Una serendipia es ...

Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado. Así que espero que lo que aquí encuentres sea afortunado y útil para tu crecimiento, además que sea inesperado pues siempre se recibe todo gratamente cuando no tienes expectativas.

14 septiembre 2011

Los perros y los hombres

Se cuenta que el jeque Badruddin, el gran pintor, contó que cierto día el director de la escuela y él paseaban con Maulana, y éste les dijo que en realidad prefería pasear en solitario, pues estaba cansado de los saludos y de las manifestaciones de respeto que le dirigían las personas por todas partes, y prefería estar solo.  Siguió caminando solo un rato, hasta que vio un grupo de perros en el arenal que está en las proximidades de la ciudad; y cuando el director se acercó a Maulana, le señaló la paz y el sosiego que reinaba en el grupo de perros, que reposaban tomando el sol.
- Mira esos perros, qué unidos están y con cuánta amistad se tratan.  ¿Y nosotros, los seres humanos?

Maulana reflexionó un poco y respondió:
- En verdad, así es:  estos perros están ahora en calma y en paz; pero si arrojas un hueso entre ellos verás alterarse la unidad de la que hablas.  Lo mismo sucede a la humanidad -siguió diciendo Maulana-.  Los hombres son grandes amigos, siempre que exista desapego entre dos personas y no intervenga entre ellas  la ganancia de las cosas materiales; pero si arrojas entre ellos la codicia del mundo, verás como se altera la paz y cómo se pelean con más saña que los perros.

Solo los que dan poca importancia a las cuestiones pasajeras de lo material y de las posesiones,  que han de "morir y perecer", pueden hacer una vida tranquila y en paz.


Idries Shah
(Los cien cuentos de la sabiduría sufí)

13 septiembre 2011

Una calida sonrisa

Un alto ejecutivo de empresa que hacía olas en la industria de la informática estaba en un viaje de negocios en Tokio. Siempre era muy humilde y compartía todos sus éxitos con sus empleados. Al finalizar todas sus reuniones, se dirigió a un centro comercial para comprarles chocolates y regalos a sus empleados en su país.

Al entrar en el centro comercial, una diminuta dama le regaló una cálida sonrisa y le dio la bienvenida; esto lo tocó mucho y se sintió bien, no pudiendo olvidar la calidez en su sonrisa. Él se fijaba en ella mientras compraba; ella daba la misma sonrisa a todos los clientes que entraban al centro comercial. El ejecutivo comenzó a preguntarse si alguna vez se sentiría ella cansada de hacer lo mismo una y otra vez, así que se encaminó hacia ella y le preguntó:
"- Mi querida dama, ¿no está Ud. cansada de hacer este trabajo y cuánto tiempo ha estado haciéndolo?"
La dama sonrió y dijo:
"-No, señor, yo he estado trabajando aquí por los últimos 10 años y me gusta mi trabajo."

El ejecutivo quedó anonadado y preguntó:
"¿Cómo es que ha estado haciendo esto por 10 años y por qué le gusta su trabajo?"

La dama sonrió de nuevo y dijo: -"Señor, es porque así sirvo a mi país."

Esto le pareció un tanto divertido al ejecutivo. Él dijo: "¿Sirves a tu país sonriendo?"

La diminuta dama dijo:
-"Sí, señor, yo sonrío y todos los clientes que llegan al centro se sienten felices y relajados. Compran más, mi jefe está feliz y me paga más. Y como me paga más, puedo atender a mi familia. Y ya que puedo atender a mi familia, ellos están felices. Cuando los clientes nos compran, la demanda por los productos aumenta y, al hacerlo, hay más fábricas. Y cuando hay más fábricas, hay más empleos. Y cuando hay más empleos, la gente en el país está feliz.

Como la mayoría de nuestros clientes son extranjeros, hay entrada de divisas. Ya que hay entrada de divisas, nuestro país tiene mucho dinero y se vuelve más rico cada día. Y gente como Ud., contenta con nuestro servicio, visita nuestro país más a menudo y, a veces, también le contará a su familia y amigos. Mi país consigue más visitantes, más dinero, más empleos y más gente feliz. Así es como sirvo a mi país."

Como el alto ejecutivo en Japón a mí también me hubiera parecido simpático que alguien pensara que servía a su familia, su empresa y su país sonriendo. Alguno diría que es hasta ingenuo pensar así. Pero como esa servidora hay miles de personas alrededor del mundo haciendo la diferencia con actitudes positivas que trascienden la pequeñez de la tarea, la sencillez de los pequeños actos de amor. La excelencia se alcanza a través de pequeños actos de dedicación disciplinada hacia el prójimo.

Hay algo sencillamente extraordinario en la capacidad humana de sonreír a pesar de las circunstancias, y dar aunque sea una sonrisa cuando ya materialmente no se tiene nada más. Sin embargo, hay quienes no pueden sonreír ante la prueba irrefutable del poder de Dios cuando alguien ama incondicionalmente en los pequeños detalles diarios.

Hoy es un día para empezar de nuevo desarrollando las actitudes correctas. Permite que el amor de Dios fluya en ti, y da amor en todos los actos de tu vida, sin importar cuán pequeños te parezcan. Te sorprenderás de los resultados.

Hoy regala una sonrisa por su país

12 septiembre 2011

Un pequeño punto

Un grupo de discípulos le preguntó una vez a su maestro Zen: "¿De dónde viene el lado negativo de nuestra mente?"

El maestro se retiró un momento y enseguida regresó con un gigante lienzo en blanco. En medio del lienzo había un pequeño punto negro.

"¿Qué véis en este lienzo?" preguntó el maestro.
"Un pequeño punto," respondieron todos.

El maestro dijo: "Ese el origen de la mente negativa. Ninguno de vosotros ve la enorme extensión que lo rodea".

10 septiembre 2011

Documentos televisivos

He estado viendo algunos reportajes y documentales televisivos sobre unos ciertos políticos o algunos mitos de la canción y el deporte mundialmente famosos.

Esas caras lánguidas por la fascinación y el asombro de mujeres y hombre frente al ídolo del momento, esas palabras aduladoras y exaltadoras del orgullo nacional, mezclado con los intereses económicos y sociales de quienes apoyaban a su lucrativo y rentable ídolo y líder, daban pena y risa a la vez.

Vista a la distancia, toda aquella parafernalia de propaganda y celebraciones resulta histriónica y grotesca.
Casi todos los personajes triunfadores y triunfalistas de aquel tiempo que nos presentaba el documental han muerto o están reducidos a un estado triste de desvalimiento.

El orgullo y la vanidad humanos terminan siempre en un triste y grotesco dramatismo.

Aquello del documental se da en todos los países con sus propias y particulares características.
Personalidades de la política, del arte, de la cultura, de la religión son admiradas y veneradas en un tiempo y, poco después, caen en el más negro olvido.

Así es la vanidad humana.  "Vanidad de vanidades, y todo es vanidad".

Dario Lostado
(Despertar a la conciencia día a día)

09 septiembre 2011

No apegarse a las historias

Una mujer acudió al rabí lamentándose de que no podía concebir un hijo y pidiendo al rabí consejo y ayuda.
- Ah- dijo el rabí-, es muy difícil.  Pero ¿sabes?, a mi madre le ocurrió lo mismo.  Pasaron muchos años sin que pudiera concebir un hijo, de modo que fue a ver al gran rabí Bal Shem Tov.  Él solemante le hizo una pregunta: "¿Qué estás dispuesta a dar y qué estás dispuesta a hacer?".
Ella reflexionó acerca de ello.  Era una mujer pobre y no tenía muchas posesiones.  Finalmente, se encaminó a su casa y cogió su más valiosa posesión, el chal que había llevado en su boda, una herencia familiar que había pertenecido también a su madre y a su abuela.  Entonces regresó con él a ver al rabí.  Pero como era pobre, tuvo que regresar andando, y cuando al fin llegó, el rabí intinerante se había trasladado a otro pueblo.  Caminó durante seis semanas de un pueblo a otro, llegando en cada ocasión justo cuando Bal Shem Tov había partido.  Finalmente, le alcanzó.  Él acepto el regalo y se lo entregó a la sinagoga local.  Mi madre regresó caminando hasta su hogar - concluyó el rabí- y un año después concibió un hijo.

- ¡Qué maravilla!- gritó la mujer, verdaderamente aliviada-.  Tengo mi chal de boda en casa.  Te lo traeré, se lo das a la sinagoga ¡y seguro que concibo un hijo!

- Ah- dijo el rabí, sacudiendo tristemente la cabeza-.  Desgraciadamente, eso no te servirá.  La diferencia es que ahora tú has escuchado esta historia, mientras que mi madre no tenía historia alguna a la que ceñirse.

08 septiembre 2011

Amo a los niños

Y le presentaron unos niños para que pusiera sus manos sobre ellos, pero los discípulos comenzaron a refunfuñar. Viéndolo Jesús, se enojó y les dijo:
«Dejad que los niños vengan a Mí y no los estorbéis, porque de ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo, quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él». (Mt 10,13-15)
* *

Yo amo a los niños, dice Dios, y quiero que os parezcáis a ellos.
No me gustan los viejos, dice Dios, a no ser que sean niños todavía.
Y en mi reino no quiero más que niños, eso está decretado desde siempre.
Niños cheposos, niños retorcidos, niños arrugaditos, niños de barba blanca, todas las clases de niños que queráis, pero niños, sólo niños.
Y no hay que darle vueltas. Eso está decidido.
No tengo sitio para los mayores.
Yo amo a los niños, dice Dios, porque en ellos mi imagen no ha sido adulterada, ellos no han falseado mi semejanza, son nuevos, son puros, sin borrón, sin escoria.
Por eso cuando Yo me inclino sobre ellos dulcemente es como si me estuviera mirando en un espejo.
Amo a los niños porque aún están haciéndose, porque están aún formándose, van de camino, caminan.

Pero con los mayores, dice Dios, con los mayores ya no hay nada que hacer, ya no crecerán más, ni una gota, ni un palmo, ¡basta!, ¡patlaf!, se han estancado.
Es horrible, dice Dios, los mayores creen que ya han llegado.
A los niños grandes, dice Dios, sí los amo, aún están luchando, aún cometen pecados.
Bueno, a ver si me entendéis, no es que los ame porque los cometan, dice Dios, es porque saben que los cometen y se esfuerzan en no cometer más.
Pero a los «hombres serios», dice Dios, ¿cómo voy a amarlos?
Nunca hicieron mal a nadie, no tienen nada de qué arrepentirse, no puedo perdonarles nada, no tienen nada de que pedir perdón.
Es descorazonador, dice Dios. Descorazona porque no es verdad.
Pero sobre todo, dice Dios, sobre todo, los pequeños me gustan por sus ojos.
Es ahí donde Yo leo su edad.
Y en mi cielo — veréis — no habrá más que ojos de cinco años de edad. Porque yo no conozco cosa más bonita que una mirada inocente de niño.
Y no es extraño, dice Dios, porque Yo habito en ellos, y soy -Yo quien se asoma a las ventanas de sus almas.
Cuando en la vida os encontréis una mirada pura, soy Yo quien os sonríe a través de la materia.

En cambio, dice Dios, no hay cosa más horrible que unos ojos marchitos en un cuerpo de niño.
Las ventanas están abiertas y la casa vacía.
Quedan dos cuevas negras, pero dentro no hay luz.
Tienen pupilas, pero huyó la mirada.
Y Yo, triste, a la puerta, tengo frío, y espero, y golpeo, y me pongo nervioso por entrar.
Y el de dentro está solo: el niño.
Se endurece, se seca, se marchita, envejece.
¡Pobrecito!, dice Dios.

¡Aleluya, aleluya!, dice Dios. ¡Abríos bien, los viejos!
Es vuestro Dios, el siempre Resucitado, quien va a resucitar en vosotros al niño.
Daos prisa, es la ocasión, moveos. Estoy dispuesto a devolveros un hermoso rostro de niño, una hermosa mirada de niño.
Porque Yo amo a los niños, dice Dios, y quiero que os parezcáis a ellos.

Michel Quoist

Photo by Edith