Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

23 enero 2015

El perdón

Un día, San Francisco trabajaba en el jardín cavando la tierra y arrancando las malas hierbas.  Lo hacía con gran vigor.  Estaba muy concentrado.  Alguien cercano le preguntó qué haría su supiera que iba a morir esa misma tarde.  Él contestó: "terminaría de limpiar mi jardín con el azadón".  San Francisco tenía un corazón ligero, totalmente libre y en paz.

Cuando no guardas rencores dentro de ti, cuando no te aferras a la irritación por el comportamiento de otras personas, cuando no acumulas frustración por situaciones que salen de tu control, entonces experimentas ligereza.  La tranquilidad fluye por tu organismo.  No hay nada que la detenga, nada con que se enganche, nada que la obstruya.

¿Cuál es el poder benevolente que lava la mala voluntad y mantiene la santidad en el recinto del alma?  Es el perdón.  Así de sencillo.  A fin de tener entusiasmo y sentirte lo suficientemente libre para cantar la gloria de Dios, tu naturaleza necesita llenarse de la actitud, de la postura interior del perdón constante.  Mientras seas incapaz de perdonarte a ti mismo y a otros, no podrás reconocer el amor profundo que habita en el corazón.

Aquel que puede perdonar fácilmente es capaz de apreciar la belleza divina en todas partes.
Orar por el perdón del Señor es una forma de adoración que surge de manera natural en todo ser humano.  La gente quiere ser perdonada para seguir adelante, así que se vuelve hacia Aquel cuyo perdón es infalible.  La plegaria misma se convierte en la fuerza que purifica.  Lleva al devoto a lo profundo de su corazón, a lo profundo de su alma, donde encuentra una inmensa paz y la absolución de sus pecados y fallas.  Siente la gracia de Dios fluyendo por todo su ser y sabe, sin lugar a dudas, que su plegaria ha sido respondida.

En algún momento u otro, la mayoría de la gente se ha puesto de rodillas y se ha entregado completamente al Poder divino, se ha abierto totalmente ante Dios.  Cada devoto en el mundo sabe lo liberadora que es esta experiencia: entregarte al Señor con toda tu fuerza.  Eres tan absolutamente libre que puedes beber la ambrosía del corazón y vivir desde ese espacio de energía palpitante.  Lleno de entusiasmo en la presencia de Dios, eres capaz de apreciar la dulzura y la bondad que siempre te rodean.

La compasión de Dios es insondable, y aun así, de algún modo, la comprendemos.  Entendemos que su compasión puede erradicar los pecados más tenaces y oscuros.  La mano reconfortante de Dios puede calmar un corazón que arde; pero ¿y tú? ¿Eres tú capaz de perdonar? ¿Puedes tú perdonarte a ti mismo? ¿Eres capaz de perdonar a otros?  Las palabras "te perdono" ¿son suficientes? ¿Y tus pensamientos? ¿Y tus sentimientos?  ¿Te aferras secretamente a tus rencores y recuerdos, o los sueltas?  ¿Qué significa realmente perdonar?

Y aún si eres capaz de perdonar, ¿significa eso que la otra persona nunca te volverá a herir?  ¿Hay alguna garantía de que esa persona nunca volverá a aprovecharse de ti?  ¿Significa eso que debes presentarte como una víctima y vivir para siempre de esa manera?

Cuando realmente examinas tu corazón, comienzas a vivir desde un lugar que es sagrado y muy grato a Dios.  Ese lugar tiene que ser protegido en todo momento.  A menudo, la gente dice que después de cantar el nombre de Dios o después de meditar, su corazón está abierto y se siente vulnerable.  Es importante que protejas esta apertura del corazón, que protejas la santidad de tu propio corazón.  No quieras cerrarlo solo porque crees que el mundo es perverso.  Si cierras tu corazón te privas de beber la ambrosía, de experimentar el éxtasis de Dios.  Por eso la apertura del corazón debe ser protegida.  Para ser clemente debes ser también muy fuerte, debes ser capaz de mantenerte firme en tus verdaderas creencias.

Cuando ofreces un perdón puro, esto no sustituye la necesidad de que el arrepentimiento surja en el corazón de la otra persona.  El mero hecho de que seas capaz de perdonar a alguien, no lo exime de sus necesidad de enfrentarse a sus malas acciones. Cada persona debe hacer su propio trabajo interior.  El perdón no es echar una manta abrigadora por encima de alguien y decirle: "está bien.  De veras, está bien". No.  Cada persona tiene que pasar por el fuego del arrepentimiento.

El arrepentimiento es una contemplación profunda.  Es entrar en el lugar sagrado de tu propia alma, adentrarte en las profundidades de tu interior donde nadie más tiene acceso, sino tú y Dios.  Hay un lugar dentro de ti que es puro, sagrado y tranquilo.  Solo tú y Dios pueden ir allí, y nadie más tiene acceso al recinto más interno de tu alma.  Si tu perdón impide o frustra el arrepentimiento de la otra persona, su contemplación profunda, entonces no es un perdón puro.  Es complicidad.  Desde luego, aquel que perdona debe abandonar algo: el sentimiento de ser la víctima de la persona que ha hecho algo perjudicial.

Para perdonar necesitas tener la valentía de examinar tus pensamientos, sentimientos y acciones, y las consecuencias que producen.  Después, debes tomar la firme resolución de superarlos: no cegándote ni aferrándote a ellos.  Necesitas tener el poder para soltarlos: se los entregas a Dios.  Así que el perdón no reemplaza al arrepentimiento, ni solo enjuga las lágrimas.  Mejor dicho, sin el regalo del perdón, el arrepentimiento no está completo.

El modo de recibir el perdón es aceptarlo como un momento crucial en tu vida.  Debe darte un giro y colocarte en un camino mejor.  Sólo entonces habrás aceptado en verdad el perdón, solo entonces habrás otorgado en verdad tu perdón.  El perdón verdadero abre el camino de la luz.  Te lleva más cerca de Dios, de tu propio corazón.

Recuerda, no puedes realmente perdonar a alguien y seguir aferrándote a las memorias de viejos rencores.  ¿Por qué?  Porque una hermosa alquimia ocurre dentro de aquel que perdona, y también dentro del que es perdonado.  Tan pronto como perdonas, los rencores se disuelven.   Una vez que perdonas, en verdad se produce una gran alquimia dentro de ti y te sientes muy libre y muy bien.  Te abres a la gracias, y la gracia llega a raudales a tu vida.

Swami Chidvilasananda
(Entusiasmo)

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