmente llega a su vida, raramente saben cómo vivir con ella.
 
Entre las muchas libertades que la gente aprecia, la libertad de palabra es una de las principales.  La libertad de palabra es un valioso privilegio, un regalo de gran valor, pero la gente suele olvidar que conlleva una responsabilidad impresionante.
 
La gente suele pensar que la libertad significa tener vía libre para satisfacer los apetitos del ego.  Muy a menudo, se busca la libertad para colmar los insaciables deseos del ego, y en este proceso la consciencia de un bien superior cae en el olvido.  En esta precipitada carrera hacia la gratificación de los apetitos del ego, es fácil olvidarse de las virtudes que hacen que la vida merezca ser vivida:  autocontrol, moderación y consideración por el bien de los demás.  Es fácil olvidarse de lo que beneficia a la sociedad en su conjunto.  Sin saber cómo, uno deja de tener presente que la mano de Dios está en todas las cosas y el discernimiento adecuado simplemente desaparece.  Se evapora la habilidad de distinguir entre los placeres a corto plazo y la felicidad duradera.  Y así, aún cuando obtienes lo que es más beneficioso para ti, no te das ni cuenta.
 
En nombre de ejercer la libertad, de experimentar la libertad, el individuo a menudo se ciega ante lo que da valor a su vida, se ciega ante las virtudes que están escondidas dentro de sí mismo, virtudes que el mundo entero merece y necesita.  Por lo tanto la libertad de palabra no es un derecho que puedas ejercer, sino que la libertad es un estado que el habla pura engendra dentro de ti.  Nunca la subestimes.  El habla pura crea un hermoso ambiente dentro de ti.  Es la forma en que mantenemos viva la intrincada y única bondad de cada cultura, a través de historias, canciones populares, parábolas, poesía, teatro, etc.  Es una de las formas principales en que nos comunicamos unos a otros el amor de Dios.
 
La libertad de palabra es un atributo divinamente humano.  Sin embargo, cuando se abusa de ella, cuando la pones al servicio de cada uno de tus caprichos y apetencias, ya no puede satisfacer su propósito innato.  Es como tomar una copa de dulce néctar, mezclarlo con veneno y ofrecérselo a todo el que te encuentres.  Al principio puede que el habla impulsiva y descontrolada parezca atractiva, verdaderamente muy atractiva, pero el resultado final es espantoso.  Decir todo lo que te apetece es, de alguna manera, como cavar tu propia tumba, como resbalar hacia las fauces de la muerte, la muerte de la moralidad, la muerte de la armonía, la muerte de la conciencia pura.  Cuando dices todo lo que te viene en gana, ahogas la tranquila voz de la voluntad de Dios.   El libro de Los Proverbios dice “cuando las palabras son muchas, la transgresión no falta.  Pero aquel que restringe sus labios es prudente”.
 
¿Te has dado cuenta alguna vez de lo que ocurre cuando hablas y hablas sin parar?  Gradualmente, casi sin darte cuenta, abandonas la esfera del control.   A menudo acabas diciendo más de lo que pretendías.  Das realidad a cosas que ni siquiera querías decir.   Contemplas después de haber dicho algo, en lugar de hacerlo antes de decirlo, de manera que tienes el doble de trabajo.  Cuando hablas sin parar, cuando dices lo que te apetece, hay un cierto tipo de satisfacción durante un rato, pero al mismo tiempo estás muy confundido acerca de esta satisfacción. 
 
Habiendo sucumbido a este tipo de cosas una vez, dos veces, o tres, comienzas a creer que es necesario.  Crees que es tu estilo de hablar y así es como vas a hablar siempre.  Crees que es tu manera de ejercer la libertad de habla.  Usas la libertad de habla para servir a tu impulso descontrolado de hablar.  En ese estado que has creado para ti mismo, es muy difícil cantar la gloria de Dios.  Cuando no hay control en tu habla, disminuyes el poder de tus virtudes.
 
El autocontrol no es contrario a la libertad de habla, sino que en realidad fortalece este gran poder.  El control embellece tu habla y hace que tus palabras sean todavía más apreciadas.  Como dice el verso del Proverbio: “aquel que restringe sus labios es prudente”.  El control honra a la persona que tiene la libertad de escoger las palabras y que posee control sobre su habla.  La palabra prudente posee muchas facetas brillantes y grados de significado.  Significa: sagaz, cauto, discreto, sensato, sensible, cuidadoso, frugal, astuto, perspicaz, ponderado, juicioso, inteligente, sabio.  Con estas cualidades puedes utilizar el poder del habla, la libertad de habla.
 
No puedes arriesgar estas excelentes características en nombre de la libertad de habla.  Debes comprender lo que realmente significa esta libertad.  Cuando estas virtudes gobiernan tu elección de palabras  y cuando tus palabras se emiten en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con la gente adecuada, entonces la libertad de habla alcanza su cenit.  Adquiere su auténtica gloria.  De esta forma glorificas la libertad de habla.  No debes usarla como una sirvienta.  Este poder es capaz de crear un mundo que puede transformar y elevar la conciencia de los demás.  Puede ofrecer una gran ayuda a la gente con la que te encuentras y aliviar un corazón lleno de pesar.  Con la pura libertad de habla puedes consolar realmente a aquellos que están tristes.  Y un habla así también renovará tu propia vida continuamente.   Al igual que el amor y el respeto deben ser renovados con cada amanecer,  el habla debe ser contemplada antes de que nazca bajo la forma de sílabas y palabras.    Experimentar este poder del habla es estar verdaderamente lleno de entusiasmo y cantar la gloria de Dios.
 
Cuando hablas sin contemplación, ¿a quién le sirve? A nadie en realidad.  Cuando usas las palabras como armas, ¿qué estás haciendo?  Estás lejos de cantar la gloria de Dios.  Cuando tus palabras están llenas de desdén y las esparces por doquier, la destrucción que causan es peor que una bomba atómica, la reacción dura por siempre.
 
Habla sabiamente o quédate en silencio.  Cuando se usa el silencio con discernimiento, es tan poderoso como el habla misma.  Cuando el habla se usa con buen juicio, es tan fuerte como el silencio.  A veces cuando la gente habla sientes que estás en el seno del silencio.  Te sientes muy en paz contigo mismo y de hecho, buscas su compañía.  Sus palabras están tan llenas de néctar que cuando hablan quieres estar en su compañía.
 
Siempre puedes reconocer el buen o mal carácter de una persona por la forma en que emplea el  lenguaje.  El poder de las palabras es tan grande que pueden alumbrar las nubes más obscuras y revelar la magnificencia del sol dorado.  El habla puede infundir dulce esperanza en el corazón de la humanidad o puede crear un sentimiento de fatalidad inminente que haga desaparecer toda esperanza y valentía.  Siendo este el caso, comienzas a percibir lo delicada que es realmente la libertad de habla.  Es hermosa, es fuerte, es maravillosa, es benevolente y al mismo tiempo, al igual que una flor, es muy delicada.
 
La propia naturaleza de Dios es libertad.  Por tanto, experimentar libertad es experimentar a Dios.  Y dejar que tus palabras fluyan libremente desde el nivel más profundo de tu ser es cantar la gloria de Dios.
 
Si puedes usar la libertad de habla de esta forma, entonces has honrado la libertad.  Al honrar la libertad de habla, estás honrando todos los tipos de libertad a los que tienes derecho.  Y puedes disfrutar de la experiencia de la libertad.  Puedes hablar sin tener que morderte la lengua.  En lugar de eso, puedes usar la lengua para degustar la buena comida que esta tierra provee para nutrir tu ser y tu vida, y puedes decir palabras auténticas desde el nivel más profundo de tu ser.


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